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El pulso entre los porteros, la crisis y el tiempo

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El pulso entre los porteros, la crisis y el tiempo

El pulso entre los porteros, la crisis y el tiempo

"Si me lo ofrecieran otra vez, volvería a serlo, no me ha ido mal", confiesa Félix Fernández, portero profesional, que, a diferencia de Iker Casillas, no defiende el arco del fondo sur del Bernabéu, sino el de entrada a su edificio en la madrileña calle Doctor Esquerdo, donde lleva "jugando" 20 años.

Difícil es encontrar hoy un portero como él, con vivienda en el propio inmueble, lo que se debe a que, con el paso del tiempo, los conserjes les han comido el terreno -por designios de la economía- a los porteros, que se han convertido así en una especie en extinción.

Fernández es buen sabedor de que es uno de los últimos ejemplares de su clase, tanto en Madrid como en España, y explica a Efe uno de los principales motivos de esta situación mientras limpia cuidadosamente la puerta de entrada de su edificio.

"La gente piensa que mantener la portería es un gasto adicional y por ello se contrata a un conserje que, como no disfruta de la vivienda, resulta más económico", lamenta Fernández, quien sin embargo califica los gastos que puede tener un portero como "nada exagerados".

Ya de pie tras dejar reluciente la puerta, aprovecha para resaltar una de las virtudes que justifica la existencia de porteros sobre conserjes: "La gran ventaja de tener portero es que si a alguien le pasa algo a cualquier hora del día o la noche, te pueden llamar", suscribe el veterano trabajador.

La propensión de las comunidades de vecinos a apostar por los conserjes la refrenda José Luis Carralero, presidente de la asociación de Empleados de Fincas Urbanas de La Comunidad de Madrid (Aefucom), quien también confirma una tendencia sorprendente.

"Actualmente estamos desbordados, mucha gente nos envía sus currículums en busca de trabajo", confiesa Carralero, quien señala que ser portero se están convirtiendo en "una salida laboral a la crisis".

Al comentárselo, Fernández recuerda sus inicios -hace 33 años-, cuando, como él mismo apostilla, "nadie quería ser portero", por lo que le sorprende confirmar que ahora, y como consecuencia de la crisis, "muchos se pegan por ello".

Precisamente Juan Carlos Rivera lleva ocho años trabajando como conserje en Madrid y reconoce que "sería fantástico" poder ser portero de una finca "algún día".

El principal motivo de este sueño es que la vivienda va incluida en el sueldo y así Rivera podría ahorrarse parte del gasto que supone un alquiler en tiempos de crisis.

"Con lo que se cobra la cosa va muy al límite últimamente", reconoce el conserje, quien después de formarse en Honduras -su país- como ingeniero forestal, prefiere que su hijo pequeño coja el camino universitario en lugar de dedicarse a presidir un portal, una labor que a pesar de todo considera "muy bonita".

"A veces, si tienes problemas llegas hasta a contárselos a tus vecinos y ellos hacen lo mismo contigo, se crea una especie de amistad que está muy bien", relata Rivera, quien también se ha sentido "muy valorado" en todos los portales donde ha trabajado.

Fernández coincide con Rivera, aunque señala que la valoración del trabajo del portero depende en parte de cómo les vaya la vida a los vecinos: "Si a la gente le va bien, es agradecido; si le va mal, tienes la culpa de todo".

Pero de las críticas nadie se libra, y si no que se lo pregunten al propio Iker Casillas, quien no ha podido evitar recibir silbidos de su particular "vecindario" en el feudo merengue de Concha Espina.

A Casillas y a Fernández les diferencian muchas cosas, pero comparten una, el apelativo: los dos son porteros. Es cierto que el segundo tiene más experiencia que el primero y éste, por su parte, más títulos en sus vitrinas y más dinero en la cuenta corriente.

Sin embargo, hay un aspecto en el que Casillas no puede hacer nada contra Fernández y es que el portero (de finca) sonríe orgulloso al explicar que, en 33 años de trabajo, sólo ha faltado una tarde al trabajo "y porque estaba enfermo", y el presidente -no Florentino Pérez, sino el de la comunidad- le obligó a quedarse en la portería para recuperarse.

Enrique Delgado Sanz

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