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Juliana cree que la política y los medios no han sabido prever el relevo generacional

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Juliana cree que la política y los medios no han sabido prever el relevo generacional

Juliana cree que la política y los medios no han sabido prever el relevo generacional

Enric Juliana (Badalona, 1957) define a Cataluña como una sociedad comerciante, una característica esencial -comenta- para la nueva etapa política que se avecina y en la que el pacto será el principal protagonista. Un escenario, sostiene, que ni los medios ni la política han sabido prever.

Es director adjunto de La Vanguardia, medio al que pertenece desde 1991 y después de "La España de los Pingüinos", "La Deriva de España" y "Modesta España", ha publicado "Tarjeta Negra" (RBA), una crónica minuciosa sobre el cúmulo de acontecimientos de los últimos meses de 2014 que, para el periodista, marcarán la historia política de España.

-¿Está acabando la corrupción con el prestigio de la política?

La corrupción erosiona a un gobierno pero no lo tumba. Puede parecer un poco conservador pero ningún gobierno cae por la corrupción a no ser que sea muy escandaloso. Lo tumban los casos y otro conjunto de cosas. Lo hemos visto en Andalucía -con el caso de los ERE-. Ha desgastado al PSOE porque perdió votos pero aún así siguen siendo los más votados.

-Podemos y Ciudadanos dicen que llegan para solucionar esto, ¿ha impulsado el "establishment" a Ciudadanos?

Ciudadanos puede hacer un butrón en la caja fuerte del PP aprovechando el túnel que ha excavado Podemos. Pero los efectos de Podemos en la política española son innegables. Han conseguido enviar a la sociedad un mensaje de que nuevos partidos políticos son posibles. Podemos hace un ejercicio muy complicado que es salir de la extrema izquierda para ocupar el centro, pero para los de centro aparece C's. ¿Apoyado por alguien? No sé. Es el partido político menos atacado en España a día de hoy, pero eso yo no lo veo bajo la perspectiva conspirativa sino en una lógica de mercado. Podemos ha demostrado que había demanda y en ese momento salen más ofertas.

-¿Tiene techo este ascenso?

Yo creo que sí. Para los medios, es atractivo asistir a la destrucción de un sistema político, pero la gente quiere que haya nuevos actores sin que se mueran los viejos. Las generaciones más jóvenes ya no están condicionadas por el recuerdo sentimental de la Transición. Hay que aceptar que una parte de la sociedad no ha vivido eso. En estos momentos hay 12,4 millones de personas que han nacido después del 74 y que tienen derecho a voto. Eso sobre un total de 34 millones de votantes. Estamos hablando de un porcentaje importante. Pero ni la política ni el periodismo han sabido prever este cambio generacional.

-El soberanismo ha perdido fuerza desde noviembre, ¿cuáles son las claves en este cambio mediático?

Se ha dicho que el soberanismo es resultado de un gran lavado de cerebro del poder a la ciudadanía y que ha conseguido que el 40 % vea visiones. Es un relato pueril. Es cierto que durante meses el soberanismo ha sido el único coagulante del malestar social en Cataluña. ¿Cuál es la novedad? Pues que como era un coagulante de cosas diversas, cuando la propia evolución política del país hace que surjan otros coagulantes, eso se diversifica. En el momento en que Podemos sube en las encuestas, también sube en Cataluña. Esta diversificación puede afectar a que el resultado sea menos contundente de lo que se podía plantear hace unos meses.

-¿Puede ayudar también la llegada de nuevos partidos a una solución de las diferencias entre Cataluña y España?

Yo creo que sí. Llegamos a una situación política en la que el concepto de pacto se va a ensanchar. En España no ha habido nunca Gobierno de coalición. Algo que en los países europeos tiende a ser normal. No hemos ensayado la idea de un pacto programático y esa es la asignatura pendiente.

-¿Y una consulta?

Yo creo que sí y que no sería adversa a la unidad de España. Estoy convencido de que el mero hecho de que se tomase una decisión así ya supondría que la mayoría social catalana no estuviese por la ruptura. Debería darse la situación en la que los partidos que tomasen la decisión no tuviesen la sensación de que van a ser penalizados por ello. Este es otro problema: se tiende a interpretar que pactar es una seña de debilidad. ¿Cómo que solo pactan los débiles? Pactan los inteligentes.

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