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Carter toma las riendas de un Pentágono ocupado en perfilar el legado de Obama

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El Senado de EE.UU. confirma a Ashton Carter como nuevo secretario de Defensa

El Senado de EE.UU. confirma a Ashton Carter como nuevo secretario de Defensa

Ashton Carter será probablemente el último de los cuatro secretarios de Defensa del presidente Barack Obama y el encargado de perfilar su legado, plagado de conflictos en Oriente Medio y Europa y con promesas por cumplir, como el cierre de la prisión de Guantánamo, en Cuba.

Carter, confirmado hoy por el Senado, no tiene el perfil político de sus antecesores: Chuck Hagel, Leon Panetta o Robert Gates, pero cuenta a su favor con una larga carrera de tecnócrata en el Pentágono que lo convierten en un candidato perfecto para abordar tanto los desafíos de seguridad como la compleja tarea de asegurar que el mayor empleador del mundo no sea un sumidero de recursos.

Este doctor en física teórica por Oxford, que ha pasado por Harvard, Yale, Stanford y el MIT, abandonó en octubre de 2013 su puesto de número dos del Pentágono porque sus ambiciones apuntaban mucho más alto y sus ganas de cambio no fueron satisfechas con Hagel, que cayó por su incapacidad de mantener un trato fluido con los asesores de la Casa Blanca.

Carter, un académico y un gestor de 60 años curtido en la telaraña organizativa del Departamento de Defensa, escribía hace un año en la revista Foreign Affairs: "El Pentágono está muy mal equipado para hacer frente a las necesidades urgentes que aparecen en tiempos de guerra".

Esos conflictos repentinos, como el avance inesperado del grupo yihadista Estado Islámico (EI) en Irak y Siria o el terreno ganado por los separatistas prorrusos en Ucrania, serán los más acuciantes desafíos para Carter, que a menos de dos años de que Obama abandone la Presidencia será clave en el desenlace de su segundo mandato.

Ese papel indispensable del secretario de Defensa no ha evitado que durante el mandato de Obama los secretarios de Defensa hayan acusado al círculo cercano al presidente de ejercer un control excesivo, de intromisión y de querer imponer sus plazos por motivos de programa político.

El tiempo del Pentágono y el estamento militar no es el mismo que el de los estrategas políticos de la Casa Blanca y eso ha creado tensiones. El último episodio por las presiones para que Defensa acelerara las transferencias de presos de Guantánamo, cárcel que Obama prometió cerrar al llegar al poder y aún sigue abierta.

Tampoco son iguales los métodos. Algo que podría cristalizar en problemas para Carter en las acciones contra los yihadistas del EI en Irak y la presión de los militares para dejar abierta la posibilidad de llevar tropas de combate sobre el terreno en lugares puntuales, como en la toma de Mosul.

La Casa Blanca no quiere hablar de tropas en otra función que no sea el de asesoramiento en Irak por el coste político, mientras que los comandantes saben que esa posibilidad es poco realista.

"Yo no descartaría tropas estadounidenses en el campo de batalla, al menos en momentos concretos, aunque claramente no debería volverse a una presencia a largo plazo", explicó hoy James Jeffrey, experto del Washington Institute.

En este tira y afloja será clave la relación personal entre Carter y Susan Rice, la asesora de Seguridad Nacional de Obama, una de las personas más influyentes del Gobierno estadounidense y conocida por su fuerte temperamento.

Panetta explicaba recientemente en una entrevista cual es la dinámica del poder en la era Obama: "Hay que ser muy honesto sobre cuál es el mejor camino y pelear por ello".

Otra de las inminentes "peleas" que tendrá que librar Carter estará centrada en el debate sobre si suministrar a Ucrania armamento defensivo para hacer frente a los separatistas apoyados por Moscú, lo que podría favorecer un agravamiento del conflicto pese a la firma de un nuevo acuerdo de alto el fuego en Minsk.

Carter se mostró durante su audiencia de confirmación en el Senado a favor de ayudar con armas a Kiev y prometió dar su consejo franco a Obama pese a que sus ideas se opongan a las de la guardia pretoriana del presidente.

A largo plazo, el nuevo secretario de Defensa será un socio indispensable para que Obama pueda cerrar su Presidencia cumpliendo sus promesas de una Defensa más pragmática, menos onerosa, supeditada a la diplomacia y acabar así con "el estado de guerra perpetua" al que se habían acostumbrado en el Pentágono.

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