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Altamira, una puerta entreabierta... doce años más tarde

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Altamira volverá a recibir visitas de forma experimental tras doce años

Altamira volverá a recibir visitas de forma experimental tras doce años

Es posible que, cuando los moradores de Altamira cubrieron las paredes de esta cueva con su arte, lo hicieran para comunicar algo. Pero lo que es probable es que ninguno de ellos vislumbrara siquiera la expectación y el interés que estos dibujos generan 35.000 años después.

Altamira, declarada patrimonio de la Unesco en 1985, encierra en sus entrañas 20.000 años de arte, y de ahí la fascinación que ejerce sobre científicos y el público en general, el cual, por fin, tras doce años, podrá acceder a su interior, en visitas muy controladas, regladas y experimentales.

Los elegidos, nunca mejor dicho, saldrán de un sorteo, y será pues el puro azar el que señale a quienes, voluntariamente, quieran prestarse a la ciencia para que los expertos evalúen el impacto que deja en Altamira ocho meses de visitas semanales en grupos de cinco personas.

El Museo, en el que ahora se ve una réplica de las pinturas originales, ocupa los primeros puestos de visitantes en la red estatal.

Durante el año, y sobre todo en verano, miles de personas se acercan a la cavidad, con largas colas de autobuses y coches, para ver unas obras de arte que son de las primeras realizadas por la mano del hombre.

Nadie duda, por eso, de que Altamira es un motor económico para toda Cantabria y para la comarca de Santillana del Mar, un bello pueblo cántabro eminentemente turístico.

Esta circunstancia justifica en parte el anhelo de la región por mostrar al mundo uno de sus mayores tesoros: unas pinturas cuya fama, especialmente de los bisontes, no ha hecho más que crecer hasta atraer 100.000 visitas anuales ya en la década de los años sesenta (actualmente, ronda las 250.000).

De las ganas de los cántabros por abrir de par en par Altamira dan idea declaraciones públicas como la que en 2010 hizo el anterior jefe del Gobierno regional, Miguel Ángel Revilla, que dijo entonces que pensaba invitar al presidente de Estados Unidos, Barack Obama, para que fuera de los primeros en visitar la gruta.

Pero la cautela se impone. Lo principal es la conservación y, precisamente para testar la reacción de la cueva ante la presencia humana, nuevas generaciones van a poder contemplar el esplendor de unos dibujos perfilados a base de pigmentos rojos de óxido de hierro y carbón vegetal.

La pelota de la reapertura de Altamira sigue, por tanto, en el alero de los científicos, en el complejo equilibrio entre los defensores a ultranza de la conservación y quienes creen que no hay que resignarse a tener un tesoro oculto durante décadas.

Pero la discusión es intrínseca a la historia de Altamira, que tiene tintes de leyenda desde el origen, cuando fue descubierta en 1879 por Marcelino Sanz de Sautuola y su hija María.

Marcelino Sanz de Sautuola murió sin el reconocimiento del valor de este hallazgo por la comunidad científica y, de hecho, no fue hasta después de su fallecimiento cuando el francés Cartailhac, la bestia negra de Altamira, escribió su artículo de rectificación: "La cueva de Altamira. Mea culpa de un escéptico".

Pero el menosprecio inicial se ha visto superado con creces, hasta el punto de que actualmente la cueva cántabra es un icono no sólo cultural, sino también turístico, y la Capilla Sixtina debería considerarse como una especie de Altamira del Renacimiento.

La preservación es un tema viejo para Altamira, que también estuvo cerrada de 1977 a 1982. De hecho, su descubridor, Marcelino Sanz de Sautuola, fue el primero en preocuparse por esta cuestión y colocó de su bolsillo una puerta para proteger las pinturas. Pilar Palazuelos.

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