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Cuca Roseta, una voz "esclava" del mensaje poético que esconde el fado

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Cuca Roseta, una voz "esclava" del mensaje poético que esconde el fado

Cuca Roseta, una voz "esclava" del mensaje poético que esconde el fado

La joven cantante portuguesa Cuca Roseta, que actúa mañana en Madrid, reitera que la magia del fado se encuentra en "respetar su pureza" y su mensaje cargado de "poesía" y "verdad", que representa el sentir de los portugueses y en el que la voz acaba siendo "esclava" de lo que se cuenta.

"Ha habido muchas personas que han mezclado el fado con otras músicas pero la magia de este género se encuentra en respetar la pureza, el minimalismo y la simplicidad, en respetar lo que la persona está contando, que es una historia de verdad en la que la voz se convierte en esclava de lo que se cuenta", ha señalado Cuca Roseta en una entrevista con Efe.

Considerada por muchos como "la nueva voz del fado", Roseta actuará mañana en la Sala Galileo Galilei para presentar su segundo disco, "Raíz", con el que pretende hacer una introspección y rebuscar en las entrañas de este género musical caracterizado por ese mirar melancólico, por su naturaleza nostálgica y al mismo tiempo apasionada.

"Este disco es mi historia, es una autobiografía, siento que la música es completamente mía. He encontrado mi raíz y la del fado, mantengo un respeto por la tradición y la pureza a pesar de tener una mirada más moderna", confiesa la cantante.

Roseta, que ha compartido escenario con Julio Iglesias o Silvia Pérez, participa con este concierto en la XI "Mostra Portuguesa", un escaparate de lo más destacado de la cultura lusa en el que también han actuado artistas como Rodrigo Leão y Gabriel Gomes y que incluye actividades dedicadas a la literatura, las artes plásticas y el cine, además de la música.

En este concierto lanzará una mirada al espíritu y a la reflexión que como acostumbra a hacer este género musical vendrá acompañada por la música de la viola (guitarra española) y la guitarra portuguesa, además de la de un bajo y la voz solitaria, dulce y desgarradora de esta fadista.

"El fado muestra cómo se siente el pueblo portugués, es una definición sociológica de la cultura portuguesa. Somos un pueblo muy afectivo, que habla muchos de la pérdida, de los sentimientos", argumenta.

Un género musical que tiene mucho de raíz, que sigue viviendo alejado de las modas y que es ajeno al transcurso del tiempo. Su interpretación en las casas de fados lisboetas conserva algo de ritual, una ceremonia en la que la luz tenue y el negro inmaculado con el que visten sus músicos se confabulan para impregnar al público de su espíritu cargado de profundidad.

"El fado continúa vivo, una nueva generación de cantantes ha empezado a cantar, son lo que se denominan las 'nuevas voces del fado'. Siempre se mantiene y siempre conserva las mismas raíces", argumenta.

Le sirve a esta cantante el fado de refugio, de inspiración para su día a día. Una forma de distraerse que no llegó por herencia familiar sino que descubrió por sí misma cuando tenía 18 años y del que ya no se puede desprender porque le permite hablar de la verdad y el sentimiento.

"No creo que el fado sea una música triste, es una música que habla de sentimiento. Cuando estás cantando una marcha de la ciudad de Lisboa estás describiendo las fiestas y se muestra una profunda alegría. Cuando hablas de algo triste se podrá descubrir ese sentimiento. En el fondo el fado es verdad", argumenta.

Un canto a la frustración, a la nostalgia y a la melancolía, que acerca las historias de sus gentes humildes y que llega ahora a la Sala Galileo Galilei impregnada de la juventud de una de sus nuevas voces.

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