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Activismo y voluntariado, el tejido que sostiene a los refugiados en Atenas

Activismo y voluntariado, el tejido que sostiene a los refugiados en Atenas

EFE

Atenas —

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Dos años después del inicio de la crisis humanitaria por la que millones de personas se han visto desplazadas de sus países huyendo de conflictos o la pobreza, el activismo autogestionado -con un nutrido número de españoles- se mantiene en Grecia como una de las principales ayudas a los refugiados.

La ONU conmemora hoy el Día Mundial del Refugiado y en el país heleno, según datos oficiales, se concentran más de 62.000 personas con esta condición. Muchos llegaron con la esperanza de ir a otros países, pero con las fronteras con los países colindantes cerradas, solo pueden esperar a que se resuelvan sus solicitudes de asilo.

Tras el colapso de los primeros meses en las islas griegas -en cuyos campos se concentra la mayoría de refugiados en Grecia- y las calles de Atenas, el tejido de ayuda a los refugiados en la capital griega se ha ido nutriendo de centros ocupados, autogestionados y funcionando a partir de donaciones y de voluntarios griegos y foráneos, de los que hay un destacable número de españoles.

“Hubo personas refugiadas que me preguntaban ¿en España os dan algo, algún tipo de ayuda por venir aquí?”, cuenta Elisa Coll, una activista de 25 años.

La mayoría de los voluntarios acuden de forma independiente, sin afiliación a ningún colectivo o asociación y con la sencilla idea de ayudar. “Lo más útil es formarse sobre proyectos antes de ir”, afirma Elisa, que recomienda ir en persona a los diferentes centros y ofrecer ayuda. “Es muy difícil ponerse en contacto con ellos por internet porque la situación cambia constantemente”, explica.

Eso hizo ella, que acabó así desarrollando diferentes programas con los niños del City Plaza, un hotel ateniense -construido para los Juegos Olímpicos de 2004, abandonado desde 2009 y ocupado en 2016- que hoy aloja a 400 personas refugiadas, la mitad de ellas niños.

Recuerda que el primer día cometió “el error occidental” de ir con la convicción de que “enseguida” se haría con las niñas y los niños. “Tenía experiencia en España y pensé que esto sería igual”, cuenta. Así, recomienda cautela y humildad, “aquí lo importante no es que tú te sientas realizada, lo importante es que ellos estén mejor de lo que están”, con programas que “les den un horario” o “promuevan la actividad física”, explica.

Otros acaban ayudando sin habérselo planteado, como en el caso de David, un estudiante Erasmus de Bellas Artes de Granada que ha pasado un “Erasmus atípico”, ayudando en varios centros ocupados de Atenas. “Viendo que un país tan pobre como Grecia estaba ayudando de la manera que lo estaba haciendo, decidí que yo también podía poner mi granito de arena”, argumenta.

“Los voluntarios y los activistas son el tejido que mantiene a los refugiados en Atenas, son los que aportan energía fresca”, explica Fernando, un leonés de 22 años que ha organizado junto a otros activistas una casa ocupada en la que conviven 15 personas, entre voluntarios, activistas y refugiados.

La ayuda española llega de muchas formas y lugares de origen, pero coincide en que es promovida por particulares.

Un ejemplo es la iniciativa Paso a Paso (Pausuz Pausu), desarrollada por el vizcaíno Alfredo Zorera, que acabó recogiendo miles de pares de zapatos de invierno para los campos de refugiados en el sur de Grecia.

“Me informé y vi que necesitaban calzado”, cuenta Alfredo. Tras hacer algunos carteles y difundir la idea por redes sociales, “en unos días estaban llegando palés de todas partes de España”, cuenta. Pagó el envío de su bolsillo. “El dinero mejor invertido”, sentencia.

Para muchos, su trabajo en Atenas supone el inicio de nuevos proyectos de ayuda a refugiados. Es el caso de Eva Serós, una psicóloga zaragozana que se trasladó a Atenas para destinar unos donativos.

Cuenta que ver de cerca la situación de los refugiados en Atenas la motivó a quedarse “indefinidamente” para continuar ayudando. “Rehabilitamos la terraza del Hotel Oniro, pintamos un mural colectivo en la misma terraza y además, personalmente, trabajé como psicóloga de emergencia”, narra.

Así conoció a otro voluntario, Jose Márner, un valenciano que trabajaba con el equipo de Infopoint, facilitando recursos legales y sanitarios a los refugiados. Juntos, decidieron crear Refugeless (Sin Refugio), un proyecto “audiovisual y humanitario” con el que están conectando a los miembros de familias refugiados en distintos países de Europa y documentando sus experiencias.

¿Un consejo antes de ir? Muchos coinciden en una sencilla máxima: hablar y preguntar a otros activistas que llevan un tiempo en Grecia. “La idea que se tiene en España de lo que sucede aquí es muy distinta de lo que encuentras”, avisa el leonés Fernando. Irene Gómez Iglesias

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