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Testigos del ataque al consulado EE.UU. en Libia cuestionan la actuación del Gobierno

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Testigos del ataque al consulado EE.UU. en Libia cuestionan la actuación del Gobierno

Testigos del ataque al consulado EE.UU. en Libia cuestionan la actuación del Gobierno

Tres testigos del asalto al consulado de EE.UU. en Bengasi del 11 de septiembre de 2012, en el que murieron cuatro personas, cuestionaron hoy en una audiencia ante el Congreso la actuación del Gobierno de Barack Obama una vez que fue informado del ataque.

Mark Thompson, asesor de antiterrorismo; Gregory Hicks, exdirector adjunto de la misión en Libia; y Eric Nordstrom, oficial de seguridad diplomática, comparecieron ante el Comité de Supervisión y Reforma Gubernamental de la Cámara de Representantes para dar su versión de lo ocurrido ese 11 de septiembre.

La celebración de esta audiencia fue promovida por los republicanos, que no quedaron satisfechos con la investigación independiente que se realizó y que concluyó que hubo graves fallos de seguridad antes y después del asalto, atribuido al grupo terrorista extremista Ansar al Sharia.

Por su parte, el portavoz de la Casa Blanca, Jay Carney, volvió a acusar hoy en su rueda de prensa diaria a los republicanos de "politizar" el ataque, en el que murieron el entonces embajador estadounidense en Libia, Chris Stevens, y otros tres ciudadanos.

Uno de los testimonios más reveladores de hoy fue el de Hicks, quien contó que desde la embajada en Libia nunca se transmitió a Washington la información de que había una manifestación a las afueras del complejo que derivó en el ataque.

La primera versión de los hechos ofrecida por el Gobierno del presidente Barack Obama fue que una manifestación contra un vídeo que atacaba al islam había estado detrás del asalto.

La embajadora de EE.UU. ante la ONU, Susan Rice, apareció en varios programas de televisión dando esa versión y hoy Hicks admitió que al verla se quedó "de piedra".

Asimismo, Hicks confirmó que un grupo de militares no fue autorizado a viajar de Trípoli a Bengasi porque, según ha sostenido después el Pentágono, no iban a llegar a tiempo y su presencia no hubiera evitado el ataque.

La primera llamada que Hicks recibió de la entonces secretaria de Estado, Hillary Clinton, fue unas cuatro horas después de iniciado el ataque y un poco más tarde las autoridades libias le informaron de que el embajador Stevens estaba muerto en un hospital de Bengasi.

Además, Hicks afirmó hoy que una asesora de Clinton le sugirió que no hablara con los medios ni diera entrevistas sobre lo ocurrido esa noche en Bengasi.

Thompson, por su parte, explicó que se ofreció para hablar con los responsables de la investigación encargada por el Departamento de Estado sobre el asalto pero nunca fue entrevistado.

En cuanto a Nordstrom, hoy reveló que durante el ataque llamó a Washington para pedir autorización para desplegar el Grupo de Apoyo de Emergencia Exterior (FEST, por su sigla en inglés), pero tanto en la Casa Blanca como en el Departamento de Estado le dijeron que había que esperar.

"Una definición de crisis es que no sabes lo que va a pasar en dos horas. Hay que actuar rápido", argumentó el oficial.

Mientras tenía lugar la audiencia en el Congreso, Carney enfatizó que Obama ha trabajado "para asegurarse de que algo similar" a lo ocurrido en Bengasi "no vuelva a suceder".

La Oficina Federal de Investigación (FBI) publicó la semana pasada fotos de tres personas a las que busca para interrogarlas por su conexión con el ataque, que se produjo en coincidencia con el undécimo aniversario de los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001.

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