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Buteflika cumple 80 años envuelto en el misterio sobre su salud y su sucesión

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Buteflika cumple 80 años envuelto en el misterio sobre su salud y su sucesión

Buteflika cumple 80 años envuelto en el misterio sobre su salud y su sucesión

El presidente argelino, Abdelaziz Buteflika, cumple mañana 80 años envuelto en una incertidumbre cada vez mayor sobre su verdadero estado de salud, su capacidad real para dirigir el país y su futura sucesión.

Aunque el presidente del partido de Buteflika, el Frente de Liberación Nacional (FLN), Djamel Ould Abbes, salió a la palestra el pasado domingo para afirmar que el mandatario "está bien y cumpliendo con sus compromisos como siempre", las dudas se han disparado después de que el 19 de febrero cancelara en el mismo día una viaje oficial de la canciller alemana, Angela Merkel.

Según el comunicado oficial emitido escasas horas de que la jefa del gobierno alemán llegara a Argel, ambas partes habían acordado posponer sin fecha el viaje debido a "una indisposición temporal" del presidente argelino, que estaba aquejado "de una bronquitis aguda".

Pese a que expertos sugieren que la causa del aplazamiento fue la pretensión de Merkel de intentar arrancar de los argelinos un compromiso mayor frente a la inmigración irregular, dos detalles del comunicado han espoleado las especulaciones en un país que vive pendiente de la enfermedad de su líder.

El primero, que es la primera vez que se cancela así un viaje oficial de un líder europeo; la segunda, que se admite abiertamente que es por enfermedad del presidente, un tema casi tabú en la hermética Argelia.

Buteflika, el mandatario argelino que más tiempo lleva en el poder, sufrió un derrame cerebral en 2013 que ha mermado su capacidad física y convertido su salud en un enigma que se debate entre susurros en cualquier rincón.

Desde entonces, apenas ha pronunciado un discurso en publico -ni siquiera durante la campaña electoral de 2014 en la que fue reelegido para un cuarto mandato- y aparece escasamente en actos oficiales y protocolarios.

Cuando lo hace, siempre es en silla de ruedas, a través de imágenes que proporcionan la televisión estatal y otros medios oficiales, los únicos que son invitados y tienen acceso a actos de la presidencia.

En esos actos suele verse acompañado por el primer ministro, Abdelmalek Sellal, algunos miembros de su estrecho círculo y su hermano Said, al que tras la purga en septiembre de 2015 de la cúpula de los poderosos e influyentes servicios secretos argelinos, se apunta como posible sucesor.

Porque ese es otro de los grandes arcanos que tienen en vilo a la población argelina: al igual que se desconoce la salud real de Buteflika, apenas hay pistas ciertas sobre qué pasará el día que deje la jefatura del Estado.

Todas estas incertidumbres se dispararon a mediados del pasado abril después de que el exprimer ministro francés Manuel Valls subiera un foto a las redes sociales en la que se veía a Buteflika con la mirada perdida y visiblemente debilitado durante la recepción oficial.

La instantánea fue criticada por Amar Saadani, secretario general del FLN, quien advirtió a Francia, con ironía, de que los presidentes en Argelia los cambia el pueblo y no agentes del exterior.

Desde aquella polémica, el presidente argelino ha aparecido al menos cuatro veces en la televisión estatal, la última de ellas el pasado diciembre en la inauguración de una nueva vía ferroviaria en el extrarradio de la capital.

Buteflika fue subido al tren, que se detuvo en la estación de la Universidad, donde sin levantarse descorrió una cortina que oculta la placa conmemorativa de la nueva "medina", siempre acompañado por su hermano y Sellal.

Pero también se informó en 2016 en dos ocasiones de que había viajado a clínicas en Suiza y Francia, donde se sometió durante periodos de casi una semana a lo que la prensa estatal denomina "controles médicos rutinarios".

En medio de tanta conjetura, las autoridades argelinas salen de vez en cuando a los medios para recordar que Buteflika, hombre al que se considera el pacificador tras la guerra civil contra el salafismo violento que asoló el país en la década de los noventa, podría incluso aspirar a un quinto mandato.

Una declaración de la que muchos argelinos aún no se atreven a dudar en voz alta.

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