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Mongolia, blindada y expectante ante el mayor evento celebrado en el país

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Mongolia, blindada y expectante ante el mayor evento celebrado en el país

Mongolia, blindada y expectante ante el mayor evento celebrado en el país

Un importante dispositivo de seguridad y las calles semivacías evidencian que hoy no es un día normal para la capital de Mongolia, Ulán Bator, que afronta el reto de hospedar el mayor evento internacional de la historia del país.

Hogar de casi la mitad de la población de Mongolia con menos de un millón y medio de habitantes, Ulán Bator presenta sus amplias avenidas, flanqueadas por edificaciones de estética soviética, sin apenas un alma y algunas cerradas al tráfico, controlado por centenares de policías desde la salida del aeropuerto.

En el aeródromo, nombrado en honor al fundador del imperio mongol (siglos XIII-XIV), Genghis Khan, aterrizan desde ayer y hasta mañana jefes de Estado y de Gobierno de 30 países europeos y 20 asiáticos, así como la plana mayor de la Unión Europea y la ASEAN con motivo de la undécima cumbre Asia-Europa (ASEM).

Un reto para Mongolia, que tiene que mostrar su mejor cara en un momento no muy boyante: de crecer un 17,3 % en 2011, cuando fue el país con la economía más dinámica del mundo, pasó a hacerlo a un 2,3 % en 2015 y se prevé una mayor caída este año por su dependencia de las exportaciones mineras en pleno declive de los precios de las materias primas.

Así, poco después de que el gobernante Partido Demócrata fuese castigado en las elecciones de finales de junio, ante lo que algunos analistas consideran una situación fiscal insostenible, y sin apenas infraestructuras, Mongolia ha sufrido problemas logísticos para sacar adelante la cumbre.

Fuentes diplomáticas aseguran a Efe que la Unión Europea ha ayudado a Mongolia con asistencia logística, financiera y de protocolo, así como con intérpretes para las delegaciones y los alrededor de 800 periodistas acreditados para la cumbre.

Por su parte, la vecina China, cuyo primer ministro, Li Keqiang, está ya en Ulán Bator, ha donado vehículos para trasladar a delegaciones gubernamentales, algunas, como la japonesa, surcoreana o la suya propia, de más de 100 personas.

Pero ni estos obstáculos ni las aparentes dudas sobre la capacidad organizativa de Mongolia parecen llegar a la ciudadanía, más centrada en lo que un evento de tales características pueda suponer para su país.

"Estoy muy entusiasmada... Muchos líderes, periodistas de todo el mundo vienen a nuestra Mongolia y lo conocerán", dice a Efe Nomin, de 24 años y oriunda de Ulán Bator, quien cree que, aunque la cumbre haya supuesto un coste extra para el país cuando hay problemas acuciantes que atender "el resultado será positivo".

"Ayudará a las relaciones exteriores y afectará positivamente al desarrollo de Mongolia y al turismo", puntualiza.

Con unos 380.000 turistas al año, la mayoría provenientes de China, Rusia y Corea del Sur, según el departamento de turismo de la capital, Mongolia tiene aún mucho margen de maniobra para atraer visitantes, opinión que comparte Bat-Orgil, ingeniero de caminos de 28 años.

"El mundo conocerá Mongolia", asegura a Efe el joven en un fluido inglés que afirma haber aprendido por sí mismo a través de internet, el cine y la música.

A su juicio, "eventos como el ASEM traerán más turistas", por lo que no le preocupa si ha supuesto un gasto momentáneo para el país, ya que cree que "sin cosas así, no mucha gente vendría a Mongolia".

Menos optimista se muestra su compatriota Ariun, de edad similar y quien lamenta el vacío absoluto de la cafetería para la que trabaja, rodeada por carreteras cerradas al tráfico. "No tenemos clientes porque no pueden llegar hasta aquí", señala a Efe.

Mungungshagai, gerente de otro restaurante de la capital mongola que tampoco cuenta con un solo comensal, se lo toma mejor y confía, dice a Efe, en que la cumbre "sea buena y traiga clientela".

Parte del vacío de la ciudad se debe también a que la cumbre ha prolongado la fiesta del "Nadaam", que tradicionalmente se celebra del 11 al 13 de julio para rememorar el imperio de Genghis Khan y la independencia de Mongolia, de forma que muchos de sus habitantes siguen de vacaciones en el campo.

La efeméride ha ayudado a que la ciudad esté más tranquila y sea más controlable y, aunque oficialmente acabada, los líderes participantes, entre ellos la canciller alemana, Angela Merkel, o el primer ministro japonés, Shinzo Abe, disfrutarán el fin de semana de un "retiro" que recreará el ancestral festival.

Alojados en un complejo de 53 villas a menos de 20 kilómetros de Ulán Bator, los dirigentes vestirán allí el traje tradicional mongol, una de las fotos más esperadas del evento de Mongolia, que por un día parecerá regresar a su gloriosa época imperial.

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