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Se buscan... y se encuentran, la Policía mete entre rejas a 3.000 fugitivos

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Se buscan... y se encuentran, la Policía mete entre rejas a 3.000 fugitivos

Se buscan... y se encuentran, la Policía mete entre rejas a 3.000 fugitivos

Trevor Moore y José Manuel García Barata. El primero es británico, el segundo español. Hasta esta misma semana de sus fotografías colgaba el cartel de "Se busca", pero las fuerzas de seguridad han puesto fin a su vida como fugitivos, como lo han hecho también con otros 3.000 en los últimos años.

A Moore le arrestó la Guardia Civil en una casa de campo de difícil acceso de Casares (Málaga) y sobre él pesaba una orden europea de detención (OED) emitida por Bélgica por ser el responsable, entre otros delitos, de los envíos de cocaína desde Ecuador, destinada en parte a la organización motera "los Ángeles del Infierno".

García Barata corrió la misma suerte y, tras ser detenido por la Policía Nacional a la salida de un gimnasio de Ponferrada, ahora tendrá que cumplir los 29 años de condena que se le habían impuesto en Salamanca por matar en 2010 a un taxista de uno de los cinco disparos que, en realidad, iban dirigidos al pasajero.

Dos ejemplos de los cientos de fugitivos -las fuerzas de seguridad no pueden concretar el número porque fluctúa en función también de las requisitorias de otros países- que la Policía y la Guardia Civil buscan sin cejar en el empeño así pasen los años.

Para ello, ambos cuerpos crearon, en paralelo a la entrada en vigor en 2004 de la Orden Europea de Detención, sendos equipos especializados: el Equipo de Huidos de la Justicia en el caso del instituto armado y el Grupo de Localización de Fugitivos en el de la Policía Nacional.

Con datos ya cerrados de 2013, la Policía Nacional volvió a poner en manos de la Justicia a 320 fugitivos, unos pocos menos, "pero de más calidad", que los 335 del año anterior, según explica a Efe el inspector jefe Lorenzo Martínez, responsable de la sección de Relaciones Internacionales en la que se encuadra el grupo de Fugitivos.

Hasta 2.700 huidos ha logrado localizar solo la Policía desde la creación de su equipo, en 2005, subraya el inspector.

De todo hay en la lista de los más buscados, donde sin duda los "más estables" son los terroristas. Asesinos, agresores sexuales, narcotraficantes, falsificadores, mafiosos, ladrones......... A todos se les busca sin descanso, dice Martínez.

Y si alguno trae de cabeza a su equipo, sobre todo por la antigüedad del caso, es Rafael Bueno Latorre, un fugitivo sevillano criado en Cataluña en el boom industrial, experto en fugas y al que no se ha localizo desde 1984.

Bueno Latorre, que empezó su carrera delictiva muy joven, asesinó a dos miembros de su banda porque creía que eran confidentes de la Policía. No tuvo reparo alguno en obligarles a cavar su propia zanja y que se pusieran de rodillas antes de matarlos.

No fueron sus únicas víctimas. Tras autolesionarse en la cárcel de Burgos clavándose unas tijeras, logró huir del hospital no sin antes matar junto con su banda a dos policías que le custodiaban.

La Policía le busca desde 1984, cuando logró fugarse de la cárcel de Alcalá-Meco junto con otro recluso tras encañonar a dos funcionarios con sendas pistolas simuladas que habían fabricado con jabón y tinta china. Se pusieron la ropa de sus custodios y se fugaron.

El inspector es contundente y asegura que hasta que no haya certificado de fallecimiento, la Policía no parará de buscarle, como no dejó de perseguir a un asturiano que asesinó a un hombre y que no dejó de meterse en peleas hasta su muerte en Costa Rica.

También hay fugitivos "ilustres" a los que se ha buscado en nuestro país a instancias de otros -en este caso de Alemania-, como el criminal nazi Aribert Heim, más conocido como el "Doctor Muerte" o "El carnicero de Mauthausen".

Muy conocido fue el caso del rumano Ion Clamparu, alias "Cabeza de cerdo", uno de los criminales más buscados por Interpol que en 2011 se entregó voluntariamente debido a la presión policial. Su cara dejó de ser anónima, se difundió hasta por el canal Youtube y se sintió tan acosado que se entregó.

La Guardia Civil, por su parte, ha puesto entre rejas a conocidos capos de clanes de la Camorra napolitana. Doménico Verde, Marco Assegnati, Vicenzo D' Avino o Giuseppe Polverino, alias "O Barone", máximo responsable del clan Polverino, son solo algunos nombres de una amplia lista de arrestados.

Dice el inspector Martínez que al final casi todos los fugitivos caen. Si no se baja la guardia, en algún momento cometen un fallo que les devuelve a la Justicia.

La vida de fugitivo no es fácil porque eludir constantemente a la Policía supone un gran desgaste. Tanto es así, que los agentes han llegado a presenciar, sorprendidos, "resoplidos de alivio" de los fugados cuando por fin han sido detenidos, relata Martínez.

Incluso, continúa el inspector, llegan a perder su identidad. Como ejemplo, cita el de un fugitivo de Montenegro reclamado por un asesinato en su país, que lanzó una carcajada cuando los agentes le entregaron el acta para que la rubricara y se dio cuenta de que ya no se acordada de cómo firmaba con su nombre verdadero.

Otros fugitivos, conscientes de que finalmente van a ser capturados, optan por entregarse en España para cumplir la pena aquí y no en las cárceles de sus países, donde las condiciones de las prisiones son bastante peores.

Gracias a la colaboración ciudadana, el asesino del taxista de Salamanca fue detenido. Sin embargo, en España, lamenta el inspector, la "cultura" de colaboración no está tan extendida como en otros países como Holanda o Alemania, donde la difusión por televisión de las fotos de los fugados es muy habitual.

De todos modos, la implantación de las redes sociales están ayudando también a esta labor policial, que en el caso de prófugos extranjeros tiene resultados finales más rápidos porque las OED se ejecutan en un plazo de 10 ó 15 días. No así, las órdenes internacionales de extradición, que se demoran hasta dos años.

Hoy, la Policía ha informado de otro fugitivo arrestado, reclamado por EEUU por haber defraudado 250 millones de dólares. Poco a poco, caen.

Sagrario Ortega

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