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La guerra empuja a los sirios a las cavernas

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Para la familia de Ismail, la cueva es el mejor de los refugios en Siria. Desde que un bombardeo destruyera su casa en la zona de Yabal al Zauiya, en el norte del país, viven resguardados en una caverna más propia de la Edad de Piedra.

Sentada bajo el sol, una mujer de unos 40 años de edad vigila a sus hijos mientras juegan en la colina en la que se halla la cueva.

El más menudo de los niños accede fácilmente al interior de la oquedad. Los mayores, en cambio, tienen que arrodillarse para entrar en el oscuro lugar, adonde apenas llegan algunos rayos del sol.

En este espacio de unos 20 metros cuadrados viven doce personas, que duermen recostadas unas sobre otras, lo que no parece incomodar demasiado al padre de la familia, Ismail, que se muestra satisfecho por la seguridad de su nueva morada.

"Aquí solo oímos los ruidos de los cohetes a lo lejos, sin tener miedo a la metralla", apunta este hombre, que dejó atrás una casa en ruinas por las jornadas enteras en que la aviación del régimen atacó esa zona de la provincia septentrional de Idleb.

Rodeado por sus hermanos y sus primos, Ismail explica que la familia se ha distribuido en dos cuevas: los hombres viven en una y las mujeres en la otra.

Sin perder la sonrisa, añade: "Bachar al Asad (el presidente sirio) nos ha despojado de todo lo que teníamos".

"Si no tuviésemos ropa moderna, cualquier visitante pensaría que hemos vuelto a la Edad de Piedra", sostiene Ismail, y recurre a la historia de los "Siete durmientes de Éfeso", compartida por cristianos y musulmanes, para ilustrar su situación.

Los durmientes fueron siete jóvenes de la ciudad de Éfeso (en Turquía) que, huyendo de la persecución religiosa del emperador romano Decio en el siglo III d.C., se escondieron en una cueva, donde cayeron dormidos durante cientos de años.

Pese a la destrucción de su vivienda, el patriarca de la familia se considera afortunado por que ninguno de sus hijos haya resultado herido o muerto a consecuencia del conflicto, que se prolonga desde marzo de 2011.

Sin embargo, recuerda que uno de sus primos presentes, a quien señala con el dedo, "perdió a su padre y a todos sus hermanos en otro bombardeo".

Para alimentarse, Ismail y sus familiares viven de la comida que les llevan algunos vecinos de su aldea de forma voluntaria.

"De lo contrario, no comemos. Hemos perdido nuestros trabajos y dormimos con hambre, pero no mendigamos, porque la revolución no ha estallado para quitarnos la dignidad", asegura.

A medida que se acerca la noche, la familia ilumina la cueva con un candil que funciona con aceite de oliva, tal y como hacían sus antepasados.

Llega luego la hora de dormir en esas cavernas, que los habitantes de la cercana población de Al Bara denominan "Al Rumiya" ("romanas").

Uno de los lugareños, Abu Ahmed, destaca que desde la Antigüedad los hombres han utilizado esas cuevas como tumbas para enterrar a sus reyes, pero que nunca habían vivido en ellas.

Estas formaciones rocosas han sido trabajadas por el ser humano, ya que los arcos abovedados encima de cada muro "demuestran una precisión que no se debe a la erosión natural", detalla este hombre de cincuenta años que ejerce de guía.

Abu Ahmed recuerda haber jugado de niño con sus amigos alrededor de las cuevas, pero nunca llegó a entrar en ellas. Pensaban que estaban habitadas por diablos.

"(Estos lugares) permanecieron abandonados y cerrados hasta que nos vimos obligados a abrirlos para quienes hubieran perdido sus casas", justifica.

Pero además de servir de refugio a los desplazados de la guerra, algunas de las cuevas de Yabal al Zauiya son utilizadas ahora por el rebelde Ejército Libre Sirio (ELS) en su lucha armada contra el régimen de Al Asad. De una forma u otra, la salvaje guerra en Siria ha devuelto a sus habitantes a las cavernas.

Por Suliman al Asad

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