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La Tarasca viste colores flúor para el desfile que marca el Corpus granadino

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La Tarasca viste colores flúor para el desfile que marca el Corpus granadino

La Tarasca viste colores flúor para el desfile que marca el Corpus granadino

Como si de un Día de la Marmota "cañí" se tratara y pese a repetirse desde hace décadas, la popular procesión de la Tarasca despierta gran interés y congrega cada año a miles de personas en Granada, que acompañan a un particular maniquí sobre un dragón, que en esta ocasión sigue la tendencia de la moda del flúor.

La arraigada tradición, especialmente llamativa para los turistas foráneos y los escolares que incluso interrumpen sus clases, se renueva cada feria, cuando se estrenan diseños -acompañados de una cuidada peluquería y maquillaje- que visten la esbelta figura femenina y que casi nunca dejan indiferente a nadie.

El "honor" de arreglar al afamado maniquí ha correspondido este año al granadino Francisco de Borja Rodríguez, conocido como "Pacobo" y dedicado al mundo del diseño de moda y la alta costura desde hace 20 años, junto a Concepción González, promotora del grupo Insua y encargada por su parte del peinado y el maquillaje.

Antes de que comenzara la esperada procesión, el propio diseñador ha explicado a los periodistas que se ha inspirado en una flor para vestir a la Tarasca, a la que -ha añadido- "no le pegaba algo normal" y merecía "algo especial, festivo" para el evento y acorde a las actuales tendencias.

Con un tejido "crepé" acompañado de un encaje de "guipur" y gasa, el maniquí luce un vestido de color carne ("nude") y tonos verde flúor de moda a la altura de la cintura, mientras que en la cabeza tiene el pelo semirrecogido en una trenza "un poco desestructurada" en tonos marrones "metalizados".

También lleva una de las muñecas adornada con un prendido, que usa los mismos tejidos que el traje y orquídea natural, en tonos lima también flúor que, según sus diseñadores, le otorgan un toque "distinguido y elegante".

En la calle, donde miles de personas han acompañado a la conocida como "la pública de las fiestas", que cada año aspira a marcar tendencia en moda y cuyo traje se convierte "en el secreto mejor guardado", los piropos y las críticas no se hacían esperar.

"Me parece que va muy guapa, monísima", destacaba a su paso una señora, aunque su marido parecía opinar de forma bien diferente: "No entiendo lo que lleva en la cintura, parece un flotador de lechugas o aguacates".

La Tarasca, imagen mitológica tomada de primitivas religiones que simboliza el triunfo de la belleza sobre lo monstruoso, representa sin duda el contrapunto pagano a la fiesta religiosa que mañana también llevará a la calle a miles de ciudadanos con la celebración del Corpus Christi.

Su procesión, en la que va acompañada de cabezudos y charangas, es una tradición originaria de la ciudad francesa de Tarascón, aunque su evolución se pierde en las representaciones teatrales medievales y en los cortejos públicos que servían de adoctrinamiento religioso al pueblo.

Roberto Ruiz Oliva

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