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Tropas afganas mataron a más de 200 miembros del EI desde la bomba de EEUU

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Las tropas afganas mataron en las últimas horas a 45 miembros del Estado Islámico (EI) en la provincia de Nangarhar, lo que eleva a más de 200 los insurgentes de ese grupo yihadista muertos desde que el pasado 13 de abril Estados Unidos lanzó una bomba GBU-43 en la zona.

El Ministerio de Defensa afgano indicó hoy, en un comunicado, que al menos 36 miembros del EI, incluyendo uno de sus encargados de comunicaciones, fueron abatidos en el distrito de Achin, donde EEUU arrojó la denominada como "madre de todas las bombas".

En la operación también fueron destruidos, según el Ministerio, varios refugios de este grupo.

Al mismo tiempo en una operación aérea en el distrito de Haska Mina, de la misma provincia, otros nueve miembros del grupo extremista murieron y dos resultaron heridos.

Con estas bajas la cifra total de muertos en Nangarhar de los que ha informado el Ministerio de Defensa desde el lanzamiento de la bomba se eleva a 216, a los que se deberían sumarse los 96 que, según las autoridades, perecieron en el ataque aéreo estadounidense del día 13.

En el ataque se empleó un proyectil GBU-43, una de las bombas de mayor poder del arsenal convencional estadounidense y cuyo lanzamiento fue autorizado por el presidente estadounidense, Donald Trump.

La cifra de muertos es alta si se tiene en cuenta que el Gobierno afgano aseguró hace tres semanas que el Estado Islámico apenas contaba con 400 miembros en el país, tras haber abatido a 2.500 el año pasado.

El Gobierno afgano ya había anunciado en junio del año pasado que el EI no suponía un "desafío" para la seguridad nacional, debido a que había sido derrotado en gran parte de las áreas en las que permanecía activo en el país.

Sin dar cifra concretas, la OTAN sin embargo se ha mostrado menos contundente en su evaluación de la capacidad militar del EI en el país y el pasado día 6 afirmó que el número de integrantes de ese grupo yihadista había caído a la mitad en los dos últimos años.

El Estado Islámico irrumpió en Afganistán en 2015 en diferentes puntos del país y haciéndose fuerte en Nangarhar, una provincia fronteriza con Pakistán clave en las comunicaciones entre los dos países.

Desde entonces, el grupo yihadista ha reivindicado algunas de las acciones más sangrientas en el país, incluidos el atentado suicida en junio del año pasado contra una manifestación de miembros de la minoría chií hazara que causó más de 80 muertos y de 300 heridos.

También protagonizaron el ataque en marzo contra un hospital militar de Kabul en el que murieron 35 personas y 53 resultaron heridas, incluidos médicos, enfermeras, personal administrativo, militares y pacientes civiles.

El pasado 16 de abril, durante una visita al país, el asesor de Seguridad Nacional de Estados Unidos, teniente general Herbert Raymond McMaster, dijo que no se puede tolerar la existencia del Estado Islámico.

"No podemos tolerar la existencia de ese tipo de organización (el EI). Ellos son una amenaza para toda la gente civilizada (...) Deben ser derrotados", afirmó.

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