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Se cumple un año de la tragedia de Ceuta,que cuestionó la política migratoria

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Se cumple un año de la tragedia de Ceuta, que cuestionó la política migratoria

Se cumple un año de la tragedia de Ceuta, que cuestionó la política migratoria

Hace un año quince subsaharianos perdieron la vida al intentar alcanzar la costa de Ceuta, un suceso que cuestionó la política migratoria y la actuación de la Guardia Civil hasta el punto de que el Gobierno se ha propuesto legalizar las llamadas "devoluciones en caliente".

Todo en un año en el que lejos de disminuir la presión migratoria no ha cesado la llegada de inmigrantes, especialmente a Melilla, donde se han vivido continuos intentos de salto a la valla, muchos masivos y con éxito.

Mientras que en 2014 se ha estancado la entrada de inmigrantes a Ceuta -llegaron a nado unos 250, la mitad que el año anterior, y más de medio centenar por tierra-, la situación de Melilla es más preocupante.

Según cifras a las que ha accedido Efe, en 2014 entraron a esta última ciudad por su vallado alrededor de 2.300 inmigrantes, más del doble que un año antes.

Un fenómeno que parecía olvidado tras la llamada "crisis de la valla" de 2005 y que volvió al debate político, incluso fuera de nuestras fronteras, a raíz de lo sucedido el 6 de febrero de 2014: la tragedia del Tarajal de Ceuta.

A las 7.30 horas de ese día, un grupo de inmigrantes que había intentado sin éxito superar la frontera por tierra se dirige a la playa ceutí por un espigón que se adentra en el mar como extensión al paso que separa Marruecos de España.

Un grupo llegó a la orilla española incluso ayudado por los agentes, mientras que otros inmigrantes corrieron la peor de las suertes y se ahogaron en el intento. Al menos nueve cadáveres volvían a la costa marroquí; el resto eran recuperados días después.

Quince muertes y varios interrogantes: ¿empleó material antidisturbios la Guardia Civil como inmediatamente denunciaron varias ONG a través de vídeos? ¿El uso de pelotas de goma había provocado que los inmigrantes se ahogaran?

Durante días las respuestas fueron contradictorias, aunque una semana después del suceso el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, zanjó con el relato definitivo: los agentes usaron medios antidisturbios desde tierra y mar -pelotas de goma, botes de humo y cartuchos de fogueo-, pero de forma "proporcionada", los "estrictamente imprescindibles" y con carácter "disuasorio".

Los inmigrantes perecieron ahogados en territorio marroquí, aseveró Fernández Díaz, que reveló que las autopsias no determinaron ningún signo de violencia derivada de ese uso.

Mes y medio después, el número dos de Interior, Francisco Martínez, ofrecía más explicaciones en el Congreso y exhibía imágenes y los audios de las comunicaciones entre los agentes del instituto armado que trabajaban esa mañana.

El cansancio, la entrada en el mar a la carrera, los nervios y, sobre todo, que muchos inmigrantes no sabían nadar estuvieron detrás de la tragedia, dijo entones Martínez al detallar que ese día y a ese hora la profundidad del agua era de más de dos metros cuando otras veces, con marea baja, se puede caminar durante metros incluso por el espigón sin que el agua cubra.

Argumentos que no convencieron a la oposición, que pidió la dimisión del director general del cuerpo, Arsenio Fernández de Mesa, mientras que para la Asociación Unificada de Guardias Civiles (AUGC) la tragedia se habría evitado con un mínimo de 100 efectivos más.

Y aunque la crisis no supuso un antes y un después en la forma de controlar las vallas, en este tiempo se han tomado medidas y España se ha afanado, con Fernández Díaz a la cabeza, en que la UE se implicara en el problema de la inmigración irregular.

Desde Bruselas llegaron diez millones de euros para hacer frente a la situación, pero también las mayores críticas a la Guardia Civil protagonizadas por la excomisaria de Interior Cecilia Malsmtröm, con quien Fernández Díaz se llegó a intercambiar varias misivas.

Entre las medidas adoptadas, se decidió ampliar la longitud del espigón, reformar el puesto del Tarajal, instalar una malla "antitrepa" para dificultar el salto o reforzar en varias ocasiones la plantilla de agentes en ambas ciudades.

Pero la más polémica de las iniciativas se conoció en octubre al proponer el PP legalizar las llamadas "devoluciones en caliente" de inmigrantes cuando estén intentando traspasar las vallas.

Según el ministro, la medida, aún no aprobada, dará cobertura jurídica al "rechazo en frontera" de quienes intenten alcanzar España, se queden en el entrevallado y no consuman su entrada porque, tal y como ha insistido, "hasta que no se atraviesan todas las vallas no se está en España".

La propuesta es rechazada desde instituciones europeas. El Consejo de Europa la ve ilegal y considera que plasmarla en ley pondría en riesgo el sistema de protección de asilo.

Mientras, los agentes que trabajan en Ceuta y Melilla viven con preocupación que se repita un nueva tragedia y que se mire "con lupa" un trabajo complicado que no puede ser permanentemente cuestionado.

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