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Pixies imparte en Madrid una lección de historia viva

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Pixies imparte en Madrid una lección de historia viva

Pixies imparte en Madrid una lección de historia viva

Lección de historia musical la que han impartido esta noche la banda estadounidense Pixis en Madrid ante un par de miles de madrileños talluditos, deseosos de recuperar en tiempo presente un legado ninguneado hace 25 años por las listas de éxitos, pero que se convirtió en el barro que moldearía a Nirvana.

Alabados por músicos ilustres como David Bowie, la suya es una trayectoria larga y tan discontinua como el cauce del río Guadiana. Ante esa imprevisibilidad de sus apariciones, el público de la capital respondió agotando las entradas para asistir tanto a esta clase magistral como a la reválida que estos precursores del grunge y el rock alternativo ofrecerán mañana de nuevo en La Riviera.

Su llegada a Madrid, única ciudad española en la que tocarán esta vez, se produce además en un momento muy particular, tras la reciente salida de uno de sus más importantes valores, la bajista Kim Deal, poniendo fin a más de dos décadas de tensiones internas que varias veces desembocaron en largas pausas y desbandadas de sus miembros hacia proyectos personales.

De "Caribou", el primer corte del primer EP de su carrera ("Come On Pilgrim", 1987), a "Bagboy", su último y reciente sencillo, el grupo de Black Francis ha ofrecido una velada completa en cuanto al repaso de sus diversas etapas, incluido "EP1" (2013), su primer material inédito en más de dos décadas.

La banda de Boston no ha echado el freno prácticamente ni un momento durante la hora y media larga de concierto, pero el nivel de energía ha oscilado tanto como sus históricas idas y venidas, alternándose tiempos planos y otros álgidos, conforme a la irrupción racheada de sus temas más famosos, como "Here comes the man" o "Where is my mind?".

De sus prometedores comienzos llenos de referencias bíblicas y sonido experimental han sonado, por ejemplo, "The holiday song" y "Nimrod's son", las primeras en prender la tarima, cargando de suciedad la ya de por si turbia acústica de La Riviera, que por una vez jugaba a favor del estilo de la banda protagonista.

Y es que Pixies, como bisagra imprescindible entre el rock ochentero y el salto al grunge de los noventa, definieron una marca propia que conjugaba suaves melodías con explosivos estribillos de distorsión guitarrera, entremezclados con los gritos desaforados de su vocalista.

El público de Madrid ha disfrutado esa faceta de su carrera y también esa otra preñada de aire retro, como en "Here comes the man", donde se aprecia claramente que Pixies fueron igualmente clave para la gestación de bandas como Weezer.

Los Ramones, AC/DC, Beatles y un toque de country a lo Jesus & Mary Chain, todo cabe en la idiosincrasia de este grupo que alcanzó sus mejores ventas con "Doolittle" (1989), su segundo álbum, en el que se incluía la canción "Debaser", oda a la película surrealista de Luis Buñuel y Salvador Dalí "Un perro andaluz".

El grupo evolucionaría en el posterior "Bossanova" (1990) hacia temáticas más futuristas (de él han tocado, por ejemplo, "Velouria") y en "Trompe le Monde" (1991) coquetearían con el sonido del heavy metal, como se ha apreciado esta noche en la potencia de "U-Mass".

"Is she weird", "Vamos" (con sus pasajes en español), "Havalina" o "In heaven" también han sonado hoy, poco antes de "Where is my mind?" y sus guitarras borrachas, en uno de los momentos más coreados de la noche, en parte por su recuperación para la banda sonora de la película "El club de la lucha".

Poco más quedaba que contar. Después de "Caribou" y un breve saludo con la mano por parte de Francis en el mayor gesto de empatía del que ha sido capaz esta noche, han llegado los bises, en los que ha destacado "Gouge away". A casa, que mañana es viernes, y todavía hay clase que impartir.

Javier Herrero.

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