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Mis dudas ¿confesables? sobre la gestación subrogada

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Todo lo que leo sobre gestación subrogada vuelve a partir el mundo en dos: en contra o a favor. Como si fuera tan sencillo. La gestación subrogada o por sustitución, tal y como lo nombra la Organización Mundial de la Salud, organismo que también lo considera una técnica de reproducción asistida, es juzgada como explotación por muchas compañeras y el tema nos lleva de vuelta al eterno debate, al más enconado de todos: la prostitución.

Si hablar de prostitución no es únicamente hablar de trata de mujeres, hablar de gestación subrogada no es únicamente hablar de explotación. Y decir esto no me sitúa a favor de la explotación, por si las moscas. No tengo claro si se puede estar en contra o a favor de la gestación subrogada en un sentido estricto porque no hay una única forma de gestar para otra persona ni una sola razón que te lleve a hacerlo.

Por partes: ¿qué puede mover a una mujer a gestar hijos e hijas de otras personas? Si lo hace por el dinero, las mujeres que asuman estos embarazos serán, sin duda, aquellas con menos posibilidades económicas. Esta idea no me gusta porque genera relaciones de poder de unas sobre otras y ya tenemos bastante poder sobre nuestros cuerpos.

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Hacia una pedagogía del consentimiento sexual

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Un momento del corto 'Je suis ordinaire'

Seguro que a estas alturas ya has visto o te han hablado del corto Je suis ordinaire ( Yo soy ordinaria) la propuesta de la actriz Chloe Fontaine que se ha hecho viral esta semana. En él vemos a la propia Fontaine que sale de la ducha y se mete a la cama con su novio. A él le apetece follar, a ella no. Él insiste. Ella se deja hacer. Él se queda satisfecho y relajado mientras ella muere de asco. No es para menos. Ha tenido que tener sexo sin que lo deseara, aunque no le han forzado físicamente.

Ha sido víctima de una agresión sexual. Una agresión sexual difícil de identificar como tal, pero que sucede muy a menudo entre parejas consolidadas. No la han violado como a Mónica Belucci en Irreversible, referencia nada casual que se hace en el corto. Incluso han hablado de amor.

Vivimos en una sociedad que naturaliza la violencia sexual contra las mujeres. Si hacemos el ejercicio de zappear cualquier día no es difícil encontrar secuencias en las que las mujeres son víctimas de agresiones físicas y sexuales. Identificamos estas vulneraciones de los cuerpos y los derechos humanos de las mujeres con golpes, hostias, fuerza bruta o agresiones físicas directas. Por eso se nos hace difícil y complicado identificar una relación sexual no consentida en el seno de la pareja, sin golpes, sin sangre, y que dura apenas un minuto.

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Nosotras paramos

Nosotras paramos / Emma Gascó

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Despertemos: hagamos caso a Berta Cáceres

Berta Zúñiga Cáceres

"De los ríos somos los custodios ancestrales el pueblo lenca, resguardados además por los espíritus de las niñas que nos enseñan que dar la vida de múltiples formas por la defensa de los ríos es dar la vida por la humanidad y por este planeta". Berta Cáceres pronunció estas palabras cuando recibió el Premio Goldman en 2015. Berta Cáceres dio su vida por los ríos, por la humanidad y por el planeta.  Berta Cáceres fue asesinada el 3 de marzo de 2016, por su lucha contra la construcción de la hidroeléctrica Agua Zarca en el río hondureño Gualcarque. El próximo viernes se cumple un año de su homicidio aún no resuelto pero que, paradójicamente, ha llenado de mucha vida. Berta Cáceres vive. Su voz, y su lucha, se ha multiplicado.

También vive el legado y la entrega en defensa del territorio, de la naturaleza y de los derechos humanos de Isidro Baldenegro ( Premio Goldman en 2005), Laura Vásquez, Juan Ontiveros y Sebastián Alonso, recientemente asesinados en otros puntos de América Latina. En tan solo los dos primeros meses de 2017, se han contabilizado 14 homicidios de activistas por los derechos humanos –siete en Colombia, dos en Guatemala, dos en México y tres en Nicaragua–, según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Este organismo recuerda constantemente que "es un deber de los Estados garantizar la seguridad de los grupos de defensoras y defensores en especial situación de riesgo y adoptar medidas específicas de protección adaptadas a sus necesidades, por ejemplo, a través de protocolos especializados".

Lamentablemente la impunidad es constante. A pesar de la contundente y extendida presión internacional, el asesinato de Berta Cáceres sigue sin resolverse. "La vergonzosa ausencia de una investigación efectiva para hallar a quienes ordenaron el brutal homicidio envía un aterrador mensaje a los cientos de personas que se atreven a manifestarse contra los poderosos", dice Amnistía Internacional.

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Santiaguarse la diversidad

El Jesús inclusivo y amoroso en el que cree el colectivo Betania

Hoy quiero confesarme... creo en la espiritualidad vivida desde la diversidad sexual. Y eso que porto una cruz que casi me planta en viacrucis: fui una jovenzuela religiosa que pegó la vuelta y colgó su fe en el gabán. Aquello que relataba aquel pastor del Señor no acababa de encajar con mi expresión de género y mi orientación sexual. Tampoco eran tiempos (en los comienzos del 2000) de internet ni de modernizar la interpretación de la religiosidad, así que tuve que abrazar otros dogmas que me reconciliasen con esas ansias de elevarme como persona.

Sería bastante hipócrita por nuestra parte que nos neguemos la impronta judeocristiana en nuestro desarrollo vital. El sacrificio, el amor desinteresado, la solidaridad... fueron proclamas del cristianismo que adoptamos en la sociedad laica. Perogrulladas, ¿no? Además, yo no soy ninguna doctora de la Iglesia ni de la espiritualidad como Santa Teresa, a la que tal vez convendría una lectura para desempolvarnos los prejuicios y aprender de la que fue una de las primeras feministas de las que se tiene registro –amén de algunos versos erótico-festivos nada desdeñables en esa imagen del corazón transverberado–.

Estamos perdiéndonos una parte muy importante de nuestra cultura y nuestro devenir si también ignoramos a Sor Juana Inés de la Cruz y sus versos en favor del acceso de la mujer a la cultura –ojo a la curiosa aunque desmerecida serie sobre ella en Netflix–, o de contemporáneas como Teresa Forcades.

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Este San Valentín... ¡regala mandarinas!

Estamos tan enamoradas de esta ilustración de Núria Frago...

Leire se fue a recorrer los Balcanes con su buena amiga, Marta. Poblaron sus redes sociales de fotografías, pequeños relatos y otras expresiones de la felicidad de esa aventura compartida. Una colega me preguntó si habían empezado a salir juntas. Curiosamente, es una colega muy crítica con el “parejismo” y el modelo único de amor romántico. No, no salen juntas.

“Pere es el hombre más guapo del mundo”, me dice Joan. Pere es su ex. Viven muy cerquita, viajan juntos y se quieren. La gente del pueblo siempre se pregunta si han vuelto juntos.

Carmen y Rosa tienen 40 años, son amigas y viven juntas desde hace años. Amparo tiene pareja pero no tiene intención de mudarse con ella. Cuando tiene un accidente, un disgusto o se pone enferma, tiende a llamar a Carmen.

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Pasear entre putas

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Resultado de la falta de experiencia de Andrea con el Photoshop con base de Google Maps

Amsterdam no existe en realidad. La ciudad, dicen, es el máximo exponente de lo que es capaz de hacer el ser humano. Construida sobre agua, la población ha aprendido a vivir en constante movimiento. Nada parece casual. Las casas están un poco inclinadas hacia delante para que los muebles no golpeen con la fachada cuando los suben por el exterior. Por esas escaleras tan estrechas, no caben grandes armatostes. En el tejado de casi todas las viviendas hay colgado un gancho, que utilizan para agarrar las poleas. A casas estrechas, grandes soluciones. Los impuestos aumentaban en función del ancho de la vivienda, así que construyeron hacia arriba.

Ciudad de mercaderes, la capital holandesa ofrece hoy a sus visitantes lo que ofrecía también a los primeros marineros que hicieron pie allí: un ocio en el que no cabe ningún juicio de valor. En una misma calle, justo detrás de la Iglesia Nueva –Oude Kerk–, de un vistazo, encuentras una tienda en la que venden trufas de setas alucinógenas, un coffee shop y mucha cerveza. Sólo unas calles más allá, el aderezo que faltaba para la gran fiesta: las mujeres. Ellas están en el Barrio Rojo. La mayoría no son holandesas, que pueden presumir de haber logrado una igualdad, al menos formal, aceptable si se compara con otros países europeos, y trabajan detrás de otros escaparates. En los que están iluminados con la característica luz roja, que antes era un código pero ahora es un souvenir, las mujeres son principalmente de América Latina y de Europa del Este. Muchos de los clientes sí son ciudadanos holandeses y pasean por las calles del barrio rodeados de turistas, que acuden a la zona por distintas razones.

Algunas personas visitan el barrio por curiosidad, por puro morbo, para darse codazos entre ellas luego y susurrar: "Look, look". Lo que ven son putas. Esas luces rojas causan sensación, pero esta es muy distinta según quién mire. En la calle principal del famoso Barrio Rojo, Oudezijds Achterburgwal, el sexo es el producto estrella y todo está diseñado para satisfacer los deseos de hombres heterosexuales. Puedes pagar dos euros por ver dos minutos de un espectáculo erótico a través de una mirilla; ver porno en vivo; o acostarte con una prostituta. La tarifa habitual es de 50 euros por un servicio de 20 minutos, que incluye coito y felación. Ellas pagan entre 80 y 90 euros por el alquiler diario de las cabinas, que habitualmente se gestiona a través de una especie de sindicato, que está situado en los aledaños de la iglesia del barrio. En Amsterdam, el pecado y el perdón; la marihuana y los dulces, conviven puerta a puerta. "Que no os falte de nada", podría ser el lema de la ciudad.

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El muro de Trump está hecho de complejos

Donald Trump Donald Trump firmó una orden ejecutiva para construir un muro en la frontera de México

Donald Trump firmó el pasado miércoles una orden ejecutiva para construir un muro en la frontera de México, cumpliendo con su promesa electoral. El presidente habla de la "protección" que los ciudadanos de Estados Unidos desean frente a la inmigración ilegal y la amenaza que para ellos representa. Pero no se trata de una amenaza a la seguridad o a la economía de los estadounidenses, como Trump señala. Los medios ya han corroborado que la inmigración ilegal de Estados Unidos no atenta de manera especial contra esos dos pilares. Se trata de otro tipo de amenaza mucho más aterradora. Es la amenaza del cambio.

Make America great again! Trump recupera el lema que Ronald Reagan usó en su campaña presidencial durante una crisis económica en los 80. El presidente apela al patriotismo de sus ciudadanos porque, según él y los que comparten sus ideas, América ya no es lo que era. La América poderosa e idílica, la América inalcanzable, la América hecha de sueños donde todo puede suceder y que todo el mundo desea habitar se hunde en sus propias aguas. El muro es la promesa del mito americano. Es el sueño de los nostálgicos. El muro reavivará la ficción de superioridad de una nación que ya no es great. Detrás del muro de Trump se esconde el miedo a soltar el mito.

Pero detrás del muro hay otras muchas cosas. Por eso, las intenciones del presidente han levantado la indignación, no solo entre sus vecinos mexicanos, sino en todo el mundo. El muro inviste de poder a los que lo construyen y a los que legítimamente pueden cruzarlo. El muro jerarquiza comunidades y la comunidad hegemónica es la que dibuja la frontera para separarse de la comunidad vecina.

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Atrapadas en el remolino de la edad

Ilustración de Emma Gascó para Pikara Magazine

Las estadísticas tienen un efecto hipnótico, semejante al de esos pequeños remolinos de agua que se forman en la superficie de grandes ríos. Según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), a 1 de julio de 2016, estaban censados en España cerca de 23 millones de hombres y más de 23,5 millones de mujeres. No es ninguna sorpresa que el número de mujeres sea ligeramente superior en los países de nuestro entorno y, en algunos, la diferencia es más notable que ligera. Por ejemplo: Letonia, Estonia y Hungría vienen a tener un a relación de 6 mujeres y 4 hombres. En algunos países africanos asolados por conflictos enconados, la escasez de varones indica su participación activa en esas guerras. Desolación.

¿Qué nos indican las cifras del INE? Desde su nacimiento, hasta los 28 años, los niños y jóvenes superan en número al otro sexo. No se trata de una gran diferencia, pero sí de una trayectoria de continuidad. Desde esa edad hasta un lustro después, los datos se invierten y son mayoría las "jóvenas", permítaseme el palabro. De los 34 a los 55, ellos vuelven a enseñorearse y recobrar esa mayor presencia. Y ahí se acaba la racha. A partir de los 51 años de edad, ellos van extinguiéndose implacablemente, al igual que ellas, claro, pero comienza el aumento porcentual de las mujeres. Además, la esperanza de vida es cinco años mayor para ellas ─85,6 años─ que para los hombres ─80,1─.

Y si tomamos como referencia ese límite que marca la media de edad, podemos darnos cuenta de que en el momento de cumplir tanto ellas como ellos los 80 años, las mujeres mayores son el 58,3% de la población; al celebrar el 85 cumpleaños, ellas se sentirán mucho más solas: son ya el 62,2% de la población. El mundo de la tercera edad es, sobre todo, femenino.

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Derribando armarios de paja y de hormigón

Ilustración

Carla Antonelli se tuvo que marchar de su pueblo, Güímar (Tenerife), en 1977 porque "en aquellos momentos se hacía impensable que una persona transexual pudiera desarrollar su identidad de género en un entorno rural"; tal cual lo recoge la Wikipedia. No volvió hasta 2009. La ahora diputada por el PSOE en la Asamblea de Madrid, primera mujer trans con un cargo de representación parlamentaria en el Estado español, recuerda que "sigue existiendo lgtbifobia en el entorno rural". De hecho, se podría hablar de ‘sexilio’, un término que explica la migración del campo a la ciudad de muchas personas debido a su identidad de género o de sexo. ¿Existe lgtbifobia en las ciudades? sería la pregunta obligada. La cuestión, por supuesto, no es cerrada.

Para abordar el tabú de ser persona lgtbi en un entorno rural, en el laboratorio de periodismo de Pikara, #PikaraLab, hemos creado el especial ‘Armarios de paja’. Porque Óliver, por ejemplo, cree que aunque en el pueblo no seas una persona anónima, y por tanto tu identidad de género o de sexo tampoco lo sea, en la ciudad las agresoras también pasan tan desapercibidas, como les ocurre a lesbianas, gays, transexuales, bisexuales o intersexuales. "Si me agreden en mi pueblo sé quién es y le voy a señalar", sostiene y defiende.

Las experiencias son múltiples, diversas, nunca unánimes, llenas de matices, peros y condicionantes. Son tantas como personas, como vidas. Sagrario es de Extremadura, como Óliver, y recuerda que no se puede comparar la situación de las lesbianas con la de los gais. Ellas sufren una doble o tal vez triple discriminación: mujer, lesbiana y de pueblo.

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