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El extraño caso de La Tigresa: Ocho permisos concedidos y ninguno disfrutado

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El extraño caso de La Tigresa: Ocho permisos concedidos y ninguno disfrutado

El extraño caso de La Tigresa: Ocho permisos concedidos y ninguno disfrutado

La histórica etarra Idoia López Riaño, La Tigresa, tiene vía libre para salir de prisión. Hasta ocho permisos penitenciarios concedidos acumula ya para poder abandonar temporalmente la cárcel alavesa de Zaballa, pero hasta ahora no ha querido disfrutarlos.

¿Por qué no lo hace cuando además ha peleado cada uno de ellos hasta el punto de ganar muchos vía recurso? Fuentes cercanas a la situación de la interna aseguran a Efe que López Riaño tiene, en realidad, pánico al exterior y "miedo escénico".

Se siente maltratada por los medios de comunicación, convencida de que han dibujado un retrato de ella distorsionado y de que será perseguida y fotografiada cuando salga a la calle de la misma manera que cuando en mayo de 2015 protagonizó diferentes salidas autorizadas por la Audiencia Nacional para sacarse el carné de conducir.

Las fuentes consultadas resaltan el perfil de Idoia López, La Tigresa, de 52 años, condenada a más de 2.000 años de prisión por 23 asesinatos, como una "marquesa" que ha ido siempre a contracorriente tanto en la organización terrorista como en la prisión, donde poco le queda para su salida definitiva -lleva 21 años entre rejas, los últimos seis en la alavesa de Zaballa, en Nanclares de Oca-.

Con un año por delante (saldría el 17 de diciembre de 2017, aunque podría antes por su buen comportamiento), la histórica miembro del sanguinario comando Madrid, "Margarita", según su primer alias, podría estar debatiéndose entre disfrutar o no de los permisos, "deshojando" los pros y contras de estas salidas cuando apenas le quedan trece meses para decir adiós para siempre a su celda.

De lo que no hay duda es de que le ha costado lo suyo lograr los ocho permisos penitenciarios, de periodos de entre tres y seis días, que ya tiene autorizados tras su paso, en algunos de ellos, por los juzgados. Lo último fue comprobar que en el lugar donde pasaría esa salida no residieran víctimas directas de su actividad.

A todos se opuso la Junta de Tratamiento de la cárcel, a la que incluso la presa ha denunciado por estas negativas, aunque finalmente la Justicia le ha dado la razón y el juez central de Vigilancia Penitenciaria de la Audiencia Nacional, José Luis Castro, que los había rechazado en primera instancia, ha terminado por autorizarlos.

Su cambio de criterio se sostiene en un informe favorable de la Fiscalía de la Audiencia Nacional de abril, que resalta el arrepentimiento de la interna junto al requisito de haber cumplido tres cuartas partes de la pena y no constar incidencias cuando salió para examinarse del permiso de conducir.

Y es que La Tigresa ha enviado escritos a la Audiencia Nacional desde 2015 en los que confesaba que "cada vez" que respiraba sentía que "fue un inmenso error entrar en ETA", la banda de la que se apartó en 2010 por no estar de acuerdo con sus métodos que rechazaba por "completo".

"Asumo total y absolutamente mi actividad delictiva en el seno de ETA, así como mi responsabilidad por la actividad de dicha organización al haber pertenecido a ella", decía López Riaño hace casi un año.

Palabras que, para el juez Castro, acreditan su renuncia a la violencia y su desvinculación plena de ETA, a la que se sumó en 1982 con tan solo 18 años a través del comando Oker secundando primero acciones de boicot y sabotaje de intereses franceses en España y cometiendo después varios asesinatos.

Fichada por las fuerzas de seguridad tras la desarticulación del comando y tras su paso por Francia a donde huyó, "La Muelle" o "Margarita" entre los suyos, se integró en el comando Madrid en el momento más sanguinario de la banda, junto con Antonio Troitiño Arranz, Jose Ignacio de Juana Chaos y Juan Manuel Soares Gamboa.

De hecho, a La Tigresa se le imputan tres de los más brutales atentados de este comando en 1986, entre ellos el perpetrado en la plaza de la República Dominicana, donde fueron asesinados 12 guardias civiles.

Su "indisciplina" -las fuentes señalan que la Tigresa "hacía lo que le daba la gana"- acabó con su expulsión del comando Madrid en 1986 y la obligó a refugiarse en Argelia durante cinco años hasta que se sumó a otro comando, Ekaitz, responsable de una oleada de atentados en Barcelona, Valencia, Alicante o Murcia.

Con el golpe a la cúpula de ETA en 1992, de nuevo La Tigresa se vio señalada dentro de sus filas por chivarse al entonces número uno de la banda, Francisco Múgica Garmendia, Pakito, de las críticas de los miembros del comando, lo que provocó un grave enfrentamiento entre el jefe de ETA y el responsable de Ekaitz, José Luis Urrusolo Sistiaga, Joseba.

En 1994 era detenida en el sudeste de Francia, doce años después de ingresar en la banda, de la que decidió apartarse en 2010. Un año le queda para salir de prisión y para decidir si hace uso de estos ocho permisos.

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