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Burundi: ¿Tras los pasos de Ruanda?

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Burundi: ¿Tras los pasos de Ruanda?

Burundi: ¿Tras los pasos de Ruanda?

Las protestas desatadas en Burundi por las aspiraciones del presidente, Pierre Nkurunziza, de prolongar su mandato y la represión de las fuerzas gubernamentales recuerdan en muchos sentidos el origen de una de las mayores tragedias en la historia africana reciente: el genocidio de 1994 en Ruanda.

En Burundi, el país vecino, hermano y atravesado por las mismas divisiones étnicas entre hutus y tutsis, comenzaron a sonar las alertas sobre la gestación de un nuevo "genocidio" en febrero de 2014.

Aunque ya había vivido dos grandes matanzas -la masacre de hutus por el Ejército tutsi en 1972 y una similar de signo contrario en 1993-, los burundeses atravesaban una de sus etapas más pacíficas desde el final de la guerra civil en 2005, cuando precisamente el hutu Nkurunziza fue nombrado presidente.

Hace algo más de un año, en una carta dirigida al secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, la Alianza Democrática para el Cambio (ADC-Ikibiri) avisaba sobre los riesgos de que se desencadenara "un genocidio sociopolítico" en Burundi.

El presidente de esta coalición opositora, Léonce Ngendakumana, denunciaba que las juventudes del partido gobernante, conocidas como "Imbonerakure", y la radio privada Rema FM recordaban a las tristemente célebres milicias "Interahamwe" y a la Radio Mille Collines ruandesas.

Arengados por los locutores de esta emisora ruandesa, grupos de extremistas hutus organizados en las "Interahamwe" exterminaron a cerca de 800.000 tutsis y hutus moderados en apenas cien días en 1994.

Previniendo sobre la posibilidad de caer en "una tragedia como la de Ruanda", la oposición burundesa también denunciaba el entrenamiento paramilitar y la distribución de armas a las juventudes del partido gobernante, el Consejo Nacional para la Defensa de la Democracia (CNDD-FDD).

Organizaciones de la sociedad civil lanzaron acusaciones similares con posterioridad, peros sus argumentos fueron descalificados por el Gobierno, que los tachó de "rumores" e "intoxicación"

Estos temores ¿son reales o infundados?

Hasta la ola de protestas de las últimas semanas, burundeses pertenecientes a cualquiera de los dos grupos étnicos mayoritarios, hutus y tutsis, ha temido ser objeto de represalias.

En general, se admite que los abusos de las "Imbonerakure" tienen su origen en una intolerancia política, y el antiguo líder del CNDD-FDD, Husein Radjabu, ha hablado de un plan de supresión de la oposición que él mismo llega a calificar de "genocidio político".

Sin embargo, desde el inicio de 2015, se está produciendo una cada vez más numerosa huida de tutsis hacia Ruanda.

Según los refugiados -más de 30.000 solo en las últimas semanas- las "Imbonerakure" han amenazado con matarles, si Nkurunziza no es elegido en los comicios de junio, cuando se celebrará la primera vuelta de las presidenciales.

También alimentan la psicosis colectiva quienes dicen que las protestas son "monoétnicas" y están siendo convocadas por tutsis, y los rumores sobre el apoyo recibido por las "Imbonerakure" de antiguos miembros de las "Interahamwe", integrados ahora en las Fuerzas Democráticas para la Liberación de Ruanda (FDLR), milicia que opera en el este de la República Democrática del Congo.

Con todo, el discurso del partido de Nkurunziza ha ido incrementando su tono xenófobo, según el observatorio International Crisis Group.

"Hablan del riesgo de que los tutsis vuelvan al poder como argumento de la movilización electoral", dicen los analistas, comparándolo con el discurso del odio y la estrategia del chivo expiatoria que fue tristemente efectiva en Ruanda.

"El miedo a un genocidio en Burundi es hoy una hipótesis legítima", declara el politólogo Jean Salatiel Muntunutwiwe.

Que estos temores se concreten o no está en manos del Ejército burundés: "Si ejerce su responsabilidad de proteger a la población, la lógica genocida tendrá pocas posibilidades de éxito", asegura.

Desde 2005, el Ejército siempre ha sido neutral y ha demostrado estar por encima de las cuestiones étnicas y, por el momento, sigue siendo el principal elemento de esperanza para los burundeses.

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