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Un centenar de grabados sintetiza en Valladolid la modernidad de Durero

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Un centenar de grabados sintetiza en Valladolid la modernidad de Durero

Un centenar de grabados sintetiza en Valladolid la modernidad de Durero

La irrupción de la imprenta y la obra de Alberto Durero (1471-1528), casi simultáneas, fue la alianza que abrió en pleno Renacimiento una de las puertas por donde se coló la modernidad en la historia de la pintura, como acreditan más de un centenar de grabados del alemán expuestos desde hoy en Valladolid.

Pintor, dibujante, grabador y teórico, Durero sobrellevó las servidumbres de la época -políticas, religiosas y nobiliarias-, sin menoscabo de un afán investigador y de búsqueda creativa, convencido como estaba de que el arte es un arrebato de libertad al margen de normas e imposiciones estéticas.

"Fue un gran estudioso. Viajó dos veces a Italia para perfeccionarse y se interesó por el simbolismo y la alegoría pero siempre desde un punto de vista de la razón y el humanismo", ha explicado en una rueda de prensa Rosa Perales, comisaria de "Durero. La exaltación de la belleza", una exposición promovida por el Ayuntamiento de Valladolid y que podrá verse hasta el 2 de marzo.

Persuadido de que el artista debe crear en libertad, montó su propio taller para forjar una obra que le ha situado como uno de los maestros del grabado, y con la que contribuyó a elevar esta expresión estética a la máxima categoría, según Perales, pese a no haber gozado hasta hace poco del reconocimiento que sí tuvo en su época.

La exposición inaugurada hoy en Valladolid sintetiza no solo el ideario intelectual de Alberto Durero, sino el pulso que sostuvo entre las servidumbres que debió asumir, su personal concepción del arte y la contradicción de su condición católica con su estirpe intelectual, racional y humanista.

Los grabados, pertenecientes a la colección privada de Elisa Moretti y Elisabetta y Paolo dal Bosco, están efectuados sobre planchas originales y abarcan todas las épocas de Durero y las diversidad de técnicas empleadas, desde el entallado en madera, hasta el aguafuerte y el buril que aprendió de la mano de su padre, Alberto Durero El Viejo.

La sala Museo de la Pasión, ha añadido la comisaria, abarca todas las etapas del artista alemán: sus viajes de conocimiento, la maestría técnica, los encargos oficiales y la serie de la Pasión.

Esta última, en xilografía, se exhibe de forma completa al igual que otra pequeña Pasión, elaborada en cobre, caracterizada por un tratamiento "más ligero", reflejado en su reducido tamaño, y que incluye escenas extraídas del Nuevo Testamento y del Libro de los Hechos de los Apóstoles.

Otras piezas corresponde a una alegoría del temperamento humano con escenas donde se muestra el "desasosiego y al melancolía" que produce la reflexión, el pensamiento, fruto de la elevada condición intelectual de un artista que a su muerte dejó "una de las bibliotecas más completas de su tiempo", ha precisado Perales.

En lugar destacado, el visitante contemplará otro de los encargos más conocidos que recibió Durero: el Gran Carro Triunfal, a mayor gloria del emperador Maximiliano I de Austria y que le permitió al pintor recibir una pensión vitalicia como agradecimiento por parte de Carlos V, nieto por vía paterna (Felipe el Hermoso) del homenajeado.

"Es una de las obras más difundidas en Europa", ha apreciado la comisaria.

Otros grabados reflejan los encargos como los dedicados a dignidades religiosas (cardenal Alberto de Brandeburgo), vinculadas a la política (el elector de Sajonia Federico El Sabio) y a la nobleza (escudo de armas con calavera).

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