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Juan Ramón Jiménez, en todas sus respuestas

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Juan Ramón Jiménez, en todas sus respuestas

Juan Ramón Jiménez, en todas sus respuestas

Juan Ramón Jiménez se mostró en las entrevistas franco, directo, independiente, exigente, con "una sinceridad arriesgada, descarnada hasta lo hiriente", que debió formar parte de su carácter, según destaca Soledad González Ródenas en el libro en el que se recopilan por primera vez.

"Es el único de los escritores españoles que no me recomienda discreción en sus palabras", dijo de él Alberto Guillén, un escritor peruano que vino a España hace un siglo con ánimo provocador y con la idea de echar a pelear a los escritores entre sí, mientras que González Ródenas señala que las respuestas del poeta permanecen siempre alejadas de "conveniencias y diplomacias".

"Por obra de un instante" es el título con que la Fundación José Manuel Lara y el Centro de Estudios Andaluces han publicado las 500 páginas de estas 88 piezas, no todas entrevistas pero sí textos que trasladan palabras del poeta, ya que también hay cartas a críticos, semblanzas con entrecomillados suyos, y hasta capítulos de las memorias de Cansinos Assens y Alberti que recogen conversaciones.

"Pues de mis libros es muy fácil para mí hablar: que no me gusta ninguno, que siento un hondo arrepentimiento de todo lo que he escrito. Y deseo suplicar a todos los que tengan libros de mi juventud que me los envíen para quemarlos", dijo el poeta en 1936 con un nivel de autoexigencia que también aplicaba a los demás:

"En Lorca y Alberti se vuelve a encontrar la expresión dinámica. Luego hay un grupo Guillén, Salinas, etc. a los que yo llamaría 'poetas voluntarios'. Viven a fuerza de ocultación y andamiaje. No tienen invención ni acento (...) hacen una cosa que está muy bien literariamente pero que no es poesía", dijo en 1935 de los del 27.

A Pablo Suero, que llegó a España en 1936 para entrevistar a personalidades en favor de la República, le dijo: "Aborrezco la poesía que es química pura, artificio. ¡Ese Neruda! ¡Pero si no sabe escribir una carta!", además de expresarle su decepción política: "La República me ha defraudado. Estas vergüenzas del 'straperlo' no tienen nada que envidiarles a las de la monarquía".

Cuando en 1948 explicó por qué no aceptó una embajada en América para abandonar la España en guerra dijo: "Yo preferí venir libre de cargos, porque mi amor a la libertad no se hipoteca con prebendas, sino que es un sentimiento esencial", en una entrevista en la que cuando le preguntan por qué no regresa a España, responde: "Porque me gusta vivir en libertad".

Siempre mostró su deuda con el Modernismo, su admiración por Rubén Darío, y su aprecio por Miguel Hernández, del que en 1949 declara que "fue el único poeta que realmente vivió la poesía de la guerra, porque fue el único que la hizo", unas palabras que, por parte del entrevistador, merecieron la siguiente pregunta:

-¿No considera a León Felipe un hombre de lucha?

-León Felipe no hizo nada de la guerra. Estaba en la embajada de Méjico refugiado. Es un periodista que escribe en verso. Miguel Hernández estuvo en las trincheras, prisionero en la cárcel y no quiso que lo sacaran de allí, mientras no libertaran a sus compañeros.

Las respuestas del poeta son ricas en definiciones de la poesía: "La poesía no es nunca esclava"; "La poesía es la esencia de la cultura"; "La poesía es lo único que siempre sigue respondiendo preguntas, que son contestadas por ella, la suprema adivinación de la vida íntima de los elementos".

Y de poeta: "El poeta debe ser el hombre que arde como una llama viva, que está siempre ardiendo. No comprendo cómo hay personas que se llaman poetas y cada seis meses se acuerdan de que saben métrica y hacen un soneto o una estancia. El poeta debe estar siempre sobre sí mismo, depurándose, renovándose, elevándose".

En 1956 le preguntaron por el Nobel, y responde: "Que es una pena que la Academia Sueca deje morir a Unamuno, a Antonio Machado y a Ortega y Gasset, a otros, sin concedérselo. Para los vivos que lo merecen aún hay remedio ¿Por qué no Pío Baroja o Menéndez Pidal...?"

Por Alfredo Valenzuela

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