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Los puertorriqueños suman a sus penurias tras María la falta de efectivo

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Los puertorriqueños suman a sus penurias tras María la falta de efectivo

Los puertorriqueños suman a sus penurias tras María la falta de efectivo

Los puertorriqueños, que antes del paso del huracán María sufrían una profunda crisis, suman ahora a todo el daño provocado por el ciclón en las infraestructuras los problemas para hacerse con efectivo, la única forma de comprar en comercios en la isla estos días.

Largas colas de personas se agolpaban hoy ante los cajeros y oficinas bancarias que abrieron sus puertas en San Juan en busca del ansiado "cash", la forma utilizada en Puerto Rico para denominar el efectivo, que tras casi diez días del paso del huracán María es todavía la única forma de pago aceptada.

En las principales calles de la capital, las sucursales de las entidades financieras son centro de peregrinación obligado para obtener el dinero en efectivo para quien quiera adquirir comida, combustible o la escasa agua que se encuentra en los estantes de los supermercados.

"Solo aceptamos 'cash" es la frase repetida en los comercios y supermercados, que ante el colapso del sistema eléctrico -solo un 5 % de los abonados de la Autoridad de la Energía Eléctrica han recuperado el servicio- mantienen inoperante los sistemas electrónicos de pago, lo que ha dejado a muchos puertorriqueños en precario.

Las "filas", kilométricas en el caso de las estaciones de gasolina, son la nota habitual en los supermercados y ahora ante los bancos, que a duras penas van, con lentitud, recuperando la ansiada normalidad.

Rubén Rivera, un empleado de mantenimiento de un edificio de "Ocean Park, el área playera de San Juan, dijo a Efe que llevaba dos horas ante una sucursal de su banco porque le quedaban en el bolsillo diez dólares y nadie en la ciudad acepta otro medio de pago que no sean los billetes en mano.

"No me queda otro remedio que estar aquí para sacar dinero del cajero", señaló Rivera, a quien le esperan otras largas colas en el supermercado y armarse de paciencia si lo que quiere es llenar el tanque de su automóvil, una tarea que se ha convertido en toda una prueba para unos puertorriqueños que han sufrido una caída drástica en sus condiciones de vida a causa del huracán.

La imposibilidad de pagar con tarjeta es un gran hándicap para el ciudadano de a pie pues en Puerto Rico se había convertido en el método habitual para la mayoría de las transacciones cotidianas.

El gobernador de Puerto Rico, Ricardo Rosselló, dijo hoy que abrieron 90 oficinas bancarias en Puerto Rico y que el dinero en efectivo está asegurado en los cajeros para mantener la actividad económica.

"Reconocemos que es una situación de emergencia", dijo sobre el colapso del sistema electrónico de pagos consecuencia de la práctica ausencia de energía eléctrica en la isla.

La inoperancia de los sistemas de pago electrónicos es solo uno de los problemas que pesan sobre los hombros del puertorriqueño de a pie, que sigue sin luz, agua para solo cerca del 50 % de la población y con las comunicaciones telefónicas avanzando muy lentamente.

La gente está obligada durante las noches a recurrir a las velas y las linternas en los vecindarios de las principales ciudades, que a partir de las 19.00 hora local quedan sumidos en una oscuridad absoluta.

La situación es todavía peor en las montañas y el interior, donde la ayuda llega de forma puntual y que cuando llegó el huracán María en muchas ocasiones ni siquiera habían recuperado la luz que habían perdido antes con el ciclón Irma.

Los datos oficiales señalan que a día de hoy el 50 % de los abonados de la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados tiene servicio de agua potable, mientras que el 30,5 % de las telecomunicaciones han sido restauradas en Puerto Rico.

Hay repartidos en la isla cerca de 11.000 refugiados y 4.600 militares llegados desde EEUU trabajan en la recuperación sobre el terreno.

Además, se abrió un centro de transportistas de carga de mercancía en la estación de Sagrado Corazón del Tren Urbano de la capital.

Un total de 36 hospitales están abiertos y el Aeropuerto Internacional Luis Muñoz Marín opera a un 30 % de su capacidad.

El director Ejecutivo de Aerostar -compañía que gestiona el aeródromo-, Agustín Arellano, indicó que el jueves pernoctaron en las instalaciones 160 personas.

Desde el aeropuerto de San Juan salieron el jueves 5.000 pasajeros y hoy se espera que hoy lo abandonen 30 vuelos.

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