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Nir Baram muestra en "Las buenas personas" el colaboracionismo con los nazis

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Nir Baram muestra en "Las buenas personas" el colaboracionismo con los nazis

Nir Baram muestra en "Las buenas personas" el colaboracionismo con los nazis

Nir Baram, primer escritor israelí en plantear una novela sobre la Segunda Guerra Mundial desde la óptica de los colaboracionistas con los nazis con su obra "Las buenas personas", considera que la literatura de su país debe abandonar el victimismo y pasar página con el Holocausto.

En una entrevista con Efe, Baram (Jerusalén, 1976) señala que con su novela plantea un cambio de perspectiva: "No hablo tanto de Holocausto, sino de los colaboradores con el régimen, porque ya han pasado varias generaciones y ya no tenemos la necesidad de hablar del Holocausto".

Su intención era "hablar del estado mental, de la conciencia que tenían los que cooperaban con el régimen" y como resultado aparecen "nuevos personajes y una perspectiva fresca sobre un tema tan tratado en la literatura como la Guerra Mundial".

La novela de Baram ha sido bien recibida en Israel, donde hubo un "debate acalorado" y se plantearon muchas preguntas: "esta obra conecta con la literatura israelí que solo habla de Israel a través de las acciones, sean juzgables o no, aunque yo no me pronuncio".

Sin embargo, añade Baram, en cualquier país donde se ha publicado, Italia, Alemania, Holanda, Noruega o Israel, "ha sido leída según sus conflictos actuales y por tanto ha habido distintas lecturas sobre la novela".

Para la escritura de "Las buenas personas" (Alfaguara/Empúries), Baram efectuó un larga investigación histórica, "para mostrar una atmósfera realista, completada con viajes a los lugares en los que sucede la acción como Brest-Litovsk, San Petersburgo, Lublin y Varsovia", sin embargo no intentó "imitar la realidad" y los personajes protagonistas "son totalmente inventados igual que sus cargos en el régimen".

"Las buenas personas" está ambientada en la Europa de 1938, donde Thomas Heiselberg se ve forzado a abandonar una prometedora carrera en una empresa estadounidense y trabajar para la maquinaria nazi en Polonia.

Al mismo tiempo, en Leningrado, Aleksandra Weissberg, hija de un intelectual judío, debe elegir entre traicionar a sus padres, a quienes cree condenados sin remedio, o poner en juego su propia vida y la de sus hermanos pequeños, y accede a implicarse con el Comisionado del Pueblo para Asuntos Internos de Stalin.

Para Baram, lo interesante de los personajes es que tengan "una combinación de rasgos atípica, de manera que el lector se pueda tanto identificar con ellos como que les cause repulsa".

Thomas Heiselberg es, a decir del autor, "el maestro de las máscaras, de las maniobras", y Aleksandra es "más sofisticada, más reflexiva, más culta, le interesa más la literatura".

Admite Baram que hay vínculos entre su libro y "Las benévolas" de Jonathan Little, si bien "él muestra el lado más perverso del líder nazi y yo -apunta- describo al ciudadano normal, a la burguesía, que cooperaba con el régimen".

Como ha sucedido en otros lugares, en los que los jóvenes escritores 'matan' a sus padres literarios, Baram se siente de "una nueva generación que hemos leído más literatura que ellos, hemos leído incluso ciencia ficción y nos interesan muchas otras cosas distintas de la historia de Israel".

Opina el autor israelí que el principal problema que arrastra la literatura de su país es esa tradición que obligaba "escribir sobre el pasado y de manera realista".

El propio Baram piensa que "también se puede abordar la realidad desde la ciencia ficción o desde la literatura fantástica".

Admite Baram que el "victimismo" ha sido el principal problema no solo de la literatura israelí sino también del país: "esa mentalidad victimista ha existido y existe todavía, en la sociedad, en su literatura, en el sistema educativo, algo que no comparto, porque creo en la responsabilidad y no en el victimismo", afirma.

Quiere ser optimista y pensar que algo está cambiando en su país -"Auschwitz fue ayer, es el pasado", reclama- y las protestas y manifestaciones masivas de 2011 cambiaron el discurso económico del país y demostraron que las nuevas generaciones están dispuestas a cambiar".

Preguntado por el conflicto palestino-israelí, Baram rechaza la palabra conflicto y prefiere decir que "es la ocupación lo que tiene que acabar".

Como síntoma de ese cambio de mentalidad, el autor israelí ya prepara su nueva novela que "hablará de la globalización en los últimos 30 años y que transcurrirá en lugares tan distantes y diferentes como Bolivia, Congo, Ruanda, Estados Unidos, Gran Bretaña o Israel.

En este libro, Baram novela una hipotética huelga global secundada por 1.000 millones de personas que pretende colapsar el capitalismo.

Jose Oliva

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