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Un juez duda de que los ancianos sean fiables para reconocer a quien les robó

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Un juez duda de que los ancianos sean fiables para reconocer a quien les robó

Un juez duda de que los ancianos sean fiables para reconocer a quien les robó

Un juez considera que los reconocimientos fotográficos realizados por ancianos para tratar de identificar a la persona que les robó no son suficientes para imputar a un sospechoso al entender que el resultado de esa prueba arroja "dudas" por tratarse de personas de avanzada edad.

Argumento que el titular del juzgado de instrucción número 4 de Parla expone en sendos autos para ordenar la libertad sin fianza de dos de los tres detenidos hace dos semanas en Madrid -dos mujeres y un hombre- acusados de al menos 28 hurtos y 17 robos cometidos en más de cuatro meses a ancianos, a los que trataban de distraer con besos y caricias para despojarles de relojes, colgantes o anillos.

Tras someterse a un reconocimiento fotográfico en dependencias policiales y ser identificados por algunas de las víctimas, el juez decretó su libertad porque los únicos indicios de criminalidad que se desprendían eran los derivados de estas identificaciones, unos signos "débiles" que deben completarse con otros para una futura acusación.

El juez recuerda, según la jurisprudencia constitucional, que la mera identificación fotográfica no es suficiente para imputar una infracción penal y que para que esta tenga garantías legales debe completarse con una rueda de reconocimiento.

No obstante, deja claro en su auto que "hay que tener en cuenta que las personas que han realizado los reconocimientos fotográficos son todos de avanzada edad, lo que pudiera arrojar aún más dudas sobre el resultado de tales diligencias".

Y aunque esos reconocimiento hubiesen sido suficientes, el juez considera que no se dan los requisitos para ordenar la prisión provisional pues, a su juicio, no existe riesgo de fuga.

De esta forma, el juez decretó el 7 de julio la libertad de los tres detenidos con la obligación de comparecer en el juzgado cada quince días y no abandonar el país, una decisión contraria al criterio de la Fiscalía, que pedía para dos de los acusados la prisión provisional comunicada y sin fianza.

Según las investigaciones policiales, el "modus operandi" de los detenidos consistía en preguntar desde un coche a personas mayores (de entre 60 y 90 años) por un hospital o centro de salud cercano.

Solventada la duda, los arrestados se apeaban del vehículo para supuestamente agradecer la colaboración de la víctima, a la que se aproximaban y empezaban a acariciar y besar, a la vez que intentaban regalarle colgantes sin ningún valor que trataban de ponerle en el cuello.

Otra de las excusas para aproximarse a las víctimas consistía en decirles que guardaban un gran parecido físico con un familiar de los arrestados. Cuando lograban el contacto físico, procedían de la misma forma descrita anteriormente.

Si las víctimas se percataban de que intentaban despojarles de sus pertenencias, los acusados cambiaban su estrategia del "robo cariñoso" empleando la violencia y la intimidación, empujando a los ancianos al suelo, lo que llegó a producirle una fractura de fémur a una de las víctimas.

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