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40 Años después, la revuelta estudiantil sigue viva en las calles de Grecia

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40 Años después, la revuelta estudiantil sigue viva en las calles de Grecia

40 Años después, la revuelta estudiantil sigue viva en las calles de Grecia

Cuando se cumplen 40 años de la revuelta estudiantil de la Universidad Politécnica de Atenas que precipitó el fin de la Dictadura de los Coroneles, su legado sigue vigente en las calles de Grecia en un momento en que el país atraviesa serios problemas económicos y sociales.

A las tres de la madrugada del 17 de noviembre de 1973 el primer tanque de combate del ejército griego arrolla la puerta principal de la Universidad Politécnica.

En el interior, miles de estudiantes, algunos de ellos subidos a la verja de hierro, claman consignas contra la Junta de los Coroneles, que en ese preciso instante viola el asilo universitario para sofocar la revuelta estudiantil.

La ocupación del Politécnico empezó el 15 de noviembre. A medida que pasaban las horas, el edificio de la calle Patision se convirtió en el centro de reunión de miles de estudiantes llegados de otras facultades de la ciudad y de otros miles de obreros que querían mostrar su rechazo al régimen militar.

La revuelta tenía que conocerse más allá de los muros del Politécnico, por lo que un grupo de estudiantes creó una emisora de radio independiente para llamar a la insurrección de los atenienses.

Dimitris Papajristos fue una de las voces de la emisora del Politécnico: "Nuestra radio fue la primera voz libre en seis años. No teníamos armas, pero la radio era el grito de todos, y cada palabra era un disparo contra la dictadura", recuerda en declaraciones a Efe el entonces estudiante de Economía.

Un grupo de alumnos de un colegio técnico transformó un pequeño receptor en una emisora que se podía captar en casi todo el país.

Desde sus micrófonos se repetían los eslóganes "Pan, educación, libertad" y "Abajo la Junta" que no dejaban de escucharse en las calles desde que el 14 de noviembre los estudiantes dejaron de acudir a clase en protesta por lo que había empezado con el fraude en las elecciones estudiantiles.

El 16 de noviembre miles de personas ocupaban las calles de Atenas y la Junta militar ordenó la salida de tres tanques, que esa misma noche entraron en la Universidad, mientras la radio del Politécnico animaba a los estudiantes a no rendirse y llamaba a los soldados a la desobediencia.

"Al principio, el ejército negoció con los representantes de los estudiantes, pero cuando entraron había estudiantes subidos a la barandilla y el tanque los atropelló", relata a Efe Thanasi Kanelópulos, que formaba parte del comité de obreros que se unió a la ocupación.

Otro de los estudiantes que se encontraba en el interior del Politécnico era Yorgos Skianis, que tras ser desmovilizado del ejército decidió unirse a sus compañeros.

"Llegaron los soldados, que nos amenazaron con sus armas y nos obligaron a salir del edificio, donde nos esperaban más policías. Empezamos a correr y oímos gritos y disparos, sin saber si esos tiros eran al aire o disparaban a matar", explica Skianis durante una entrevista con Efe.

"Teníamos miedo", recuerda Papajristos, "pero el miedo lo compartíamos entre todos".

Aunque el recuento oficial fue de 23 muertos, se desconoce que ocurrió con otras 32 personas cuyos nombres figuraban en la lista inicial de fallecidos tras la actuación de los militares y de los disparos que francotiradores de la policía realizaron desde terrazas próximas a la Universidad.

Cuarenta años después, el legado de la ocupación del Politécnico se hace presente en las manifestaciones actuales, donde se escuchan de nuevo los eslóganes de "Pan, educación, libertad" y "La revuelta del Politécnico no acabó en 1973".

Y en un momento en que los servicios básicos helenos se ven afectados por numerosos recortes, al grito de "Abajo la Junta" se compara al Gobierno de Andonis Samarás con la Junta de los Coroneles, al considerar que impone estas duras medidas siguiendo el dictado de la troika y sin consultar con la sociedad.

Papajristos asegura que la herencia que dejó la revuelta estudiantil es la de hacer creer a los jóvenes que es posible lograr cambios profundos en el sistema político: "Dejamos a las nuevas generaciones la idea de la insurrección, la autogestión y la democracia, el creer en lo imposible y luchar para hacerlo posible".

En la actualidad, una lucha diferente continua entre las paredes del Politécnico, que junto con la Universidad de Atenas, mantiene una huelga, desde hace más de dos meses, para protestar contra los despidos de trabajadores públicos.

Por Remei Calabuig y Yannis Chryssoverghis

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