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Cientos de jóvenes miran a un futuro que no podrán ver en Cachemira

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La Cachemira india refuerza la seguridad en las vísperas del aniversario de protestas

La Cachemira india refuerza la seguridad en las vísperas del aniversario de protestas

Tras perder la vista total o parcialmente por la represión policial con perdigones de las protestas en la Cachemira india, cientos de jóvenes tratan de mirar a un futuro que muchos ya no podrán ver entre miedos, sacrificios personales y una vida convertida en pesadilla.

Al caer la tarde del 17 de julio del año pasado, Danish Rajab salió a la calle junto a sus amigos. A esa hora se solía relajar el toque de queda para controlar las protestas que habían comenzado diez días antes por la muerte de un joven insurgente y que aún hoy siguen en Cachemira.

Danish fue hacia el mercado en la parte vieja de Srinagar, centro de las protestas en la capital cachemir, donde la gente comenzaba a arremolinarse ante tiendas que volvían a abrir para aprovechar las últimas horas del día.

Entonces, siete coches de policía pasaron y el último de ellos disparó contra el bulto de gente antes de perderse junto al resto de la columna de vehículos.

"Sentí algo saliendo de mi ojo, no quedé inconsciente, y empecé a pedir ayuda", dice a Efe este joven de 24 años casi un año después.

"En el camino al hospital dejé de ver por el otro ojo también", agrega.

Danish ha perdido un ojo, que ahora ocupa una esfera artificial, y en el otro tiene una visión del 40%, lo cual no ha hecho que cambie su apoyo a las protestas. "No hay otra solución", afirma.

Tras trabajar como comercial de una multinacional ahora pasa sus días sentado, esperando a que sus amigos le acompañen y confiado en que paulatinamente pueda recuperar la visión en el ojo "menos malo" y así volver a trabajar en lo que hacía antes.

Él es uno de los cientos de jóvenes, que según organizaciones no gubernamentales, han sufrido lesiones en los ojos por los disparos con perdigones de la Policía, una práctica que el Tribunal Supremo de la India pidió en mayo pasado al Gobierno que reconsidere.

La Fundación Yateem Jammu y Cachemira ha brindado apoyo a estos jóvenes, en su mayoría estudiantes y trabajadores informales con pocos ingresos.

El portavoz de esa ong, Javaid Jawad, declara a Efe que no hay cifras exactas de heridos pero afirma que se puede hablar de "cientos" de jóvenes, que sigue aumentando día a día.

La mayoría de ellos no reciben rehabilitación y necesitan apoyo psicológico para poder superar el trauma, dice.

El Gobierno cachemir admite que el uso de perdigones "aliena" a los jóvenes y alimenta la protesta, pero el portavoz del Ejecutivo regional, Wahid Parra, indica a Efe que no hay mucho margen por "el nivel de violencia de estos chicos".

El jefe de la Policía de Cachemira, Munir Khan, defiende el uso de los perdigones porque, según señala a Efe, son "el arma no letal más segura, aunque hay que usarlas adecuadamente".

A pesar de las críticas por no utilizar otro tipo de material antidisturbios, algo que, revela, están estudiando, Khan señala que los perdigones son usados de manera "restringida".

No es lo que dice Mohamad Aqib, que el 15 de agosto, cuando protestaba contra la "ocupación" de Cachemira, tuvo que salir como pudo por un callejón por una carga policial.

En su camino apareció un policía, le cortó el paso, apuntó y le disparó. Él cayó inconsciente.

Aqib ha perdido el 100% de la visión en un ojo después de tres cirugías que no han hecho que mejore, y aunque sigue trabajando en una tienda de artículos de hogar dice que no puede ver bien y que su ojo sano "se cansa mucho".

Pero lo peor no es lo que no ve, sino lo que teme. Varios médicos le han dicho que quienes sufren este tipo de traumas tienden a perder la visión también en el segundo ojo.

"Tengo miedo, hay noches que sueño que me quedo ciego de los dos ojos", afirma el joven que "por supuesto" sigue apoyando las protestas, aunque cree que deberían hacerse de forma pacífica.

No ha hecho ninguna rehabilitación, asegura que un vecino que ha quedado ciego le da "el coraje" para salir adelante, pero admite que su principal preocupación es que no podrá casarse.

"No pienso mentirle a nadie", afirma, al preguntarse cómo va a ser sostén familiar ciego.

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