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Sara Netanyahu, ¿la esposa de primer ministro con peor prensa?

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Sara Netanyahu, ¿la esposa de primer ministro con peor prensa?

Sara Netanyahu, ¿la esposa de primer ministro con peor prensa?

Sara Netanyahu está sin duda entre las esposas de primer ministro que gozan de peor prensa. Los medios han pintado en los últimos años una imagen de ella como mujer irascible, que exige regalos caros y abusa del alcohol, acusaciones que ella y su marido rechazan.

Ayer acudió junto a Benjamín Netanyahu a un tribunal tras denunciar por difamación a un periodista que la acusó de parar una caravana oficial para echar a gritos del coche en medio de la oscuridad al jefe del Gobierno, algo que estos niegan que ocurriera.

El reportero Igal Sarna, que hizo el comentario en su página de Facebook, no ha sido el único que ha trasladado a la opinión pública una visión preocupante de esta mujer.

En los últimos años, los escándalos en prensa que la tienen como protagonista se suceden y varios casos han llegado a los tribunales.

Tanto periodistas como exempleados la han acusado de maltrato, abuso, y, también, de escándalos económicos, algunos importantes y otros triviales pero bochornosos, que han contribuido a construir una imagen autoritaria y desagradable de esta psicóloga y trabajadora social.

Los Netanyahu niegan todas las acusaciones, que atribuyen a un intento de utilizar a la esposa para manchar la imagen del jefe del Ejecutivo.

Uno de los últimos escándalos es el de los supuestos regalos valorados en más de 125.000 euros que el productor de Hollywood Arnon Milchan habría hecho a la pareja, en ocasiones por expresa demanda de sus asistentes personales.

Sara sufrió un interrogatorio policial de once horas en enero a cuenta de los lujosos obsequios, entre ellos carísimos puros y champán rosa, supuestamente para ella.

Según el diario "Haaretz", Milchan reconoció a la policía que agasajaba regularmente a la pareja y declaró que alguna de las demandas le "puso enfermo".

En el último cumpleaños de Sara, Milchan le entregó joyas por valor de 2.700 dólares y, según el Canal 2 israelí, no era la primera ocasión, ya que en 2004 ella pidió y recibió del empresario una pulsera y un collar de 8.600 dólares.

"Haaretz" asegura que los testigos dibujan un patrón de pedir regalos que aleja los hechos del inocente intercambio espontáneo y que los empleados de la pareja utilizaban palabras clave para pedir los bienes deseados, como "rosas", para el champán, u "hojas", para los habanos.

Los Netanyahu defienden que los regalos son normales entre amigos y argumentan que ellos también obsequiaban a los Milchan y que "todo se hizo con un meticuloso cumplimiento de la ley".

Pero se estudia si Milchan recibió contrapartidas y, en concreto, si el primer ministro medió para que EEUU le concediese un visado de diez años, privilegio que había perdido.

Los pequeños escándalos domésticos han contribuido a difundir una mala imagen de Sara, sobre todo a raíz del informe del interventor del Estado de 2015, que denunció un "notorio despilfarro" en los gastos públicos de la residencia oficial y posibles delitos de apropiación indebida, entre ellos el intercambio de muebles nuevos de la residencia oficial por viejos de la residencia privada.

También constató que Sara se quedaba con el dinero reembolsado por devolver miles de envases de bebidas compradas con dinero público.

Varias de las acusaciones tuvieron su origen en el testimonio del exmayordomo de la familia Meni Neftalí, que les había demandado por despido improcedente y acusaba a Sara de maltrato y de crear un clima irrespirable en la residencia por "su imprudente comportamiento, exigiendo a los empleados servicios personales día y noche y haciendo demandas disparatadas, acompañadas del menosprecio".

Declaró que su exempleadora llegaba a beber hasta tres botellas de champán diarias y que en una ocasión le despertó por teléfono a las tres de la madrugada para gritarle por haber comprado leche en bolsa en lugar de en tetra-brik.

Una actitud que también denunció otro empleado de la residencia, Guy Eliyahu, que la acusó de malos tratos y aseguró que le llamaba habitualmente a su domicilio fuera del horario laboral para temas nimios y que prolongaba sus jornadas hasta 19 horas sin más objeto que el de darles las buenas noches o calentar un tazón de sopa.

Eliyahu señaló que los "mensajes de abuso e insultos eran rutina e inspiraban miedo entre los trabajadores".

Años antes una empleada de su hogar particular, Lilian Peretz, también la demandó por trato despótico y humillante y por no pagarle el salario mínimo obligatorio, el finiquito ni las vacaciones.

La contratación de chefs particulares, la compra de opulentos almuerzos y postres o la contratación de servicios a cargo del erario público (incluido un cuidador para su anciano padre) de forma inadecuada son otros de los comportamientos que los medios atribuyen a esta controvertida figura.

Por Ana Cárdenes

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