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Bodas de plata de las UIP: mucho más que antidisturbios

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El Rey celebra con los antidisturbios los 25 años de esta unidad policial

El Rey celebra con los antidisturbios los 25 años de esta unidad policial

Un millón de controles, 14.500 partidos de fútbol vigilados, 200 millones de kilómetros recorridos, 3.000 heridos en sus filas, un muerto, sólo 5.099 protestas en 2014...Son cifras de balance de 25 años de trabajo de los agentes de las Unidades de Intervención Policial (UIP), mucho más que antidisturbios.

Conscientes de que a veces son la cara menos amable de la Policía, los 3.000 agentes que conforman las UIP se sienten hoy orgullosos de que el Rey Felipe VI haya querido respaldar su labor y celebrar las bodas de plata de una unidad que presume de haber gestionado bien el orden público, sobre todo en los últimos años en los que la crisis ha sacado a la calle a miles de ciudadanos.

Herederas de las Compañías de Reserva General, creadas tras los acontecimientos del mayo del 68 de París y sus "réplicas" en Europa (llegó a haber 22 unidades), en 1989 se dio un paso más para adaptarlas a la evolución de la sociedad española y de su democracia. Se constituyeron las UIP.

Popularmente conocidas como los antidisturbios, su labor va mucho más allá, como comentan a Efe el comisario general de Seguridad Ciudadana, Florentino Villabona, y su secretario general, Juan Carlos Castro, un histórico "uipero" que llegó a dirigir esta unidades.

Y es que además del orden público, las UIP cuentan con un amplio ramillete de funciones: desde la protección de personalidades, la seguridad en espectáculos deportivos, de masas y de grandes eventos, intervención en catástrofes o protección de infraestructuras críticas, entre otras.

Es posible que la imagen del antidisturbios con las características botas, el escudo, el casco y la defensa, muchas veces en posición casi hierática, aguantando insultos y escupitajos de manifestantes radicales, esquivando objetos contundentes que les arrojan o disolviendo con porras y botes de humo a los violentos, sea la más conocida, pero es solo una parte de su labor.

Las UIP han velado en estos 25 años por el pacífico desarrollo de tres bodas reales, la proclamación de Felipe VI, dos Expos universales (Sevilla y Zaragoza), unos Juegos Olímpicos, cinco visitas papales, presidencias europeas, cumbres iberoamericanas, reuniones del FMI o cumbres de paz con motivo de la Guerra del Golfo.

Innumerables partidos de fútbol de copas internacionales y nacionales, campeonatos del mundo de atletismo o de motociclismo, Juegos del Mediterráneo, intervención en calamidades como el terremoto de Lorca, el control en las fronteras de Ceuta y Melilla o otros aleatorios en La Junquera, cuentan en el haber de las UIP, como recuerdan Villabona y Castro.

Juan lleva 19 años en las UIP y ha intervenido en muchos de esos servicios. Incluso resultó herido de consideración en uno de ellos. Para entrar en las UIP, donde se ingresa de forma voluntaria, tuvo que superar primero unas pruebas físicas y un curso de un mes en Linares (Jaén).

Allí se instruye a los agentes en los operativos específicos en los que tendrán que actuar y en el uso de las armas y material, así como en la legislación que más le compete: Ley de Seguridad Ciudadana, Ley contra la violencia en el Deporte y Ley del Derecho de Reunión y Manifestación.

¿Qué características debe tener un 'uipero'? Tanto Juan como sus mandos coinciden en que unas de ellas es una capacidad de sacrificio por encima de lo normal, un gran equilibrio emocional, aguante, disponibilidad y trabajo en equipo, porque "la fuerza de las UIP es la cohesión entre los agentes". "Aquí no necesitamos llaneros solitarios", subrayan.

Una vez superado el curso, el agente se compromete a permanecer en la unidad tres años, pero después tendrá que pasar una "reválida", que se repetirá cada dos años, y constantes cursos de formación y reciclaje.

Dice Juan que el trabajo en equipo es uno de los valores de esta especialidad, toda vez que la convivencia es permanente. Horas y horas dentro de la furgoneta con 6 ó 7 compañeros más. Y cuando se viaja, la situación es similar: se comparte habitación, ocio, gimnasio y, por supuesto, trabajo.

Reconoce este agente, como otros consultados por Efe, que no es fácil aguantar la presión, pero están entrenados para ello. Y coinciden en que tienen que ponerse una "coraza" porque como personas normales a veces empatizan con la causa del manifestante, que en España en su mayoría es pacífico.

También quieren romper una lanza en favor de su modo de actuar, con un empleo progresivo de los medios, dando pasos poco a poco para que el violento disuada de su intención. Solo cuando la situación es ya insostenible, con riesgo para los propios agentes o para el resto de los manifestantes o para terceros, se hace uso de la fuerza, explican.

Han vivido momentos especialmente duros, recuerdan. Como en el País Vasco y Navarra, porque a las intervenciones día sí y día también para reprimir la kale borroka se unía ser objetivo de los etarras. O los las movilizaciones durante la reconversión industrial y, recientemente, el final de las Marchas de la Dignidad del 22 de marzo de 2014, que acabaron con 101 heridos, casi 70 policías.

Sí se sienten orgullosos de haber gestionado bien el orden público en los cuatro años que han transcurrido desde el 15M y que han sacado a la calle marchas blancas, verdes o negras, generalmente pacíficas y saldadas con escasos daños personales.

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