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La llegada de los populistas al Gobierno finlandés genera incertidumbre

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La llegada de los populistas al Gobierno finlandés genera incertidumbre

La llegada de los populistas al Gobierno finlandés genera incertidumbre

El nuevo Gobierno de coalición finlandés tomó hoy posesión con el líder del Partido de Centro, el liberal Juha Sipilä, como primer ministro y con el euroescéptico y populista Timo Soini al frente de la cartera de Exteriores y Asuntos Europeos, lo que podría provocar cambios en la política exterior finlandesa.

El vuelco electoral producido en las elecciones del pasado 19 de abril, en las que vencieron los dos grandes partidos de la oposición y retrocedieron las fuerzas gubernamentales, añade incertidumbre sobre la continuidad de la tradicional línea europeísta finlandesa.

El nuevo Ejecutivo está formado por los tres partidos más votados en los recientes comicios -centristas, ultranacionalistas y conservadores-, una coalición que cuenta con una cómoda mayoría de 124 de los 200 escaños del Eduskunta (Parlamento finlandés).

Sipilä, el primer ministro electo, deberá buscar un equilibrio entre la visión euroescéptica de los populistas y la postura abiertamente proeuropea de los conservadores del titular de Finanzas, Alexander Stubb.

La llegada al Gobierno por primera vez de los Verdaderos Finlandeses de Soini, un partido con una ideología cercana a la de formaciones de extrema derecha como el Partido de Independencia del Reino Unido (UKIP) o el Frente Nacional francés, augura una legislatura cargada de tensiones en el ámbito de las políticas europeas.

Soini ha moderado su postura eurófoba a medida que avanzaban las negociaciones con Sipilä para no entorpecer su entrada en el Gobierno, pero queda por ver si finalmente respetará lo pactado con sus socios de coalición o si optará por ser fiel a su ideario político.

En su primera comparecencia ante la prensa tras anunciar su nombramiento como ministro de Exteriores, Soini aseguró que la Unión Europea (UE) debería ser reformada "para que pueda servir mejor a sus ciudadanos", aunque matizó que eso no significa renegociar los tratados europeos, como exige el primer ministro británico, David Cameron.

El líder populista cimentó su espectacular avance (pasó de tener cinco diputados en 2010 a 38 actualmente) en sus duras críticas a los programas europeos de asistencia financiera a Grecia y Portugal, y en general a la participación de Finlandia en los fondos de rescate de la eurozona.

Durante la pasada campaña electoral, cuando en Europa se empezó a debatir la posibilidad de un tercer rescate heleno, aseguró que Grecia debería abandonar el euro y devaluar su moneda para superar la crisis.

Sin embargo, durante las negociaciones con Sipilä, moderó esta postura y matizó que no se opone al tercer rescate griego, siempre que éste no suponga aumentar la actual aportación finlandesa al fondo de rescate permanente de la eurozona.

Pero no sólo en el terreno económico puede dar más de un dolor de cabeza a sus compañeros del Gobierno y a sus socios comunitarios.

La política de inmigración, su otro gran caballo de batalla, está sobre el tapete europeo a raíz de la crisis humana por la llegada masiva de inmigrantes a las costas de Italia y Grecia.

Soini ha criticado con dureza la propuesta de la Comisión Europea (CE) de realizar un reparto forzoso entre los socios comunitarios de 40.000 demandantes de asilo llegados a las costas europeas cruzando el Mediterráneo.

En cualquier caso, la mayor prioridad del nuevo Ejecutivo finlandés no es la política europea, sino la recuperación económica y la consolidación de las maltrechas finanzas públicas tras tres años consecutivos de recesión.

El programa de gobierno acordado por el tripartito contempla recortar el gasto público en 4.000 millones de euros -equivalentes al 2 % del producto interior bruto (PIB)- durante los próximos cuatro años para frenar el creciente endeudamiento del país nórdico, que este año alcanzará el 62,6 % del PIB, según cálculos de la CE.

Los recortes afectarán a casi todos los servicios públicos, incluido el prestigioso sistema educativo finlandés, que verá reducido su presupuesto en 600 millones de euros.

También se recortará la mayor parte de los subsidios estatales, entre ellos las ayudas a las familias, a las rentas bajas, al desempleo y a las guarderías, lo que será compensado parcialmente con una ligera rebaja del impuesto de la renta.

Olli Rehn, excomisario europeo de Asuntos Monetarios y Económicos y defensor a ultranza de la austeridad, será uno de los responsables de sanear las finanzas públicas, en su papel de ministro de Asuntos Económicos.

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