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La campaña electoral no cala en las ciudades más pobres de Francia

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La campaña electoral no cala en las ciudades más pobres de Francia

La campaña electoral no cala en las ciudades más pobres de Francia

Los entresijos de las elecciones presidenciales interesan poco en las zonas más pobres y abandonadas de Francia, donde votar es visto por muchos como un ejercicio inútil.

"No lo he hecho nunca y creo que no sirve para nada", explica a Efe Xavier, un empleado de correos que recorre todos los días con su bicicleta las calles de Alma, uno de los barrios más conflictivos de Roubaix.

Esa ciudad del norte de Francia, a pocos kilómetros de la frontera belga, fue considerada como la más pobre del país en 2014: El paro asciende al 30 % y el 45 % de sus 95.000 habitantes viven en condiciones de necesidad.

"No creo que vayas a encontrar a muchas personas que voten en este barrio", asegura el cartero de la conocida como "capital de la abstención", que confiesa tener poca confianza en los medios e informarse "gracias a páginas web y blogs".

Roubaix es una ciudad industrial que experimentó un fuerte crecimiento de su población durante el siglo XIX gracias a su potente industria textil, pero en los años 70 el sector entró en crisis y las fábricas comenzaron a cerrar una tras otra.

Vive desde entonces una profunda crisis económica que ha dejado su huella en sus barrios más humildes, compuestos de fábricas abandonadas y antiguas casas de ladrillo, y que fueron calificados de "desierto urbano" por el Estado en los años 90.

Además, se ha creado una imagen de ciudad violenta e insegura tras sucesos como el de un hombre asesinado en 2014 por haber pedido a sus vecinos que hiciesen menos ruido o a problemas con el narcotráfico o el yihadismo, que algunos habitantes relativizan.

"Vivimos al lado de los traficantes y normalmente todo va bien mientras no te mezcles en sus asuntos", asegura Marie-Odile Breynaert, que regenta con su marido una librería junto a la estación de tren.

La pareja expone en su vitrina una colección de antiguos carteles electorales "para captar la atención de la gente y que reflexionen", y afirma que votarán al neocomunista Jean-Luc Mélenchon, "un voto más radical que de costumbre" que Marie-Odile achaca al desgaste del socialista Benoît Hamon.

Hay un sentimiento de exclusión entre los habitantes de los barrios más pobres, pero no son ellos los que han salido de la sociedad, "sino los políticos los que les han abandonado", apunta.

En la misma calle, que conecta el ayuntamiento y la estación, Antoine Leman pinta un mural en la pared de un edificio que siempre ha visto abandonado, aunque señala que el barrio ha mejorado en los últimos años, "a diferencia del de Alma y Trois Ponts".

Más conocido como LEM, votará a uno de los candidatos de la izquierda (todavía no ha decidido cuál) y expresa su miedo ante el crecimiento del Frente Nacional, "una verdadera vergüenza para Francia".

Un partido ultraderechista que en la ciudad de Creil, a unos 60 kilómetros al norte de París, pasó de obtener el 11,48 % de las papeletas en las presidenciales de 2007 al 17,69 % en las de 2012.

La localidad vio nacer una potente industria metalúrgica durante el siglo XIX, lo que provocó un aumento vertiginoso de la población, que comenzó a decaer en los 60 hasta culminar con el cierre de las grandes fábricas durante los noventa.

"Todos los candidatos son corruptos", asegura Killian Mordaque, que irá a votar aunque las elecciones no le interesan.

Este obrero de 42 años, en el paro desde el inicio de la crisis, se dice cansado de una ciudad que cuenta con un 20 % de desempleo, "que se degrada cada vez más" y donde las personas son "cada vez más incívicas".

Creil es una de las más pobres de Francia y la crisis ha obligado a cerrar los comercios de una de las calles principales, donde ahora solo quedan "kebabs y pizzerías", añade Jacques, un profesor de instituto que no ha decidido a quién votar.

La participación de los habitantes de Creil en las regionales de 2014 fue inferior al 50 %, una escasa afluencia en las urnas que se repitió en otras ciudades pobres como Roubaix, donde la abstención fue del 61,58 %, y que, según los expertos, está relacionada con las altas cifras de desempleo.

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