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Rivlin "bendice" la liberación del espía Pollard tras 30 años de prisión en EEUU

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El espía estadounidense judío Jonatan Pollard sale de la cárcel tras 30 años

El espía estadounidense judío Jonatan Pollard sale de la cárcel tras 30 años

El presidente israelí, Reuvén Rivlín, bendijo hoy la liberación del espía estadounidense-israelí Jonathan Pollard, que salió hoy de prisión tras cumplir una pena de 30 años por espionaje y traición por vender información de seguridad en la década de los ochenta.

"Bendito es aquel que libera a los presos. Ofrecemos bendiciones por la liberación de Jonathan Pollard, después de muchos largos y difíciles años de encarcelamiento", dijo el jefe del Estado, en un comunicado.

"Durante años hemos sentido el dolor de Jonathan y nos hemos sentido responsables y obligados a verle salir en libertad. Hoy, felicitamos a Jonathan y a su familia por su reunificación y rezamos para que tenga muchos años de felicidad, salud y armonía", se añade en la nota.

Pollard, de 60 años, salió hoy de una cárcel federal de Carolina del Norte, tras años de luchas legales y de presiones de las autoridades israelíes para lograr un indulto que nunca se consiguió, pese a las peticiones de todos los primeros ministros israelíes desde Isaac Rabin (1992-95).

Fue detenido el 21 de noviembre de 1985 cuando trataba de refugiarse junto a su entonces esposa, Anne Pollard, en la embajada israelí en Washington, donde los guardias de seguridad le rechazaron cuando llegó en coche a la entrada.

Dos años más tarde y tras su confesión, se le condenó a cadena perpetua por vender por 45.000 dólares miles de documentos y fotografías satélites con información armamentística y de seguridad sobre países de Oriente Medio, que obtuvo durante su trabajo como analista de Inteligencia de la Marina estadounidense, sobre el que también vendió información clasificada.

Según el diario israelí Haaretz, las condiciones de la libertad condicional anticipada le prohíben viajar a Israel, salir del área de Nueva York donde ha elegido vivir, conceder entrevistas e incluso utilizar internet.

El caso provocó una gran conmoción en EEUU en los años ochenta, por el escándalo que suponía que un país socio al que se daba enorme apoyo militar y político tuviese un agente infiltrado y, también, generó un fuerte rechazo entre la comunidad judía estadounidense, que temió ver cuestionada su lealtad al país.

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