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Raoul Peck asegura que no cree "en la facultad revolucionaria del cine"

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Raoul Peck asegura que no cree "en la facultad revolucionaria del cine"

Raoul Peck asegura que no cree "en la facultad revolucionaria del cine"

El director haitiano Raoul Peck, que con obras como "Assistance mortelle" o "Lumumba" ha elegido siempre una temática que pone el dedo en la llaga de la realidad social, reconoció hoy que aunque el cine puede hacer reflexionar, "hay mejores maneras de transmitir un mensaje".

"No creo que una película pueda cambiar el mundo. Puede cambiar a un individuo. A mí me ha cambiado, he aprendido mucho del cine, pero no creo en su facultad revolucionaria", indicó el realizador en entrevista con EFE.

Peck, que en esta 66 edición del Festival de Cannes apadrina el proyecto Cines del Mundo, destinado a ayudar a la puesta en marcha de películas de países con herramientas de creación frágiles, añadió que, si algún largometraje ha conseguido servir de catalizador, es porque "había un contexto de cambio y de resistencia" previo.

Su filmografía incluye títulos que han abordado desde la historia del asesinato del primer presidente democráticamente electo en la República del Congo, Patrice Lumumba, hasta los fallos de la ayuda humanitaria, y con ella, según destaca, ha intentado "captar una realidad" y ofrecer "una mejor comprensión del mundo".

Busca hacer películas que le permitan "poder mirar a la gente a los ojos", y difícilmente se le verá al frente de una comedia romántica, no porque no las disfrute como espectador, sino porque no le merece la pena invertir "hasta cinco años de vida" en un proyecto que solo haga reír.

"Cuando vienes de territorios no privilegiados, donde hacer una película es un milagro, creo que no puedes desaprovechar la oportunidad de rodar una y hacer solo entretenimiento", indica el también exministro de Cultura de Haití.

Sentado en una de las carpas que durante el festival brotan en la famosa Croisette, el director se considera privilegiado por trabajar en un oficio de su elección, pero desmitifica el sector y ofrece como primera recomendación el huir de los consejos ajenos.

"Cada película es una aventura particular que hay que inventar al hacerla. No hay fórmula mágica, una solución válida para todos. Cada uno debe ser responsable de su propio recorrido", añade Peck, para quien con este rol de padrino aspira principalmente a facilitar los intercambios y acompañar el nacimiento de nuevos proyectos.

Su próxima obra, que se encuentra en fase de preproducción, será "Le jeune Karl Marx", sobre tres jóvenes "que han crecido en un momento donde en Europa había censura y que a través de la filosofía, la política y la Historia (...) deciden cambiar el mundo y consiguen hacerlo".

En la vida real, según relata, en la industria cinematográfica hace falta algo más que buenas intenciones para sacar adelante una iniciativa, y en esa línea el rol que juegan las instituciones adquieren a su juicio un papel crucial.

"No lo son todo, pero permiten establecer un marco de referencia que permita proteger al cine más débil, a todo lo que no es directamente comercial", explica Peck, en cuya opinión vivimos en un mundo donde no es evidente que "lo más radical o crítico" encuentre en inversor.

Y, si el Gobierno de los respectivos abogan por otras prioridades, le corresponde a la ciudadanía, según él, poner a cada uno en su lugar.

"Los políticos tienen tendencia a no ver la cultura como una prioridad, pero lo es, a su pesar. A menudo se dan cuenta cuando es muy tarde, pero la población y la sociedad civil -concluye el realizador- están allí para recordarles que es importante".

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