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Alfonso Lara "embellece la pobreza" en teatro con "El divorcio de Fígaro"

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Alfonso Lara "embellece la pobreza" en teatro con "El divorcio de Fígaro"

Alfonso Lara "embellece la pobreza" en teatro con "El divorcio de Fígaro"

El pícaro barbero de Sevilla vuelve a las tablas españolas de la mano de Alfonso Lara, que adapta la particular versión del escritor Ödön von Horváth "El divorcio de Fígaro"; una obra que aúna lo triste con la ternura y "embellece la pobreza" y se estrena mañana en el teatro Fernán Gómez.

"Horváth quería hablar de sí mismo y de los tiempos que le tocaron vivir a través de estos arquetipos aparentemente frívolos", ha declarado hoy en la presentación Lara, que no solo dirige y adapta el texto original, sino que además encarna al célebre afeitador acompañado por Micaela Quesada, Juan Antonio Molina, Manuel Brun, Inma Isla, David Sánchez y Raquel Guerrero.

En "El divorcio de Fígaro" el rapador y su esposa abandonan a los Condes de Almaviva, que han tenido que huir de la revolución, y tratan de establecerse como pequeños burgueses en Villa Gran Disputa, mientras sus antiguos amos conocen una penuria y una pobreza errante bien alejada de su habitual estilo de vida.

La puesta en escena evoca parte de la estética de los años treinta y tiene toques del mundo del circo, "un espectáculo emigrante y mestizo como los protagonistas", explica Lara, para una obra que incluye transiciones inspiradas en textos de Robert Walser y que equipara el sillón de barbero al trono de la Revolución: "El que se sienta se corrompe", sentencia el director.

La obra llega subtitulada según una frase de la condesa de Almaviva, "En el infierno solo hay bosques", según una peculiar obsesión que acompañó a Horváth hasta su muerte, día en el que una tormenta provocó que una rama le cayera en la cabeza cuando se dirigía a una cita con el director Robert Siodmak.

El director también ha apuntado que este autor olvidado en España, "sin el que Haneke o Fassbinder no serían posibles", dotó a los personajes originales de Beaumarchais de un humanismo con el que se identifica plenamente, que situaba en un punto equidistante el desprecio que ambos bandos sentían por las personas: "Decía que los nobles son corruptos hoy, los revolucionarios lo serán mañana".

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