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La aldea de Koukab, escenario de un tímido paso en la reconciliación en Siria

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El EI arrebata al ejército el control de un yacimiento de gas en Siria

El EI arrebata al ejército el control de un yacimiento de gas en Siria

Koukab es una pequeña localidad de la provincia siria de Hama que ha sido escenario de un tímido paso en la reconciliación después de cinco años de guerra entre aquellos que apoyan al régimen de Asad, la oposición moderada y los yihadistas.

En una tienda de lona montada para la ocasión quince terroristas entregaron voluntariamente sus armas -casi todos fusiles Kaláshnikov de fabricación rusa- y renunciaron a la lucha para derrocar al régimen de Bachar al Asad.

La ceremonia, cuidadosamente escenificada por los Ejércitos sirio y ruso, contó con la presencia de influyentes figuras de los clanes locales, incluido numerosos mayores, que no dieron muestras de repulsa contra los yihadistas arrepentidos, sino de aprobación por su coraje.

Los terroristas, que iban encapuchados para preservar su identidad y que pertenecían a un grupo afín al Frente al Nusra, hacían cola para entregar su fusil y estampar su firma en un documento oficial.

Seguidamente, un representante del Ejército sirio se incautaba del arma, con lo que ya son más de siete mil los guerrilleros que se han sumado a la tregua y abandonaron definitivamente la lucha armada desde la entrada en vigor de la tregua el pasado 27 de febrero.

De hecho, según comentaron los habitantes de Koukab, los yihadistas campan a sus anchas a sólo unos 8 kilómetros de distancia.

El Centro de Reconciliación ruso en la provincia costera de Latakia informó de que Koukab es una de las casi cien localidades sirias que han decidido secundar el frágil alto el fuego en los últimos dos meses.

Previamente, el mando militar ruso trasladó al lugar a más de un centenar de periodistas de medio mundo para asistir tanto al acto, como a la entrega de ayuda humanitaria a la población local.

El recibimiento no pudo ser más sorprendente, ya que los autobuses con los reporteros ataviados con cascos y chalecos antibalas fueron recibidos por una multitud de unas trescientas personas a pecho descubierto.

El jolgorio, acompañado de tambores, era ensordecedor e incluía banderas sirias e innumerables carteles de Asad, en su mayoría portados por niños que no dejaban de gritar el nombre del presidente.

Y es que los niños eran los auténticos protagonistas de la manifestación progubernamental, aunque su aspecto distaba mucho de ser una masa complaciente.

Muchos de los menores iban mal vestidos y parecían pertenecer a las clases más desfavorecidas del campo sirio, aunque les delataba su desparpajo, ya que no tenían ningún rubor en ser fotografiados por los invitados extranjeros.

Sus padres les instigaban a gritar el nombre de Asad, escena que era observada de manera entusiasta por los oficiales rusos y numerosos milicianos sirios armados hasta los dientes.

Los únicos que mantenían la calma eran los mayores, muchos de ellos vestidos con túnicas, que permanecían sentados en bancos de madera al estilo árabe con un cigarro o un café en la mano.

El jolgorio se terminó en cuanto los militares rusos abrieron los dos camiones que trajeron desde la base rusa de Hamimin en Latakia con alimentos de primera necesidad, desde pan a galletas, bocadillos o harina.

Los niños más hambrientos no podían esperar y se zampaban en un santiamén los bocadillos que les entregaban los soldados rusos, mientras otros portaban la comida en sus cabezas para entregárselo a sus progenitores.

A pesar de la apariencia de miseria de Koukab, un pueblo polvoriento con casas desconchadas, había incontables familias numerosas, una riqueza muy apreciada en esta parte del mundo.

La sensación de muchos reporteros es que el acto de reconciliación parecía poco espontáneo, ya que la gran mayoría de los manifestantes eran niños, y los terroristas no parecían muy arrepentidos de sus actos.

A pesar de que los sirios recibieron a los extranjeros con los brazos abiertos, entre la prensa costaba creer que se animaran espontáneamente a salir a las calles de su localidad con los carteles de Asad en la mano.

Un militar comentó a los reporteros que casi todos los sirios están deseando que la paz vuelva a sus casas tras cinco años de cruenta guerra civil y que sólo unos pocos yihadistas quieren seguir combatiendo.

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