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Sánchez admitió a los suyos que tenía que haber actuado antes, pero a Gómez se le daban 'señales' desde hacía meses

Miembros de la Ejecutiva destacan que ha logrado lo que intentaron tanto Zapatero como Rubalcaba

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Sánchez admitió a los suyos que tenía que haber actuado antes, pero a Gómez se le daban 'señales' desde hacía meses

El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, admitió ante los suyos que tenía que haber actuado antes en el PSM, aunque esperaba que fuera el hasta entonces líder de los socialistas madrileños, Tomás Gómez, quien diera un paso atrás, un movimiento al que se le estaba animando desde hacía meses.

Según han indicado varios asistentes a la reunión de la Comisión Permanente de la Ejecutiva Federal que adoptó la decisión de suspender los órganos de dirección y control del PSM, el secretario general reconoció que debía haber dado este paso hacía tiempo.

Sin embargo, hasta el último momento trató de que fuera Gómez el que entendiera y aceptara que su candidatura no era la mejor para la Comunidad de Madrid, dada la situación del PSM. Así se lo transmitió al hasta ese momento líder de los socialistas madrileños en la tensa conversación que tuvieron al filo de las 11.00 horas.

Según fuentes conocedoras de esta llamada teléfonica, Sánchez pidió a Gómez que diera "un paso atrás", a lo que Gómez se negó. En ese punto, el secretario general le avisó de que tomaría sus decisiones correspondientes.

Y, de esta manera, siguió adelante con la opción que venía barajando y que ya había compartido con miembros de su equipo más cercano y con algunos dirigentes territoriales y al que ya se venía apuntando desde hacía tiempo.

Según fuentes de la dirección socialista, a Gómez se le estaban enviando 'señales' para que reconsidera su posición desde el verano, poco después de que Sánchez se hiciera con las riendas del PSOE. Desde entonces, apuntan, ha continuado el "goteo" de informaciones y hechos que han contribuido en esa "mala imagen" e "inestabilidad" del partido que han alegado para disolver la Ejecutiva de Gómez.

En esta decisión han pesado los motivos electorales --Ferraz ha querido evitar un batacazo en mayo-- pero también el temor a que una "información fatal", como ha dicho hoy en secretario de Organización, César Luena, en RNE, a pocas semanas de las elecciones.

Con este panorama, Sánchez decidió seguir adelante, aun siendo consciente de que el movimiento podría no ser acogido con entusiasmo por todas las federaciones, porque consideraba que era necesario actuar.

"Había que dar un golpe de autoridad", defiende una dirigente de la Ejecutiva Federal. Otro miembro de la dirección socialista ha recalcado que el hecho de que otras Ejecutivas anteriores no hayan tomado esta decisión, no implica que esta no pueda hacerlo.

De hecho, recuerdan que tanto José Luis Rodríguez Zapatero como Alfredo Pérez Rubalcaba trataron de apartar a Tomás Gómez, sin conseguirlo. Y ahora, recalcan, lo ha conseguido Sánchez, cumpliendo su compromiso de buscar la "ejemplaridad".

TODOS COINCIDEN EN LA DIFÍCIL SITUACIÓN DE GÓMEZ

Incluso en los sectores del PSOE más alejados de Sánchez se comparte el convencimiento de que la situación de Gómez era complicada y que las perspectivas de su candidatura --teniendo en cuenta que bajo su batuta el PSME ha ido acumulando los peores resultados de su historia en cada una de las citas electorales-- eran muy negras.

Con todo, sí cuestionan las formas de la disolución e incluso el momento, que algunos atribuyen a un intento de dejar a Andalucía al margen de esta situación. Con unas elecciones el 22 de marzo, la posición de la presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, es complicada.

Todos coinciden, y así se apunta desde la dirección del PSOE, en que a Díaz no le interesa verse salpicada por este asunto. Por el momento, la secretaria general de la todopoderosa federación andaluza no se ha pronunciado sobre este asunto.

Sí ha servido para evidenciar una vez más la frialdad de las relaciones entre Díaz y Sánchez, aunque ambos lo nieguen en público. El secretario general del PSOE no habló personalmente con la presidenta andaluza antes de que trascendiera su decisión sobre el PSM, ni antes de que se reuniera la Permanente de la Ejecutiva, un encuentro en el que no estuvieron sus dos personas de confianza: la presidenta, Micaela Navarro, y el número tres, Antonio Pradas.

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