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La Mouraria lisboeta, del gueto al dilema de la "gentrificación"

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La Mouraria lisboeta, del gueto al dilema de la "gentrificación"

La Mouraria lisboeta, del gueto al dilema de la "gentrificación"

En la céntrica Mouraria, una de las Zonas de Intervención Prioritaria en la rehabilitación de Lisboa, los vecinos señalan que las mejoras han cambiado el rostro del barrio, estigmatizado desde su fundación por los musulmanes hace nueve siglos.

El reto ahora es conseguir un equilibrio entre agentes internos y externos, entre visitantes y moradores de las estrechas y empinadas callejuelas donde nació el fado, en las que se cruzan los autobuses turísticos con furgonetas de reparto de los numerosos comercios regentados por inmigrantes, que representan un porcentaje importante de la población del barrio.

"No hay comparación con antiguamente. El barrio está mucho mejor, más moderno", cuenta a Efe Rosa Portugal, que nació en la Mouraria hace 90 años.

Billy Soares, un brasileño que vive allí desde hace 15, destaca que las mejoras se han notado en casi todos los ámbitos, desde transporte e infraestructuras hasta seguridad.

E Inês Alcántara, una de las fundadoras de la asociación vecinal "Renovar à Mouraria", recuerda que "había una degradación cada vez mayor, a nivel de espacio público y a nivel social. Había drogodependientes por todas partes y jeringuillas en las calles, era un ambiente muy degradado".

Alcántara cuenta con orgullo que la rehabilitación del barrio se ha producido en dos frentes: uno urbanístico y otro comunitario, enfocado a mejorar problemas sociales de la zona.

En los últimos años, el Ayuntamiento lisboeta invirtió en ello unos 6,8 millones de euros (7,6 millones de dólares), de los cuales más de 3 (3,4) proceden del Fondo Europeo para el Desarrollo Regional (FEDER).

La mayor parte de la inversión se destinó a rehabilitar espacios públicos, pero también se han puesto en marcha iniciativas como el "Sitio do Fado", un centro dedicado al género musical portugués por excelencia en la casa donde vivió una de sus intérpretes pioneras, la prostituta Maria Severa Onofriana (1820-1846).

Otro de los proyectos municipales es el Centro de Innovación de la Mouraria (CIM), que pretende ofrecer un espacio a emprendedores jóvenes con proyectos relacionados con las industrias creativas y que se inaugurará en mayo de este año.

Al frente de este centro estará João Meneses, que dirigió el gabinete encargado de coordinar los esfuerzos institucionales con las asociaciones de vecinos durante los primeros años de intervención en la zona.

Según Meneses, la Mouraria reúne todos los requisitos para atraer a la llamada "clase creativa" , -"con formación académica, creativos, que aportan dinamismo y quieren emprender", precisa-, puesto que "tiene alma, tiene fado, tiene multiculturalidad, es un sitio genuino y con personalidad, pero también buscan que sea céntrico y barato".

Considera que la llegada al barrio de estos emprendedores a través del CIM tendrá "un impacto positivo para el territorio" y añade que el centro también acogerá "actividades centradas en la comunidad y abiertas a la participación local".

"Vemos siempre con buenos ojos esa presencia simultánea de agentes internos y externos", concluye.

A pesar de haber asumido las reformas de varios edificios, Meneses explica que el ayuntamiento no puede encargarse de las mejoras de todos los que las necesitan, por lo que se crean incentivos a particulares, desde subir impuestos a los inmuebles en mal estado hasta ofrecer créditos para las obras.

Desde "Renovar a Mouraria", afirman que la atención institucional ha sido muy importante para las mejoras del barrio, pero recalcan que la prioridad debe seguir siendo el interés de los moradores.

Esta organización surgió en 2008, después de que las peticiones de los vecinos hicieran al ayuntamiento comenzar un programa de rehabilitación.

Inês Alcántara cree que "al principio el Ayuntamiento dio el impulso inicial necesario", pero los vecinos seguirán siendo un grupo de presión ante el consistorio respecto a algunas situaciones.

Quizás la que más les preocupa es "la especulación inmobiliaria", explica Alcántara, que cuenta cómo la mayoría de promotores que se interesan por edificios de la Mouraria pretenden utilizarlos para apartamentos turísticos.

El turismo es bueno para el barrio y hace que sus habitantes "sientan orgullo, gusta que haya movimiento en las calles, cosa que antes no ocurría por una cuestión de seguridad", añade.

Sin embargo, no todos los proyectos de rehabilitación pueden estar relacionados con ese sector, porque "las personas necesitan apartamentos, quieren vivir aquí y no hay apartamentos disponibles".

"La cuestión es mantener el equilibrio: que el barrio sea visitado pero que eso no obligue a sus moradores a salir", asegura.

Los primeros resultados visibles de la regeneración de Mouraria comenzaron en 2011 con un proyecto muy simbólico, una declaración de intenciones: las paredes de algunas de sus principales calles se convirtieron en murales que mostraban fotografías de los vecinos de más edad, realizadas como homenaje por la artista Camila Watson.

Años después, la Mouraria aún digiere su nuevo estatus y sigue buscando soluciones para conseguir un complicado equilibrio.

Lucía Rodríguez

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