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Los serbios de Kosovo, atrapados en el "juego" entre Pristina y Belgrado

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Los serbios de Kosovo, atrapados en el "juego" entre Pristina y Belgrado

Los serbios de Kosovo, atrapados en el "juego" entre Pristina y Belgrado

Mitrovica es una ciudad dividida: si en el sector sur de la ciudad abundan las banderas de Albania, en el norte destacan los colores de Serbia y hasta Rusia. Pocas se ven del país donde está: la República de Kosovo, creado de facto en 2008 cuando el territorio de independizó de Serbia.

Cuando los vecinos del norte de Mitrovica se refieren a la esperada visita del "primer ministro", el periodista extranjero tiene que preguntar: ¿Se trata de Isa Mustafa, jefe del Gobierno de Kosovo, en cuyo norte viven; o de Aleksandar Vucic, de Serbia, el país al que quisieran pertenecer?

Efectivamente, se trata de Vucic.

Una anécdota que ejemplifica por qué Mitrovica es una ciudad diferente.

"Ni Pristina, ni Belgrado, ni Bruselas entienden los problemas del norte de Kosovo" resume Tatjana Lazarevic, que trabajó hace años en la oficina de prensa en Mitrovica de la Misión de la ONU para Kosovo (Unmik) y ahora dirige KoSSev, un portal informativo.

En el norte de Mitrovica viven unos 22.000 serbios, una quinta parte del total de esta minoría en Kosovo. Al sur, son unos 70.000 albaneses, la etnia mayoritaria en el país.

Entre medio, el río Ibar, con un puente que simboliza la tensión y la división y que está custodiado por carabineros italianos de las fuerzas que la OTAN aún tiene el país.

Lazarevic y otros representantes de la sociedad civil atienden a un grupo de periodistas extranjeros en un centro cultural de la Unión Europea en el sector serbio de Mitrovica, del que parten iniciativas de todo tipo, desde un festival internacional de jazz a una asociación de ayuda a mujeres maltratadas.

Los serbios del norte de Kosovo aseguran sentirse abandonados e incomprendidos en la disputa entre Pristina y Belgrado e incluso de no entender el acuerdo alcanzado en 2013 entre las dos partes, presionadas por Bruselas, para normalizar sus relaciones.

Ese acuerdo incluye crear una asociación de municipios que dé cierta autonomía a los serbokosovares, aunque sus principales afectados no saben aún qué supondrá eso para sus vidas.

"La gente se siente humillada, como una pelota de tenis entre Belgrado y Pristina", describe Lazarevic.

Entre los serbios de Mitrovica existe el temor de que ese acuerdo, del que dicen nadie les ha explicado nada, suponga la ruptura definitiva con Serbia y sus sustitución por algo peor que lo que tienen ahora.

El Estado serbio sigue muy presente en las zonas de Kosovo habitadas por serbios y sigue siendo el principal empleador.

Paga los salarios de los profesores que enseñan en colegios y en la Universidad de Mitrovica, que siguen el sistema serbio; de los trabajadores de las oficinas del servicio de correos serbio y de otras instituciones.

La sensación, al menos entre los sectores más críticos de la sociedad serbokosovar, es que la UE ha impuesto un acuerdo y que ni Serbia ni Kosovo se preocupan por ellos.

La creación de esa asociación de municipios ha desatado una crisis política en Kosovo.

La oposición nacionalista acusa al Gobierno de perjudicar al país con un acuerdo que dicen supondrá crear una república serbia dentro del país, una especia de Estado dentro del Estado que amenazará la soberanía del país.

Para denunciarlo, llevan meses convocando manifestaciones, la última el viernes, durante la que hubo choques con la Policía, y tratando de bloquear el trabajo del Parlamento interrumpiendo sus sesiones mediante el lanzamiento de gases lacrimógenos.

Al mismo tiempo, se extiende la sensación de que la UE cada vez tiene menos interés en la zona, pese a que es el principal inversor en Kosovo (con unos 70 millones de euros al años en proyectos de agricultura, justicia o de desarrollo económico), especialmente desde que Bruselas está tan concentrada en la crisis de refugiados.

Y mientras el limbo legal continúa, los jóvenes siguen soñando con marcharse. Muchos serbios del norte se marcharon ya durante y después del conflicto de la década de 1990 entre la guerrilla albanokosovar y las fuerzas serbias.

Más se marcharon cuando Kosovo se independizó unilateralmente de Serbia en 2008, un acto que Belgrado sigue sin reconocer.

Ahora, las encuestas hablan de que el 64 por ciento de los jóvenes de Mitrovica planean irse.

Pese a que en la ciudad hay una universidad, cuyos títulos reconoce Serbia pero no Kosovo, quienes pueden se van a estudiar a Belgrado o, si tienen la suerte de lograr una beca, al extranjero.

"Las opciones de encontrar un trabajo aquí son muy, muy bajas. Estamos atascados aquí", denuncia Danijela Marjanovic, que trabaja en la oficia creada para administrar un fondo económico que acompaña al acuerdo entre Pristina y Bruselas.

El desempleo en el norte de Kosovo llega al 40 por ciento y la gente joven no tiene oportunidad de trabajar, cuenta Marjanovic.

Antonio Sánchez Solís

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