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El narcotráfico "carcome" la sociedad paraguaya, dice periodista premiado

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El narcotráfico "carcome" la sociedad paraguaya, dice periodista premiado

El narcotráfico "carcome" la sociedad paraguaya, dice periodista premiado

El periodista paraguayo Cándido Figueredo está convencido de que el narcotráfico está "carcomiendo" la sociedad de su país, con una ola de violencia que se arrastra por décadas y que afecta especialmente a la zona fronteriza con Brasil.

Figueredo, de 59 años, recibe este martes en Nueva York un premio por su defensa de la libertad de expresión que le otorgó el pasado 15 de septiembre el Comité para la Protección de Periodistas (CPJ, en inglés).

Fue galardonado por el trabajo que viene realizando desde hace dos décadas en la ciudad de Pedro Juan Caballero, en la frontera con Brasil, la que tiene los mayores niveles de homicidios en todo el país por las acciones del narcotráfico.

"Este premio es muy importante porque me hace sentir de que no estoy solo", dijo el profesional en una entrevista con Efe en la víspera de que reciba el premio, junto con otros profesionales de Siria, Etiopía y Malasia.

"Yo estoy en el interior de Paraguay, donde existe el crimen perfecto", agregó Figueredo, corresponsal desde hace 21 años del diario ABC Color, que destacó por su lucha contra la dictadura de Alfredo Stroessner (1954-1989).

Al concederle el premio, el CPJ, con sede en Nueva York, destacó la labor de Figueredo para denunciar las acciones de los cárteles de la droga en la región fronteriza entre Paraguay y Brasil, en medio de los desafíos de seguridad a los que tiene que hacer frente.

Ya son más de veinte años que Figueredo se moviliza con custodia policial, integrada actualmente por 7 agentes. "En mi ciudad estoy preso. Yo no puedo caminar por la calle", sostiene el profesional.

Sin embargo, reconoce que, si se empeñan, los narcotraficantes pueden matarlo "a la hora que quieran".

El jefe de la oficina regional del diario ABC Color en el departamento de Amambay es el primer paraguayo y el sexto latinoamericano que recibe este premio del CPJ.

Según dice, el galardón permite sacar a la luz la situación que se vive en "uno de los países que tal vez es de los más olvidados del mundo", y valorar el sacrificio de muchos periodistas de esa nación.

Uno de ellos, Pablo Medina, amigo y colega de Figueredo, corresponsal de ABC Color en la ciudad de Curuguaty, fue asesinado junto a su asistente Antonia Almada en octubre de 2014, en un crimen vinculado con las bandas de narcotraficantes.

En Pedro Juan Caballero, donde trabaja Figueredo, se cometen al mes entre 5 y 20 crímenes por acciones del narcotráfico, en la mayoría de los casos por ajustes de cuentas entre bandas rivales.

Es una ciudad en la que, agrega, "la vida de un ser humano vale muy poco".

Tan poco que los mismos periodistas tienen que recurrir a la autocensura. "Tengo temas que nunca he publicado", reconoce Figueredo, pero sostiene que "es el precio que hay que pagar" para poder seguir informando.

El fenómeno del narcotráfico no es nuevo en Paraguay. Es una de las principales rutas del trasiego de cocaína en Sudamérica y además es la primera nación productora de marihuana en la región.

En los tiempos de Stroessner, recuerda Figueredo, los periodistas se arriesgaban atacando las acciones de la dictadura, pero ahora están enfocados en las acciones de los narcos y la corrupción asociada, "un problema que está carcomiendo a la sociedad".

"Al tocar estos temas descubrimos una relación cercana de los narcotraficantes con el poder político, y eso nos asusta", agrega. "Nuestras denuncias no tienen eco -añade-, y los narcotraficantes poderosos se ríen, son impunes".

Después de dos décadas luchando con estos desafíos, Figueredo siente que el premio que recibe este martes le aporta energías para seguir trabajando en Pedro Juan Caballero, y también "cierto blindaje" porque, agrega, "los narcotraficantes no son tontos".

Aun así, desde que se anunció el premio ha recibido dos amenazas de muerte telefónicas, en ambos casos con un único mensaje: "Son llamadas cortas (...), diciendo que mis días están contados, y luego cortan".

Según el periodista, es "casi normal" que reciba periódicamente llamadas de este tipo. "Uno va acostumbrándose", añade.

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