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Estela de Carlotto afirma que el amor ayuda a curar todas las heridas de los niños

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Estela de Carlotto afirma que el amor ayuda a curar todas las heridas de los niños

Estela de Carlotto afirma que el amor ayuda a curar todas las heridas de los niños

Dedicada desde hace casi 40 años a defender los derechos humanos y a buscar a los hijos de los desaparecidos de la dictadura argentina, Estela de Carlotto, presidenta de las Abuelas de Plaza de Mayo, ha aprendido que el amor es lo más importante para un niño y ayuda a curar todas las heridas.

Desde la desaparición de su hija Laura, que fue secuestrada cuando estaba embarazada, a fines de 1977, Estela Barnes de Carlotto no ha dejado de buscar a los niños robados por la dictadura militar (1976-1983).

Después de 37 años de lucha al frente de Abuelas de Plaza de Mayo tiene muchos motivos para celebrar, no solo porque han logrado identificar a 115 jóvenes sino porque uno de ellos, Guido, es su propio nieto.

La recuperación de Guido ha sido una auténtica sorpresa para esta abuela de 84 años, que agradece hasta el día de hoy que permitieran a la organización que preside participar en la elaboración de la Convención sobre los Derechos del Niño para incluir varios capítulos referidos a la identidad.

Estela de Carlotto ha sido escogida para la campaña de Unicef, e alianza con la Agencia Efe, "25 líderes, 25 voces por la infancia", dirigida a resaltar la importancia de la Convención sobre los Derechos del Niño, que acaba de cumplir 25 años.

Todavía 1,3 millones de nacimientos no se registran cada año y 6,5 millones de niños no cuentan con un certificado de nacimiento en América Latina, según un informe divulgado con motivo del aniversario de la convención.

Pregunta: ¿Cuál es la aportación de Abuelas de Plaza de Mayo a la Convención?

Respuesta: Cuando se estaba ajustando la letra de la Convención comienza el primer gobierno constitucional tras la dictadura, en 1984, y se nos convocó desde el gobierno a ser parte de la letra incluyendo lo que entendíamos que había que poner sobre el derecho a la identidad. Hasta el día de hoy agradecemos esta convocatoria.

Por supuesto con toda disposición dimos nuestro parecer referido a estos artículos que integran la Convención Internacional, que son los artículos 7, 8 y 11.

En ellos la letra habla del derecho del niño a tener su nombre, vivir en su país, en otro titulo habla de los niños sacados ilícitamente de su país de origen, tiene que haber convenios bilaterales entre los distintos países, el de origen y donde fue llevado por diferentes motivos para la restitución al lugar donde le corresponde estar y el derecho a la identidad, todos nacemos en un lugar con padres y madres, tenemos una patria y un lugar.

P: ¿Cómo se puede cumplir en el día a día la Convención?

R: En mi condición particular, como docente me encanta poner en práctica la Convención, pero también como madre, tuve cuatro hijos. El respeto por el niño, el respeto a sus necesidades, a sus demandas. Sobre todo hay una palabra máxima que encierra la función de protección integral del niño: amor. La palabra amor. Para que el niño reciba amor, sea de una familia pobre rica o mediana. Si hay amor todo lo demás se pierde en el olvido.

P. En estos 25 años, ¿La Convención ha contribuido a mejorar la situación de la infancia?

R: Ha mejorado porque el mundo en este siglo XXI sobre todo ha entendido que se debe manifestar a viva voz lo que niño necesita y los que han firmado tienen la obligación de cumplirlo. Con esa obligación se los demanda y el espacio de Naciones Unidas es un espacio propicio para esto.

La modernidad nos permite encontrar lugares donde se violan los derechos de los niños, denunciarlo y corregirlo.

P: ¿Cuáles son, a su juicio, las asignaturas pendientes?

R: Mejoraría mucho el tratamiento a los niños si hubiera justicia social. Si en todos los países comieran todos los días sus habitantes, tuvieran un techo, su salud atendida, la educación y el ocio o el disfrute de la vida. Si un niño se muere por no tener comida se está violando esta Convención porque la vida de ese niño es sagrada. La perfección, ojalá algún día llegue. Hay países que viven de los otros países y en esos países viven con pobreza y esa desigualdad es la que tiene que tender a desaparecer para que todos vivan con la dignidad que cada ser humano merece vivir desde que nace, en un hogar con cariño, en el hogar como lo quieran conformar, ahora hay diversidad, con el amor, la crianza la alimentación, la educación y sobre todo el respeto, es un ser humano al que no se le debe castigar ni física ni psíquicamente, sino criarlo sanamente.

Es un sueño, pero si una abuela soñó durante 36 años con encontrar a su nieto y lo encontró, por que no se puede soñar que a corto plazo la Convención se cumpla a ultranza en todos los países del mundo.

P: ¿Cómo recuerda su infancia? ¿Algún momento que rescate especialmente?

R: El cariño de una mamá y la moral de un padre, eso es lo que yo recuerdo, con signos de formación, lo que se debía hacer y lo que no. Por ejemplo, me decía mi mamá cuando yo iba a los cumpleaños de mis compañeritas: nunca agarres el pedazo de torta más grande, si queda el último pedazo tampoco lo agarres, pensá en el otro, si el otro no tiene, dale. Esas cosas de no pensar en uno sin o en el otro.

También como recuerdo no grato pero que me marcó y después la historia es la que viví: el dolor que sentía yo por los huérfanos de la guerra. En Argentina no hubo guerra, entramos en guerra casi al final, sin ningún tipo de conflicto, pero ver en las revistas las caravanas de niños huérfanos, para mí era terrible. Tal es así que como me gustaba escribir hice algunos poemas sobre los niños de la guerra y sobre la paz, y son palabras que hoy, con la edad que tengo, todavía manejo.

P: ¿Quizá esta experiencia contribuyó a formar la personalidad de Estela de Carlotto como presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo?

R: Exactamente, pero esa personalidad que uno la trae implícita, que uno la tiene al nacer, también la forjan los padres en la crianza, por eso, cuando se quiere ser padre y madre se debe saber que hay que dar mucho amor; cuando se quiere ser maestro se debe saber que hay que dar mucho amor; y cuando se quiere ser abuela, amor y consentimiento, o sea, la abuela es la que malcría.

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