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Las huellas de la guerra siguen en Alepo, un año tras la ofensiva de Al Asad

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Las huellas de la guerra siguen en Alepo, un año tras la ofensiva de Al Asad

Las huellas de la guerra siguen en Alepo, un año tras la ofensiva de Al Asad

Las huellas del conflicto siguen visibles en la ciudad siria de Alepo, con la mitad de la urbe prácticamente inhabitable, cuando mañana se cumple un año del inicio de la ofensiva del ejército, que culminó con la reconquista de toda la población y dio un vuelco a la guerra en este país.

El 15 de noviembre de 2016 las fuerzas armadas sirias comenzaron una operación en la parte oriental de la localidad, la mayor del norte del país, donde estaban atrincheradas las facciones rebeldes e islámicas desde julio de 2012, que terminó con el triunfo de los efectivos gubernamentales a finales de diciembre.

A día de hoy la entrada a Alepo desde el sureste por la carretera que la une con Damasco es impresionante, con barrios enteros devastados y vacíos de habitantes.

Montañas de escombros y edificios destrozados por los bombardeos y disparos de artillería dan la bienvenida al visitante que se adentra en la población.

Ya en el interior empieza a haber signos de vida, con algunos comercios reabiertos y calles limpias de escombros, hasta que se alcanza la parte occidental, que fue la que estuvo todo el tiempo bajo el dominio de las autoridades y donde apenas hay daños.

En el este resulta complicado encontrar vecinos que hayan permanecido en sus barrios durante el tiempo que duró la violencia hasta la actualidad.

Aun así, en el distrito de Al Salahedín, uno de los últimos en ser recuperados por el ejército en diciembre, Mohamed, de 50 años y herrero de profesión, aseguró a Efe, que él en ningún momento se movió de su casa, donde reside junto a su mujer y tres de sus hijos.

"En esa calle estaba la línea que separaba al Ejército Libre Sirio (ELS) de las Fuerzas Armadas", señaló con el dedo, rodeado de algunos de sus vecinos en la puerta de una tienda.

El tráfico es intenso en la zona y los restos de inmuebles destruidos se intercalan con algunos comercios que han vuelto a reabrir sus puertas.

Mohamed, que es partidario del Gobierno sirio y tiene un hijo soldado, Rahmu, secuestrado por el grupo terrorista Estado Islámico (EI), explicó que durante los cuatro años que duró el conflicto en Alepo salía todos los días a trabajar pero no sabía si regresaría a casa vivo, porque siempre caían proyectiles.

Aseguró que actualmente no quedan civiles en Al Salahedín que estuvieran con las facciones rebeldes e islamistas, ya que "todos fueron evacuados".

Y es que, después de un mes de ofensiva en la que el ejército logró arrinconar a los insurgentes en los distritos de Al Ansari, Zabdie y Al Salahedín, las autoridades sirias llegaron a un acuerdo con los rebeldes que trajo un alto el fuego y la salida de los combatientes y civiles que lo desearan hacia áreas bajo el control de las facciones en el oeste de la provincia de Alepo e Idleb.

Mohamed subrayó que, durante las hostilidades, la solidaridad reinó entre los civiles y que los propios vecinos intentaban trasladar a los heridos que estaban en la calle si de repente alguno caía por los disparos de algún francotirador.

En su caso personal, reconoce que perdió la esperanza cuando los rebeldes irrumpieron en Alepo hace cinco años, pero que la recuperó cuando "Rusia entró en el conflicto" en septiembre de 2015.

Sin duda, la intervención rusa en apoyo al Gobierno de Damasco ha sido decisiva para cambiar el equilibrio militar sobre el terreno y contribuyó a la recuperación del control total de Alepo, la mayor ciudad del norte de Siria, por parte del ejército nacional.

La pérdida de Alepo supuso un duro golpe moral y estratégico para los grupo rebeldes e islamistas, confinados ahora en la vecina provincia de Idleb, así como en áreas del oeste y el norte de Alepo, la periferia de Damasco y partes del sur del país.

Pese a que la tarea de reconstrucción es mastodóntica en Alepo, Mohamed es optimista: "Todo regresará a como estaba antes, pero necesitará tiempo, sobre todo la reconstrucción de los edificios".

A fin de cuentas, en el último año, "las cosas han ido a mejor, hay seguridad y los niños no tienen miedo"., concluyó.

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