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Le Pen lanza la campaña de la ultraderecha francesa a las municipales de 2014

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Le Pen lanza la campaña de la ultraderecha francesa a las municipales de 2014

Le Pen lanza la campaña de la ultraderecha francesa a las municipales de 2014

La presidenta del Frente Nacional (FN) francés, Marine Le Pen, lanzó hoy su campaña a las elecciones municipales de 2014, en las que esa formación de extrema derecha, que actualmente no gobierna ningún municipio, aspira a multiplicar por diez su número de concejales.

"Tendremos muchos cargos electos", dijo Le Pen en el escenario de un palacio de congresos en París desde el que se dirigió a unos 1.500 militantes y futuros candidatos de un partido que espera pasar de menos de un centenar de concejales a cerca de un millar entre los más de 35.000 municipios de Francia.

Con el Gobierno socialista en cotas de popularidad históricamente bajas y la oposición conservadora dividida en torno a quién debe liderar la Unión por un Movimiento Popular (UMP), la extrema derecha espera aprovechar su buen momento de forma en los sondeos para el asalto a las alcaldías en las urnas los próximos 23 y 30 de marzo.

Le Pen, que convirtió hoy a su partido en el primero en lanzarse a la campaña municipal, volvió a pedir elecciones legislativas anticipadas pues considera que el Ejecutivo no goza ya de "ninguna legitimidad" ni "autoridad".

La excandidata presidencial, que logró el 17,9 por ciento de los votos en las presidenciales de 2012, aseguró que sus eventuales alcaldías "no serán escaparates ni laboratorios" y que regirían los consistorios con "más respeto por el dinero público".

Dijo que su partido ha aprendido de los errores que cometió en los años noventa, cuando los escándalos de corrupción y las divisiones internas marcaron su gestión al frente de cuatro los ayuntamientos que gobernaron (Toulon, Vitrolles, Marignane y Orange), y está listo para apuntarse un éxito en las urnas.

No obstante, evitó fijar objetivos concretos para el Frente Nacional. Ni reveló cuántos municipios esperan gobernar ni en cuantos lograrán reunir suficientes apoyos para presentar candidatos.

Reforzar la policía municipal, bajar los impuestos locales y hacer "respetar el laicismo" en piscinas y colegios son algunas de los ejes de la campaña que avanzó hoy la candidata de extrema derecha, que ha hecho de la inmigración y la seguridad dos de sus temas estrella.

Se trata del mismo mensaje con el que el FN certificó su progresión en pasado octubre, al lograr el control de un segundo cantón tras imponerse en las elecciones en Brignoles, una pequeña localidad del sureste de Francia castigada por la crisis económica.

Le Pen busca convertir los comicios de marzo en un trampolín para elecciones al Parlamento Europeo (PE) del próximo mayo, en las que formará un frente euroescéptico junto con el Partido holandés para la Libertad (PVV), y en una plataforma para lanzarse en 2017 a la conquista de la Presidencia francesa, tras un resultado récord en 2012.

Según un sondeo publicado a inicios del pasado mes de octubre por la revista "Le Nouvel Observateur", el 24 por ciento de los franceses estaría dispuesto a votar por el Frente Nacional, aunque un 69 % declara que nunca elegiría la papeleta "frontista".

Donde más apoyos recaba la ultraderecha francesa, según esa encuesta elaborada por teléfono sobre una muestra de 964 personas, es entre los obreros (35 %), los asalariados (35%) y quienes viven en hogares con ingresos mensuales inferiores a 1.000 euros (32 %).

Marine Le Pen cuenta con lograr un buen resultado en Breataña (oeste), tierra natal de su padre y fundador del partido, Jean-Marie Le Pen, y región donde ese partido logró un 13,24 por ciento de los votos en las elecciones presidenciales de mayo de 2012.

"Es un territorio que ha sufrido durante mucho tiempo la violencia del paro, de la inmigración y la explosión de la inseguridad, declaró hoy Le Pen en una entrevista en los micrófonos de "LCI".

Bretaña, especialmente azotada por la crisis, es una de las zonas de Francia donde el descontento con el presidente, François Hollande, y con el Gobierno del primer ministro, el socialista Jean-Marc Ayrault, se ha hecho más visible, a través de las protestas de los "bonetes rojos".

Ataviados con gorros rojos, símbolo de una protesta fiscal en la región en el siglo XVII de la que se dicen herederos, quienes se identifican con este heterogéneo movimiento bretón ha protagonizado una oleada de manifestaciones contra el Ejecutivo y contra el presidente de Francia, François Hollande.

Prueba del tirón popular del que han gozado brevemente es el hecho de que el Gobierno haya decidido suspender "sine die" la llamada "ecotasa", un impuesto especial al transporte de mercancías por carretera que debía aplicarse a partir de 2014.

Por su parte, el candidato "frontista" a la alcaldía de París, Wallerand de Saint-Just, arremetió contra la "inacción de las hermanas gemelas" que competirán por el consistorio parisino desde al Partido Socialista (PS), Anne Hidalgo, y desde la conservadora Unión por un Movimiento Popular (UMP), Nathalie Kosciusko-Morizet.

"Los parisinos, como los franceses, están ahogados entre el martillo fiscal y el yunque de la delincuencia", lanzó desde el estrado De Saint-Just, que solo cuenta con un 8 % de intención de voto, según una encuesta publicada el pasado octubre, pero que podría resultar decisivo para inclinar la balanza en la segunda vuelta.

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