Focos

2016, el año que tuvimos dos parlamentos

La repetición de elecciones demostró la necesidad de buscar nuevos equilibrios parlamentarios ante una cámara fragmentada y con un PP incapacitado para gobernar solo

Patxi López y Ana Pastor representan dos modelos opuestos en la presidencia del Congreso

PSOE y Podemos pugnan por ostentar el papel de referencia en la oposición

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El pleno del Congreso EFE

Por primera vez en la historia de la democracia, España tuvo en 2016 dos parlamentos como consecuencia de la repetición de elecciones. Tras la imposibilidad de Pedro Sánchez para armar una mayoría de izquierdas en torno a su escaso margen en las urnas, la política española daba por concluido un primer intento que situó a Patxi López en la presidencia.

De nada sirvieron las mesas de negociación, ni la multitud de ruedas de prensa convocadas para explicar la marcha de los acontencimientos en un carrusel que, por momentos, parecía inacabable. Unas segundas elecciones acabaron poniendo las cosas en el lugar actual: Rajoy en la presidencia del Gobierno y el PP luchando día a día para buscar empatías, con las que subsanar su escaso margen de poder parlamentario. 

Durante la legislatura sin presidente, todas las formaciones al margen del PP se empeñaron en extraer la máxima expresión de un Congreso en el que en cada pleno se aprobaban iniciativas contrarias a los intereses de la fuerza más votada. Ninguna de aquellas proposiciones de ley tiene, a día de hoy, vigencia de ningún tipo. Como ejemplo del papel mojado en el que se convirtió el trabajo parlamentario de aquellos meses está la llamada Ley 25 que Podemos redactó como solución a los problemas de emergencia social derivados de la crisis y que se aprobó con el apoyo de los socialistas. Nada queda de aquello ahora.

Tras las elecciones de diciembre, el Gobierno en funciones se opuso a ser controlado por el Parlamento, frente a los portavoces de Podemos y PSOE que exigían que los de Rajoy debían rendir cuentas ante una cámara que no controlaban. El aguante del PP, tenían una hoja de ruta: la repetición electoral y la configuración de un nuevo parlamento.

Llegaron las elecciones de junio y las cosas cambiaron de manea radical en la Carrera de San Jerónimo. El punto crucial de esta historia se escribió un uno de diciembre en la sede que el PSOE tiene en la madrileña calle de Ferraz. Ese día cayó Pedro Sánchez y se abrió la puerta a una abstención que permitiría a Rajoy evitarse la mudanza y continuar como presidente con plenos poderes en el Palacio de la Moncloa.

Con Rajoy en la presidencia, el Parlamento volvió a ensayar las geometrías variables que anunciaban lo que vendrá en 2017: el Partido Popular perderá las votaciones si no consigue el apoyo del PSOE o de los nacionalistas. Con ese desequilibrio afronta el líder del PP una legislatura que pretende "sea larga". Así lo aseguró en presidente del Gobierno en la rueda de prensa de balance de año. Solo unas semanas antes, había dicho lo contrario:  que no sabía cuánto duraría en el puesto.

Para el año que empieza, la cuestión fundamental es la presupuestaria. La gestora del PSOE lanza mensajes para advertir de que esta vez Rajoy deberá buscar otros socios parlamentarios. El PP ya se ha puesto a la tarea con los nacionalistas vascos, su opción predilecta.

El Congreso ha tenido este año dos cuerpos diferentes, pero una única alma: el acuerdo y la negociación, que se presenta como imprescindible ante la escasa mayoría con la que los conservadores defienden sus ideas.

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