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La situación de los rohinyás en Bangladesh es desesperada tras un mes de crisis

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La suerte de los 436.000 rohinyás huidos a Bangladesh por la ola de violencia en Birmania (Myanmar) no ha mejorado, cuando se cumple un mes del estallido de la crisis de refugiados, y su situación se ha convertido en "desesperada" y puede empeorar, según el Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados.

"Su situación sigue siendo desesperada, y nos arriesgamos a un deterioro dramático si la ayuda no se intensifica rápidamente", alertó hoy en rueda de prensa en Dacca el máximo representante de Acnur, Filippo Grandi, quien visitó este fin de semana los precarios y superpoblados campamentos rohinyás instalados en el sureste de Bangladesh.

Para evitar el empeoramiento de las ya extremas condiciones de las decenas de miles de rohinyás llegados a Bangladesh, Grandi pidió un refuerzo de la ayuda humanitaria: "Se necesita más, y rápido, si queremos evitar un mayor deterioro".

El responsable de Acnur aseguró que encontró personas "profundamente traumatizadas" y expuestas aún a "enormes dificultades" en el campamento de Kutupalong, uno de los más grandes y poblados.

"Han visto aldeas arder, a familias tiroteadas o muertas a machetazos, mujeres y chicas que han sido brutalmente tratadas. A muchos de ellos les gustaría volver a casa, pero para eso es necesario el fin de la violencia", dijo.

Grandi señaló que "la solución a la crisis" pasa por Birmania y pronosticó que la estancia de los miembros de los rohinyás en Bangladesh va a alargarse, mientras que el Gobierno de Dacca se plantea recluirlos en una isla.

"Es posible que estas personas no puedan regresar muy rápidamente y, sobre todo ahora que la población de refugiados se ha duplicado, necesitamos buscar soluciones provisionales para apoyarles", añadió.

El comisionado señaló que, pese a los esfuerzos, la llegada de cientos de miles de personas a territorio bangladeshí en apenas cuatro semanas "ha sobrepasado la capacidad de respuesta" y agregó que el registro de refugiados será "crucial".

En ese sentido también se expresó el coordinador de Emergencias de la organización no gubernamental Médicos Sin Fronteras (MSF), Robert Onus, quien manifestó a Efe que "el déficit absoluto de servicios mínimos básicos se mantiene" en los campos un mes después del inicio de la crisis.

Sin embargo, la situación, explicó, ha mejorado con respecto a hace dos semanas gracias a la ralentización de la llegada de los rohinyás a Bangladesh.

"El flujo ha bajado o casi parado, la situación es un poco más estable, pero el acceso a los servicios todavía no está", detalló, tras señalar que los campos hoy están un poco más organizados que semanas atrás.

Además, la ONG mantiene la alerta ante la posibilidad de que se produzcan en los campamentos una epidemia o crisis de salud, al tratarse de una población que sufre una gran "vulnerabilidad".

"Todavía hay una vulnerabilidad significativa y una importante preocupación de que, sin una mejora rápida de la situación y una rápida ampliación de los servicios (...), aún estamos en riesgo de una epidemia o un gran deterioro de la salud de la población", indicó Onus.

La crisis comenzó exactamente hace un mes, cuando insurgentes rohinyás asaltaron una treintena de puestos policiales y desencadenaron la respuesta contundente de las Fuerzas Armadas birmanas en el estado de Rakhine, en el oeste de ese país.

Anoche, el Ejército birmano denunció en un comunicado el hallazgo de una fosa común con veintiocho cadáveres de miembros de la etnia hindú, entre ellos mujeres y niños, en la región y acusó de la matanza al Ejército de Salvación Rohinyá de Arakan (ARSA).

Desde el inicio de los enfrentamientos, el ARSA y las Fuerzas Armadas birmanas se intercambian acusaciones sobre violaciones de los derechos humanos que no han podido ser verificadas de manera independiente, ya que las autoridades impiden el acceso a medios y organismos internacionales a ese estado.

El Alto Comisionado de la ONU para los derechos humanos, por su parte, calificó días atrás la acción militar de Birmania de "limpieza étnica de libro".

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