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"Quiero encontrarlo y descansar", el drama de la desaparición en Colombia

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"Quiero encontrarlo y descansar", el drama de la desaparición en Colombia

"Quiero encontrarlo y descansar", el drama de la desaparición en Colombia

El hermano de Pedro es uno más entre los decenas de miles de desaparecidos que hay en Colombia; su drama comenzó hace catorce años y ahora, que parece que ya está cerca de encontrarlo, desea poder identificarlo y descansar después de casi tres lustros.

"A ver si podemos descansar un poquito", explica a Efe Pedro (nombre ficticio) que vive en la región del Catatumbo, una zona donde la paz todavía es un sueño lejano, azotada por el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y, sobre todo, el Ejército Popular de Liberación (EPL), un grupo armado que dejó atrás toda ideología y se dedica por completo al narcotráfico aunque mantiene la fachada.

Tan presente está el conflicto que Pedro no da la cara ni el nombre por temor a represalias, ni siquiera puede decir cuál grupo de los que operan o ya se retiraron de la zona se lo llevó.

"Hace catorce años, se llevaron a mi hermano. Un grupo llegó a la finca y se lo llevó. Ellos dijeron que volvía pero pasado un tiempo no volvió y nosotros lo buscamos pero no dimos con él", explica.

Con las palabras atrapadas en la garganta añade: "No se puede denunciar la desaparición porque le puede ocurrir a uno lo mismo".

Apenas con salir de su casa, donde sólo se puede grabar la conversación en un lugar en que no escuchan los vecinos, se entienden sus miedos: La policía ya volvió a su pueblo, Las Mercedes, pero sigue atrincherada en búnkers de los que a duras penas salen.

Alrededor, en las montañas que circundan el pueblo de unos 7.000 habitantes están apostados los hombres del EPL, muchos de los cuales hacen temblar a la población y los agentes con sus rifles de precisión telescópica.

Por eso, las víctimas del conflicto tienen que bajar la voz incluso para un acto tan sencillo como el de recordar a un hermano desaparecido o explicar los últimos avances en la identificación de su cuerpo.

"A él no le habían dicho nada, nunca hubo una explicación, no supimos por qué, no le había llegado ninguna amenaza", asegura Pedro reiterando las preguntas que lleva catorce años haciéndose en voz baja y entre los amigos de más confianza.

Su hermano es una de las cerca de 87.000 personas que figuran como desaparecidas en Colombia, si bien es una cifra que podría elevarse en zonas como las del Catatumbo, donde incluso poner una denuncia es una quimera.

Tras saber lo que había sucedido, Pedro confiesa que sufrió "una ira tremenda".

"Cuando me llevaron la razón (de que habían desaparecido a su hermano) me sentía como en las nubes porque no tenía ninguna explicación de por qué", comenta con el miedo y el odio mezclados en el vocabulario de un campesino que a duras penas ha tenido acceso a la educación y se expresa con las palabras más llanas.

"En el momento, como hermano, no puse ninguna denuncia. La señora de él fue a la Fiscalía a ver si le prestaban ayuda pero no llegó", agrega Pedro.

El drama de su cuñada es aún peor, tras perder a su marido quedó sola con ocho hijos. Sin esposo ni cadáver perdió el acceso a las tierras que trabajaban y ahora espera "al menos tener acceso a los bienes que tenía".

Pedro explica que ella "siempre ha andado por allá (...) en vueltas a ver si el Gobierno podía ayudarlo", pero al no aparecer quedó sin ningún tipo de apoyo.

Sin embargo, la suerte parece que se le ha aparecido en forma de un vecino cazador.

"Un amigo iba de cacería por allá miró un 'escarbado' y dijo que era él. Al tiempo nos dijo que iba pasando, por casualidad miró y vio la cédula de él", explica.

Habían pasado catorce años y la sepultura estaba medio oculta bajo el pasto, pero pudieron iniciar las labores de identificación gracias al Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), los únicos a quien pueden acudir en una región como esta para pedir ayuda.

"Es un proceso largo, tuvimos un diálogo con una doctora italiana del CICR y tuvimos un proceso largo", explica Pedro con un esbozo de sonrisa tras haber conseguido que comenzaran las pruebas forenses para identificar el que parece ser el cuerpo de su hermano.

Las pruebas forenses ya están en marcha y la familia comienza a ver la luz al final de túnel, ya se imaginan cómo le harán una última despedida digna. Aunque no puedan contárselo a sus vecinos.

Gonzalo Domínguez Loeda

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