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"La Casa de la Paloma", escuela de formación para camboyanos discapacitados

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"La Casa de la Paloma", escuela de formación para camboyanos discapacitados

"La Casa de la Paloma", escuela de formación para camboyanos discapacitados

Prom Sophea es una joven de 30 años que perdió una pierna en la adolescencia por un accidente con una mina terrestre y que, después de estudiar confección, trabaja en la escuela "La Casa de la Paloma" (Banteay Prieb), situada en las afueras de Phnom Penh.

Se estima que un 4 por ciento de la población de Camboya presenta alguna deficiencia física a causa de las minas terrestres, la guerra, accidentes o enfermedades como la poliomielitis.

Sophea es antigua alumna de "La Casa de la Paloma", una escuela que puso en marcha en 1991 el Servicio Jesuita de Camboya, con el apoyo de Manos Unidas y que es la única del país que ofrece formación profesional a personas con discapacidad.

Está situada en un antiguo centro de transmisiones militares, en el que el Ejército utilizaba palomas mensajeras para sus comunicaciones. De ahí procede el nombre de la escuela.

En el centro, que actualmente cuenta con 115 estudiantes, con edades comprendidas entre los 18 y los 40 años, se ofrece formación profesional durante un año en electrónica, mecánica, agricultura, confección, escultura y maquillaje.

En sus instalaciones, un grupo de personas con discapacidad, graduadas en la escuela, construye las sillas de ruedas "Mekong", adaptadas a las necesidades de la zona.

Klieng Vann, de 49 años, que sufrió la amputación de una pierna en un accidente con una mina terrestre cuando era soldado en 1990, es ahora profesor de electrónica en la escuela, después de haber pasado por sus aulas.

Un 80 por ciento de los estudiantes de "La Casa de la Paloma" consigue un trabajo, una vez que terminan su preparación, frente al 10 por ciento de discapacitados que tenía acceso a un empleo con anterioridad, asegura.

"Cuando se gradúan, los alumnos encuentran un trabajo y tienen éxito en la vida. Después de la escuela, hay un gran cambio. Ya no tienen miedo de salir de su casa. Tienen mayor autonomía e independencia", explica.

Los estudiantes proceden de entornos rurales de distintos puntos de Camboya, en los que carecen de tierras, de formación académica o de posibilidades de empleo.

La escuela les permite adquirir habilidades técnicas y sociales, así como mejorar y disfrutar de mayores responsabilidades en sus comunidades.

Durante el periodo de formación, se alojan en casas de estilo tradicional camboyano, en las que viven en grupos de diez personas y gestionan su vida en comunidad, participando en las tareas domésticas, bajo la supervisión de profesores y voluntarios.

La responsable de Manos Unidas en el Sudeste asiático, Patricia Garrido, subraya que en esta escuela las personas con discapacidad pueden acceder a una formación, tener unos ingresos y compartir con sus iguales.

"La formación y la convivencia con iguales les ofrece la oportunidad de ser autosuficientes y normalizar su discapacidad, elevar su autoestima y encontrar un lugar en la sociedad camboyana", destaca Garrido.

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