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El fallecido rey de Tailandia, representante de Buda y los dioses hindúes

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El fallecido rey de Tailandia, representante de Buda y los dioses hindúes

El fallecido rey de Tailandia, representante de Buda y los dioses hindúes

El fallecido rey tailandés, Bhumibol Adulyadej, no sólo era considerado el padre y un modelo moral para la gran mayoría de sus súbditos, sino también el perfecto monarca budista y representante simbólico de los dioses hindúes.

Bhumibol, el decano de los jefes de Estado tras siete décadas en el trono, expiró el pasado 13 de octubre a los 88 años de edad, lo que supuso una conmoción para muchos tailandeses que no habían conocido otro soberano en su vida.

Durante su largo reinado, Tailandia se modernizó con grandes rascacielos y el tren elevado en Bangkok, al tiempo que mantuvo o potenció ceremonias hindúes o brahmánicas asociadas a la monarquía tailandesa desde hace siglos.

Chachapon Jayaphorn, profesor de Derecho en la Universidad de Chulalongkorn y experto en la monarquía tailandesa, señala a Efe que tradicionalmente los monarcas de los antiguos reinos tailandeses eran considerados reencarnaciones de dioses hindúes.

El propio Gran Palacio Real, donde se encuentra temporalmente el cadáver de Bhumibol, está lleno de símbolos hindúes o budistas como Indra y su vehículo el elefante blanco Erawan, el monte mítico Meru o el Buda Esmeralda.

Según Chachapon, muchos elementos del hinduismo también aparecen en los escritos budistas.

El monarca tailandés asimismo desempeñó el papel de "bodhisattva", una persona que ha emprendido el camino hacia la iluminación como Buda, explica Chachapon, quien durante años trabajó como ayudante para una hija del rey Vajiravudh (1910-1925).

Este eclecticismo se refleja en las creencias de los tailandeses, que profesan un budismo mezclado con el hinduismo y el animismo.

Los tailandeses tienen una palabra especial para definir la muerte del rey, "sawan nakhot", que significa "volver al cielo".

Al expirar, se cree que el monarca asciende hasta el reino celestial dawadungsa, en el que aguardará al momento de su renacimiento.

Bhumibol expresó en su testamento que quería que dispusieran su cadáver en un féretro, pero anteriormente los restos de los soberanos eran colocados en posición fetal dentro de una urna dorada.

En el Gran Palacio Real, los visitantes muestran sus respetos ante la urna, colocada sobre una carroza igualmente dorada, mientras que el féretro con el cadáver de Bhumibol se encuentra oculto detrás.

Los rituales funerarios del monarca empezaron al día siguiente de su fallecimiento y culminarán dentro de un año con su incineración.

Monjes budistas recitan mantras a diario por el rey fallecido, mientras que sacerdotes hindúes fueron hasta la provincia sureña de Prachuap Khiri Khan para escoger los sándalos para la madera que utilizarán en la incineración.

Para ello, realizaron una ceremonia que incluyó rezos para pedir permiso a las deidades locales para serrar doce ejemplares.

Cientos o miles de personas, vestidas de riguroso luto, acuden todos los días para expresar sus respetos ante los restos de Bhumibol, también conocido como Rama IX.

Muchos tailandeses veneraban al monarca casi como a una deidad, pero en el sentido de una persona que ha acumulado muchos méritos debido a sus buenas acciones y no por su relación simbólica con los dioses hindúes.

"Todo lo que ha hecho el rey ha sido para ayudar a los demás y no ha pedido nada a cambio. Por eso, personalmente, considero que tenía una gran compasión y que era un ángel guardián para todos los tailandeses", dice a Efe Parita, una voluntaria tailandesa de 40 años en el Gran Palacio Real.

Durante años, el difunto monarca viajó a zonas remotas para estudiar los problemas de las minorías étnicas y de los agricultores tailandeses y recorría campos y selvas ataviado con botas camperas y sus cámara de fotos.

Imágenes y vídeos de estos viajes son reproducidos en numerosos murales callejeros, fotografías y hasta en un minidocumental con el himno real que se emitía antes de las películas en todos los cines tailandeses.

Esta cercanía contrasta con la obligación de arrodillarse o postrarse delante de los miembros de la familia real, una costumbre abolida en 1873, pero que fue reinstaurada a mediados del siglo XX.

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