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Australia continúa en el limbo político tras unos comicios sin claro vencedor

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Australia continúa en el limbo político tras unos comicios sin claro vencedor

Australia continúa en el limbo político tras unos comicios sin claro vencedor

Australia continúa hoy en el limbo político, después de que las elecciones del sábado no dieran un claro ganador, aunque el opositor Partido Laborista lleva una ligera ventaja, según los datos preliminares oficiales.

El portal de la Comisión Electoral Australiana concede 71 escaños al Partido Laborista y 67 a la coalición Liberal-Nacional, de los 150 de la Cámara baja del Parlamento, además de otros cinco asientos a formaciones minoritarias e independientes.

Ninguno de los partidos se acerca a los 76 escaños necesarios para alcanzar la mayoría en el Congreso, que nombra el Gobierno.

Tanto la coalición Liberal-Nacional del primer ministro, Malcolm Turnbull, como el líder opositor, Bill Shorten, han iniciado contactos con los partidos minoritarios con vistas a formar una alianza que les permita llegar al poder.

La Comisión Electoral ha advertido de que los resultados pueden demorarse hasta la semana que viene o incluso un mes, debido al complejo sistema de recuento australiano.

Antony Green, reconocido analista electoral de la cadena local ABC, opinó que los datos del portal oficial no son correctos y que, según sus cálculos, la coalición tiene 68 escaños, 67 corresponden a los laboristas y cinco a las formaciones minoritarias e independientes, al tiempo que otros diez asientos están en duda.

Turnbull ha recibido muchas críticas por la pérdida de escaños en la Cámara Baja, donde la coalición gubernamental obtuvo 90 en los comicios de 2013.

Shorten tachó al primer ministro de ser "el David Cameron del hemisferio sur" y lo acusó de haber desestabilizado al país con la reforma en el sistema para elegir a los candidatos del Senado, lo que permitirá la entrada en el Hemiciclo de Pauline Hanson, la líder del partido Una Nación conocida por su retórica contra la inmigración, especialmente de asiáticos y musulmanes.

"¿Al señor Turnbull no se le ocurrió que la reforma podría terminar con la entrada de dos o tres senadores de Una Nación en el Senado?. Es una farsa. El señor Turnbull no sabe lo que hace. Francamente, debería renunciar", afirmó Shorten.

A estas condenas se suman otras provenientes de sus socios del Partido Liberal, ya que el senador liberal Cory Bernardi exigió a Turnbull que analice "su contribución al desastre".

Bernardi relacionó la pérdida de votos con la sustitución de Tony Abbott, antiguo primer ministro y exlíder del Partido Liberal, por Turnbull a mitad del mandato en 2015.

Por su parte, el fiscal general, George Brandis, se mostró "bastante confiado" en que la coalición podrá gobernar en mayoría y remarcó que Turnbull no debería ser culpado por el fracaso electoral de la coalición.

Aunque Turnbull sobreviva esta tormenta política, la politóloga Carol Johnson, de la Universidad de Adelaide, considera que "su liderazgo está bajo una fuerte amenaza".

"Él prometió la estabilidad en tiempos económicos inciertos, pero no fue capaz de brindar estabilidad en el Parlamento", anotó Johnson en la revista digital The Conversation, al recordar el aumento de los votos a favor de independientes y partidos minoritarios.

Las agencias calificadoras Moody's y Fitch Rating alertaron al futuro Gobierno de Australia sobre el riesgo de perder la máxima calificación crediticia (AAA) si no se repara el déficit presupuestario.

"Moody's espera que la consolidación fiscal se mantenga como una política clave del nuevo Gobierno, cuando éste sea formado", dijo Marie Diron, vicepresidente de la agencia en declaraciones citadas por el diario The Australian Financial Review.

Mervyn Tang, director de Fitch en Asia-Pacífico, afirmó que su grupo evaluará "la capacidad del gobierno de gestionar las finanzas pública prudentemente después de los resultados electorales, además de su flexibilidad en la respuesta a la volatilidad del ambiente económico global".

Australia proyecta un déficit de unos 29.878 millones de dólares (26.831 millones de euros) para el año fiscal 2016-17 y tanto Gobierno como oposición consideran que no podrán retornar a un superávit presupuestario hasta el año 2020-21.

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