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En Volendam, considerado feudo de Wilders, sus opositores alzan la voz

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En Volendam, considerado feudo de Wilders, sus opositores alzan la voz

En Volendam, considerado feudo de Wilders, sus opositores alzan la voz

En la ciudad pesquera holandesa de Volendam, feudo del ultraderechista Geert Wilders en las últimas elecciones generales, los vecinos confían en que los comicios que se celebran hoy reflejen su diversidad de opiniones y claman contra el retrato sin matices que se ha hecho de ellos.

Volendam, enclave costero digno de postal unos 25 kilómetros al norte de Ámsterdam, tiene cerca de 19.000 habitantes, de los que uno de cada dos con derecho a voto depositó su confianza en el partido PVV de Wilders en las últimas elecciones, porcentaje muy superior al apoyo del 17% que cosechó esa formación a nivel nacional.

Este apoyo masivo le valió a la pequeña localidad la etiqueta de centro neurálgico del votante de ultraderecha holandés que ha dado alas al político que promete liberar al país del yugo de la Unión Europea (UE) y la lacra de la inmigración.

Su puerto pesquero en el mar del Norte, los molinos de viento blancos, las casas de tejados agudos y fachadas de colores y las tiendas de vestidos típicos y de queso que recogen todas las guías turísticas de Holanda contribuyen a reforzar la imagen de pueblo anclado en la tradición, amante de su identidad nacional.

Sin embargo, sus habitantes, hastiados de la atención mediática que les ha granjeado esta imagen en unas elecciones inusualmente atractivas para la prensa internacional, defienden que en la ciudad hay diversidad de opiniones y que se ha exagerado el retrato de apoyo a Wilders.

"Han puesto al pueblo bajo una mala luz", dice una comerciante artículos tradicionales que no quiere hablar, por enésima vez esta semana, ante la cámara. "Solo somos un pueblo de gente trabajadora", añade.

Algunos achacan el importante apoyo a Wilders en las últimas elecciones a la crisis económica que también se llevó por delante a otros gobiernos en Europa.

"Tuvimos muchos votantes del PVV porque estábamos saliendo de una gran crisis y en esta ciudad mucha gente trabaja en construcción y muchos trabajos desaparecieron, así que alguien tenía que llevarse la culpa", dice Hans en su tienda del centro de Volendam, lleno de turistas que aprovechan la jornada primaveral.

"Wilders gritó al Gobierno nacional y se llevó los votos, pero veremos lo que queda del voto de protesta", añade el comerciante, que asegura "poder entender" por qué la gente le dio su apoyo hace cuatro años y cree que el PVV tendrá un papel en la oposición.

"Si se miran las encuestas, el PVV tendrá su función, tiene que dar nombre a los problemas para que otros puedan resolverlos", asegura Hans, quien sin embargo ha votado a los cristianodemócratas porque tienen una representante de Volendam en la que confía.

Tampoco Winfrid, que regenta una tienda de recuerdos, ha votado por Wilders. Espera que gane su candidato, el actual primer ministro liberal Mark Rutte, a quien alaba que haya anulado los mítines que ministros turcos preveían celebrar en Holanda.

"Wilders solo habla de inmigración y no tiene una línea para todo el país. Es un problema que tengamos extremistas islámicos, pero hay muchos musulmanes como nosotros", explica, y añade que el debate sobre el gran apoyo de la ciudad a Wilders es "vacío".

A inflarlo contribuyó, sin embargo, el hecho de que Wilders eligiese esta ciudad como destino de su primera visita nada más retomar los actos de campaña tras un incidente con su equipo de seguridad.

Rodeado de un fuerte dispositivo de protección se tomó una cerveza en un conocido bar, para sorpresa de los vecinos pero no de la prensa avisada por el dueño.

"Todo ese dinero que ahora gastamos en el extranjero y en los inmigrantes, si lo paramos, imaginad cuánto más se podría hacer", dijo Wilders entonces.

Por Laura Pérez-Cejuela

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