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Una terrorista neonazi alemana se desmarca de los asesinatos de inmigrantes

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Una terrorista neonazi alemana se desmarca de los asesinatos de inmigrantes

Una terrorista neonazi alemana se desmarca de los asesinatos de inmigrantes

La presunta terrorista neonazi alemana Beate Zschäpe rompió hoy dos años y medio de silencio y aseguró en el juicio que se celebra en su contra que no perteneció al grupo "Clandestinidad Nacionalsocialista" (NSU) y no tuvo que ver con los diez asesinatos -entre ellos, nueve inmigrantes- que cometió.

Decenas de cámaras de televisión y fotógrafos acudieron hoy a la Audiencia Territorial de Múnich para captar la imagen de Zschäpe antes de que su abogado, ya fuera de los focos, leyera su primera declaración desde que en mayo de 2013 comenzara el proceso.

La mujer, de 40 años y presunta única superviviente del NSU, está acusada por la fiscalía de pertenecer a un grupo terrorista que asesinó a nueve inmigrantes y a una agente de policía entre 2000 y 2007 impulsados por el odio racista y la ideología nacionalsocialista.

"Pido sinceras disculpas a todas las víctimas y a sus familiares por los delitos cometidos por (Uwe) Mundlos y (Uwe) Böhnhardt", manifestó en referencia a los dos hombres que componían también el grupo y que se suicidaron en noviembre de 2011, acosados por la policía tras atracar un banco.

Sólo su muerte llevó a descubrir la existencia del NSU, ya que hasta entonces los asesinatos de los inmigrantes se habían atribuido a ajustes de cuentas entre extranjeros.

Fue "un vergonzoso fracaso" de las fuerzas de seguridad alemanas, según puso de manifiesto una comisión de investigación creada para intentar aclarar cómo el grupo podía haberse movido con total impunidad durante años cometiendo diez asesinatos, dos atentados con bomba y atracos en diferentes partes del país.

En su declaración, de más de cincuenta páginas, Zschäpe aseguró que nunca perteneció al NSU, pero reconoció que se siente "moralmente responsable" por no haber podido evitar los asesinatos que cometieron sus amigos, con los que convivió en la clandestinidad.

Según explicó, Uwe Böhnhardt y Uwe Mundlos sólo le informaban a posteriori de su acciones y, aunque ella no las compartía, se sentía incapaz de denunciarlos o de abandonarlos por su dependencia emocional, ya que, dijo, eran como su familia.

Zschäpe narró su infancia en la antigua República Democrática de Alemania (RDA), en una familia desestructurada y con una madre alcohólica, y sus primeros contactos con los círculos ultraderechistas en los que conoció a Mundlos y a Böhnhardt, con quienes mantuvo sendas relaciones sentimentales.

Los tres pasaron a la clandestinidad cuando la policía descubrió un garaje que había alquilado Zschäpe y en la que habían ocultado propaganda neonazi y explosivos.

Según explicó, sus dos compañeros comenzaron con los atracos ante su falta de dinero para subsistir, pero ella nunca participó.

Aseguró que del primer asesinato, el del vendedor de flores turco Enver Simsek en el año 2000, se enteró tres meses después, y cuando dijo a sus amigos que acudiría a la policía, ellos amenazaron con suicidarse.

Zschäpe insistió en que nunca tuvo conocimiento previo de que iban a matar a alguien y recalcó que, aunque era consciente de que vivía con dos personas para los que la vida humana no tenía ningún valor, no podía dejarlos porque los necesitaba.

La última víctima mortal del NSU, en abril de 2007, fue la policía Michèle Kiesewetter; Böhnhardt y Mundlos le explicaron que la dispararon cuando estaba junto a otro agente, que sobrevivió al ataque, porque necesitaban hacerse con sus armas.

La acusada afirmó que se enteró de la muerte de sus compañeros, en 2011, por los medios de comunicación y que entonces ella cumplió con la promesa que les había hecho y quemó la casa en la que vivían para destruir posibles pruebas.

Cuatro días después se entregó a la policía, mientras estallaba el escándalo en torno ese trío de neonazis, cuya existencia había escapado a la policía y servicios secretos, que no relacionaron los asesinatos de inmigrantes entre sí a pesar de que todos habían sido cometidos con la misma pistola.

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