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Los refugiados ponen a prueba el liderazgo de Merkel en Alemania y en Europa

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Los refugiados ponen a prueba el liderazgo de Merkel en Alemania y en Europa

Los refugiados ponen a prueba el liderazgo de Merkel en Alemania y en Europa

La canciller alemana, Angela Merkel, ha consolidado a Alemania como la potencia que impone su parecer político y económico en Europa, aunque la crisis de los refugiados pone a prueba su liderazgo tanto en Bruselas como a nivel interno cuando cumple hoy una década en el poder.

"La canciller tiene la situación controlada", aseguró Merkel recientemente en la segunda entrevista concedida a la televisión pública en pocas semanas ante la creciente presión.

Alemania espera recibir a más de un millón de solicitantes de asilo este año y ella asume que se enfrenta a "una prueba de fuego histórica", que marcará su mandato y al conjunto del país.

Por quinto año consecutivo en cabeza de la lista de Forbes de las cien mujeres más poderosas del mundo, Merkel ha fallado esta vez al intentar crear en la UE un mecanismos de reparto de refugiados y debe todavía espera frutos de la cooperación turca.

La incesante llegada de refugiados ha golpeado a un país que había disfrutado una década de cierta autocomplacencia mientras varios de sus socios europeos se ahogaban en la crisis, con Merkel al frente de un gobierno que exigía al resto la austeridad y las reformas que Alemania ya había aplicado.

La crisis puede empañar el balance de una líder que el 22 de noviembre de 2005 se convirtió en la primera mujer investida canciller del país tras ganar por la mínima a los socialdemócratas, con quienes formó su primer gobierno de gran coalición.

Con esa alianza afrontó la crisis financiera internacional, aprobó el mayor programa de rescate financiero desde la II Guerra Mundial para salvar a la banca nacional y dio luz verde a un plan de estímulos que reactivó la economía.

La Merkel austera renació en su segunda legislatura, tras arrollar en las elecciones de 2009 al Partido Socialdemócrata (SPD), que obtuvo el peor resultado de su historia, y recuperar con los liberales el esquema tradicional alemán de alianza entre socios naturales.

La canciller reactivó el eje franco-alemán en defensa de la ortodoxia económica y, con el presidente Nicolas Sarkozy como principal aliado, se convirtió en defensora acérrima del Pacto de Estabilidad, mientras impulsaba los mecanismos de estabilidad financiera a nivel comunitario para evitar el riesgo de contagio.

En el país esa legislatura se recordará también por el giro radical a la política energética tras la catástrofe de Fukushima, en 2011, cuando Merkel impulsó el apagón nuclear en Alemania para 2022.

El plan en realidad ya había sido aprobado por su antecesor, Gerhard Schröder, pero ella lo había revocado con los liberales como socios.

En las siguientes elecciones, en 2013, los liberales quedaron fuera del parlamento, dejando patente de nuevo la capacidad de Merkel de fagotizar a sus aliados en el gobierno, y la canciller, a solo cinco escaños de la mayoría absoluta, volvió a hacer gala de su pragmatismo para formar una nueva gran coalición con el SPD y garantizar la estabilidad de la legislatura.

El rescate griego bajo estrictas exigencias de reformas y ajustes se convirtió en su caballo de batalla en el exterior, mientras que en el interior Merkel arrastraba hacia el centro a su partido, la Unión Cristianodemócrata (CDU).

Los alemanes han visto aprobarse en dos años las principales propuestas electorales del SPD, como el salario mínimo interprofesional o la rebaja de la edad de jubilación a determinados colectivos, y la han escuchado defender esas iniciativas con la misma convicción con las que las rebatió en campaña.

Mientras los analistas intentan descifrar el enigma de una mujer capaz de contradecirse sin cambiar de tono ni perder popularidad en las encuestas, sus defensores elogian su capacidad de adaptación, una cintura política que, por ejemplo, le permitió mantener la cooperación con EEUU mientras denunciaba la actividad de sus servicios de espionaje, que llegaron a pinchar su móvil.

Un pragmatismo que le permite exigir a Volkswagen total transparencia para aclarar el escándalo de los motores trucados y pedir al mismo tiempo prudencia para no desprestigiar al sector del automóvil, uno de los pilares de la industria nacional.

Entre sus detractores, sin embargo, se encuentran cada vez más miembros de las filas conservadoras, una derecha que se rebeló en el Parlamento al votar contra el último rescate a Grecia y que denuncia ahora la política aperturista de Merkel hacia los refugiados.

Se trata de la crisis más grave de sus diez años de gobierno y por primera vez parece comenzar a erosionar la valoración de la canciller en las encuestas, aunque el daño sigue siendo relativo.

Según los últimos sondeos, si se celebraran ahora elecciones los conservadores, liderados por Merkel, conseguirían entre un 36 y un 39 % de los votos, lo que pese a la caída respecto a 2013 sigue siendo entre 11 y 13 puntos más que los socialdemócratas.

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