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Barreras para contener una catástrofe ecológica, el vertedero de Uled Fayet

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Barreras para contener una catástrofe ecológica, el vertedero de Uled Fayet

Barreras para contener una catástrofe ecológica, el vertedero de Uled Fayet

El vertedero de Uled Fayet, situado apenas a un kilómetro de las últimas casas de la población que le da su nombre, se levanta como un volcán de basura activo, con columnas de humo que emergen de sus costados y pútridos ríos de lixiviados que desembocan en los caudales del valle que lo rodea.

Sin redes de desgasificación ni de tratamiento de los líquidos resultantes de la degradación de los residuos o del agua que se filtra a través de la basura (lixiviados), hace años que Uled Fayet se convirtió en una "catástrofe ecológica", como reconoció recientemente el ministro argelino de Medioambiente, Amara Benyunes.

Sin embargo, esta imponente y contaminante montaña de desechos que se levanta a unos 15 kilómetros al suroeste de Argel y en la que cientos de personas compiten por las toneladas de basura que la alimentan cada día, tiene los días contados.

La empresa española Impulsa junto a la argelina Amenhyd serán las encargadas de levantar en los próximos 20 meses las barreras necesarias para contener esta "catástrofe".

"El trabajo que vamos a realizar consiste básicamente en hacer el cierre y el sellado del vertedero como primera medida de gestión medioambiental", aseguró a Efe el director de Impulsa en Argelia, Ángel Luis Mora Ávila, durante una visita al basurero.

Mora Ávila explicó que Impulsa también llevará a cabo "la instalación de toda la red para la canalización del biogás y la instalación y gestión de la red de lixiviados, para controlar todos los vertidos medioambientales, tanto los atmosféricos como los que van al subsuelo".

La red de desgasificación para la combustión del gas tendrá una capacidad de 3.000 metros cúbicos por hora y la planta de tratamiento de fluidos de 160 metros cúbicos por hora.

La actuación de Impulsa, que incluye una explotación del vertedero de dos años, cuenta con un presupuesto superior a los 13 millones de euros (17 millones de dólares), según indicó a Efe el director general de esta empresa andaluza, Ismael Mora, hermano de Angel Luis.

Desde su creación, ha recibido "de manera anárquica" y sin apenas control unas 228.000 toneladas de residuos anuales provenientes de 18 comunidades del oeste de la provincia de Argel, lo que equivale a la basura producida por unas 750.000 personas.

Un problema medioambiental que, como indicó Mora Ávila, se reproduce en otros puntos del país.

"Argel tiene un problema importante y no es menor que el que tienen otras ciudades", declaró el director de Impulsa en Argelia, cuya empresa tiene previsto también abordar una intervención similar a la de Uled Fayet en la localidad de Skikda, a 450 kilómetros al este de la capital.

Estas acciones, al igual que la construcción de una nueva planta de tratamientos sólidos urbanos en Regaia (Argel), que también emprenderá Impulsa, forman parte, tal y como relató Mora Ávila, de "un proyecto muy ambicioso en materia de gestión de recursos" lanzado por el Estado argelino y que cuenta con una inversión de 150 millones de euros (casi 200 millones de dólares).

Este plan debería estar concluido para 2014, pero como reconoce el responsable de esta empresa andaluza en Argelia, "todavía quedan muchas actuaciones pendientes por hacer".

Los camiones de basura llegan sin descanso al vertedero de Uled Fayet. De distintos tamaños y modelos van descargando la basura uno tras otro, mientras decenas de personas se abalanzan sobre los desechos recién esparcidos.

No hay ningún control, ni medida higiénica, ni planta alguna de "triaje" (criba, o selección y separación de basura). Con las manos desnudas y provistos únicamente de sacos, recogen selectivamente los residuos, para después venderlos.

Muchos viven allí, sobre ese cráter de basura, entre las bandadas de gaviotas hambrientas y el trajín de las palas y los camiones. El olor es penetrante, casi insoportable, pero quienes trían los desechos parece que ya no lo perciben.

Uno de ellos, en su chabola, donde solo se cabe sentado, ofrece su té a quien quiera compartirlo. Asegura que ya no recuerda desde cuándo vive ahí. "Años", se limita a contestar mientras enciende una colilla de cigarro.

Uno de los vigilantes del vertedero asegura que tiene una voz hermosa y que muchas tardes, tras la oración de la puesta del sol, canta. Canta durante horas y muchos trabajadores, confiesa el vigilante, se quedan allí solo para escucharlo.

Según los planes del Gobierno, dentro de unos tres años, cuando finalice el proyecto, donde ahora solo es visible la contaminación y la miseria, se levantará un parque.

Jorge Fuentelsaz

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